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Evangelio del día y comentario – 9 de mayo de 2019

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Jn 6, 44-51: Yo soy el pan vivo

Jorge Preca (1962) Primera lectura: Hch 8, 26-40 Siguió su viaje lleno de alegría Salmo responsorial: Sal 65, 8-9. 16-17. 20

En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos: Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré el último día. 45Los profetas han escrito que todos serán discípulos de Dios. Quien escucha al Padre y aprende vendrá a mí. 46No es que alguien haya visto al Padre, sino el que está junto al Padre, ese ha visto al Padre. 47Les aseguro que quien cree tiene vida eterna. 48Yo soy el pan de la vida. 49Sus padres comieron el maná en el desierto y murieron. 50Este es el pan que baja del cielo, para que quien coma de él no muera. 51Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Quien coma de este pan vivirá siempre. El pan que yo doy para la vida del mundo es mi carne.

Comentario

Con su propio testimonio, Jesús renueva la comprensión de la alianza con Dios. Descubrir a Jesús como pan de la vida significa que Él nos nutre a lo largo del peregrinar hacia la libertad, la justicia y la misericordia, como lo hizo Dios con su pueblo; y la relación que establecemos con Él fortalece los caminos de desierto, crisis y fracasos, experimentando cómo el mismo Dios se comunica en cada uno para hacernos vivir y revitalizar la resiliencia y la esperanza discipular y eclesial. Las consecuencias eclesiales que se desprenden de este discurso leído hoy pasan por: (1) volver a Jesús y recuperar el contacto con Él, encarnando su palabra y mensaje; (2) cuidar nuestra capacidad de construir relaciones trascendentes que nos afirmen y autodeterminen como sujetos verdaderamente humanos, descubriendo y sembrando humanidad en los otros; (3) dejarnos capacitar por sensibilidad y la creatividad del Espíritu para superar las doctrinas y formas caducas de plantear la vida cristiana. Nuestras actitudes, modos de ver, pensar y sentir la vida y las relaciones ¿alimentan nuestra fe en el Señor?