Publicado el

Evangelio del día y comentario –8 de julio de 2019

Borrador automático

Mt 9, 18-26: Mi hija acaba de morir

Procopio, mártir (303) Primera lectura: Gn 28, 10-22a Vio que ángeles subían y bajaban Salmo responsorial: Sal 90, 1-2. 3-4. 14-15b

En aquel tiempo, mientras Jesús les explicaba, se le acercó un jefe, se postró ante él y le dijo: Mi hija acaba de morir. Pero ven a imponerle tu mano y ella recobrará la vida. 19Jesús se levantó y le siguió con sus discípulos. 20Entre tanto, una mujer que llevaba doce años padeciendo hemorragias, se le acercó por detrás y le tocó el borde de su manto. 21Pues se decía: Con solo tocar su manto, quedaré sana. 22Jesús se volvió y al verla dijo: ¡Ten confianza, hija! Tu fe te ha sanado. Al instante la mujer quedó sana. 23Jesús entró en casa del jefe y al ver a los flautistas y el barullo de gente, 24dijo: Retírense; la muchacha no está muerta, sino dormida. Se reían de él. 25Pero, cuando echaron a la gente, él entró, la tomó de la mano y la muchacha se levantó. 26El hecho se divulgó por toda la región.

Comentario

Mateo reúne dos acciones proféticas de Jesús en defensa de las mujeres. Jesús aparece como un artista en derribar muros culturales y religiosos inventados por hombres para excluir y discriminar a las mujeres. Pero apreciamos la capacidad de resistencia y de organización de las mujeres para defender la vida derribando muros como la mujer que sufre hemorragias. Esto la hace impura e incapaz de tocar a nadie porque esa persona corre el peligro de ser contaminada. Esta mujer supera la norma injusta y se acerca a Jesús, quién suprime toda impureza impuesta y nos libera de la impureza de la exclusión de los oprimidos. Cuando la cultura y el poder político inventan muros, la tragedia que provocan es grande, pero si la religión, como en este caso, bendice esos muros, el desastre provocado es mayor. Jesús derriba estos muros. El texto nos anima a acompañar los movimientos de las mujeres de nuestras comunidades defensoras de su dignidad.