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Evangelio del día y comentario –2 de julio de 2019

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Mt 8, 23-27: Increpó a los vientos y al lago

Proceso y Martiniano, mártires (s. I) Primera lectura: Gn 19, 15-29 Hizo llover azufre y fuego Salmo responsorial: Sal 25, 2-3. 9-12

En aquel tiempo, cuando subía Jesús a la barca le siguieron los discípulos. 24De pronto se levantó tal tempestad en el lago que las olas cubrían la embarcación, mientras tanto, él dormía. 25Los discípulos se acercaron y lo despertaron diciendo: ¡Señor, sálvanos, que nos hundimos! 26Él les dice: ¡Qué cobardes y hombres de poca fe son ustedes! Se levantó, increpó a los vientos y al lago, y sobrevino una gran calma. 27Los hombres decían asombrados: ¿Quién es este, que hasta los vientos y el lago le obedecen?

Comentario

Primera lección del seguimiento de Jesús. Primera dificultad que afrontar. Siguiendo a Cristo los discípulos entran en la barca en un mar tumultuoso. El mar, las aguas, son símbolos del caos de la historia humana llena de peligros. En el origen del universo el Espíritu aleteaba sobre las aguas caóticas para engendrar vida. Ahora es la barca del movimiento de Jesús navegando por las aguas turbulentas de la historia para iniciar el nacimiento de la nueva humanidad. Dios parece que está dormido. Es un ausente totalmente presente. Dios duerme y la barca de la Iglesia está en problemas. Es el maremoto con acento escatológico. Todo discípulo de Jesús tiene que entrar en el maremoto de la vida diaria. Hay peligro de tempestad, pero la barca está segura. Dios tiene control de la historia. Jesús está tranquilo y sus palabras son acontecimientos que dan seguridad y confianza. Son palabras que engendran calma en el oleaje de la historia. Eso sí, exige a sus discípulos una fe más recia.