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Evangelio del día y comentario – 15 de mayo de 2019

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Jn 12, 44-50: Yo he venido al mundo como luz

Isidro Labrador (1130) Primera lectura: Hch 12, 24–13, 5a Apártenme a Bernabé y a Saulo Salmo responsorial: Sal 66, 2-3.5.6.8

En aquel tiempo exclamó Jesús: El que cree en mí, en realidad no cree en mí, sino en aquel que me envió; 45y el que me ve, ve al que me envió. 46Yo soy la luz y he venido al mundo para que quien crea en mí no se quede a oscuras. 47Al que escucha mis palabras y no las cumple yo no lo juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvarlo. 48Quien me desprecia y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he dicho lo juzgará el último día. 49Porque yo no hablé por mi cuenta; el Padre que me envió me encarga lo que debo decir y hablar. 50Y sé que su encargo es vida eterna. Lo que digo lo digo como me lo ha dicho el Padre.

Comentario

San Juan condensa en este epílogo las enseñanzas de Jesús en las que asegura la condición de comunión del creyente en relación con Dios. El Maestro de Nazaret está sintetizando con propiedad el significado de su persona con respecto al Padre y al mundo. Sus vehementes palabras son un canto al Padre; de hecho, Él es la Palabra humanada de Dios. En este sentido, en la medida en que la comunidad deje acontecer a Jesús, también acontece Dios en ella. La tarea es creerle, oírlo, guardar su palabra y dejarse orientar por su luz, que libra de toda desesperanza e intrascendencia de la fe. La salvación que proviene de Dios en su Enviado es un acontecimiento de liberación y humanización integral; es don divino y proceso humano; aunque parezca paradójico. Por tanto, decidirnos por Jesús implica religar la vida evangélica, ética y humanamente. Es indudable que la aceptación de la oferta salvífica tiene consecuencias y genera desafíos sociales, políticos y culturales. ¿Es nuestra vida de seguimiento un grito de justicia, paz y reconciliación interhumana y planetaria?