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Evangelio del día y comentario – 16 de mayo de 2019

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Jn 13, 16-20: Quien reciba al que envíe, me recibe a mí

Juan Nepomuceno, mártir (1393) Primera lectura: Hch 13, 13-25 Un salvador para Israel Salmo responsorial: Sal 88, 2-3.21-22.25.27

Cuando Jesús acabó de lavar los pies a sus discípulos, les dijo: Les aseguro que el sirviente no es más que su señor, ni el enviado más que el que lo envía. 17Serán felices si, sabiendo estas cosas, las cumplen. 18No hablo de todos ustedes, porque sé a quiénes he elegido. Pero se ha de cumplir aquello de la Escritura: El que compartía mi pan se levantó contra mí. 19Se lo digo ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, crean que Yo soy. 20Les aseguro: quien reciba al que yo envíe me recibe a mí, y quien me recibe a mí recibe al que me envió.

Comentario

Jesús comprendió su relación con las personas en función del seguimiento, servicio y fidelidad al proyecto del Padre. En este sentido, la misión de sus discípulos y discípulas no era otra que la de anunciar de modo fraterno la cercanía de Dios, el servicio que dona dignidad y el poder que humaniza. Esta es la bienaventuranza por excelencia del evangelio de Juan (13, 17). Hacer lo contrario es traicionar lo esencial del discipulado: la relación de confianza con el Señor. Es desde esta relación donde se establece la autoridad de todo ser humano llamado a vivir según la praxis del Maestro. Su estilo de vida y servicio es patrimonio de todos y es paradigma de humanidad porque nos da a conocer el modo más humano de ser, algo que no solo es posible, vaciándonos de todo poder absoluto, de toda componenda corrupta, o tomando distancia de la maldad y la injusticia, sino que pasa por la recreación de nuestras relaciones y acciones, incluyendo en ellas lo que vivo con aquel que es diferente, como lugar de rehabilitación, reconciliación y humanización. ¿A la luz de qué criterios y motivaciones “encarnas” al maestro de Nazaret?