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Evangelio del día y comentario –4 de julio de 2019

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Mt 9, 1-8: La multitud alababa a Dios

Isabel de Portugal (1336) Primera lectura: Gn 22, 1b-19 El sacrificio de Abrahán Salmo responsorial: Sal 114, 1-6. 8-9

En aquel tiempo Jesús subió a una barca, cruzó a la otra orilla y llegó a su ciudad. 2 Le trajeron un paralítico tendido en una camilla. Al ver Jesús la fe que tenían, dijo al paralítico: ¡Ánimo, hijo! Tus pecados te son perdonados. 3 Entonces algunos letrados pensaron: Este blasfema. 4 Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: ¿Por qué piensan mal? 5 ¿Qué es más fácil, decir: se te perdonan tus pecados; o decir: levántate y camina? 6 Pues, para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados, dirigiéndose al paralítico, le dijo: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. 7 Él se levantó y se fue a su casa. 8 La multitud al verlo quedó atemorizada y daba gloria a Dios por haber dado tal autoridad a los hombres.

Comentario

Admiramos en el Evangelio el trabajo en equipo y la solidaridad de los pobres en favor del hermano enfermo. Se trata de una fe compartida con esperanza. Y admiramos también el contraste con la gente de la religión que está atenta para acusar a Jesús por romper las normas, los ritos y las enseñanzas teológicas equivocadas que solo consiguen el desprecio del pueblo considerado impuro y pecador ante el templo. Para Jesús, Dios está en otro lugar. El lugar de Dios es el sufrimiento de sus hijos e hijas. Y el quiere curar parálisis físicas y existenciales. La sanación corporal se convierte en un signo de la sanación profunda del ser human,o liberándolo de las mentiras de la sinagoga que lo esclaviza y lo convierte en pecador. El texto utiliza tres veces la palabra “levantarse”, el mismo verbo que usan los evangelios para anunciar la resurrección de Jesús. El paralítico ha resucitado gracias al poder que tiene Jesús y que da también “a los hombres tal potestad”