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Evangelio y comentario – 7 de mayo de 2019

Jn 6, 30-35: Mi Padre es quien da el verdadero pan.

María de San José (1967) Primera lectura: Hch 7, 51‒ 8, 1a Señor Jesús, recibe mi espíritu Salmo responsorial: Sal 30, 3cd-4. 6ab.7b.8a. 17 .21ab

En aquel tiempo la gente preguntó a Jesús: ¿Qué señal haces para que veamos y creamos? ¿En qué trabajas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo. Les respondió Jesús: Les aseguro, no fue Moisés quien les dio pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. El pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo. Le dijeron: Señor, danos siempre de ese pan. Jesús les contestó: Yo soy el pan de la vida: el que viene a mí no pasará hambre, el que cree en mí no pasará nunca sed.

Comentario

Jesús, con la fórmula “Yo soy”, identifica su quehacer liberador con el pan de la vida. Él es la norma para el creyente, y no las “creencias” y “prácticas” que falsean la auténtica identidad, misión y destino. Desde esta clave, el Evangelio revela una hondura significativa que aún estamos por descubrir. El reproche que las primitivas comunidades cristianas ponen en boca de Jesús posee una finalidad existencial ineludible: despertarnos de nuestros engaños y de nuestra propia imposibilidad de abrirnos a la plenitud de lo que somos y a la vocación a la que estamos llamados. Este es el querer de Dios: que descubramos lo que somos; tarea que se expresa en el reconocimiento y en la encarnación en nuestra vida, de la persona del Evangelio. Si el Yo soy en el evangelio de Juan es la manifestación suprema de la conciencia, acción y responsabilidad de lo que era Jesús, nosotros debemos descubrir lo profundamente humanos que podemos ser, al igual que Jesús. ¿Caemos en la cuenta las veces que falseamos, personal y comunitariamente, la identidad del Maestro y la nuestra?