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Evangelio del día y comentario –14 de julio de 2019

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Lc 10, 25-37: ¿Quién es mi prójimo?

15o Ordinario Francisco Solano (1818) Camilo de Lelis, fundador (1614) Primera lectura: Dt 30, 10-14 El mandamiento está cerca de ti Salmo responsorial: Sal 68, 14. 17. 30-31. 36-37 Segunda lectura: Col 1, 15-20 Todo fue creado por él y para él

En aquel tiempo, un doctor de la ley se levantó y, para ponerlo a prueba, le preguntó: Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna? 26Jesús le contestó: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué es lo que lees? 27Respondió: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con toda tu mente, y al prójimo como a ti mismo. 28Le respondió: Has respondido correctamente: obra así y vivirás. 29Él, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? 30Jesús le contestó: Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó. Tropezó con unos asaltantes que lo desnudaron, lo hirieron y se fueron dejándolo medio muerto. 31Coincidió que bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verlo, pasó de largo. 32Lo mismo un levita, llegó al lugar, lo vio y pasó de largo. 33Un samaritano que iba de camino llegó a donde estaba, lo vio y se compadeció. 34Le echó aceite y vino en las heridas y se las vendó. Después, montándolo en su cabalgadura, lo condujo a una posada y lo cuidó. 35Al día siguiente sacó dos monedas, se las dio al dueño de la posada y le encargó: Cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a la vuelta. 36¿Quién de los tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los asaltantes? 37Contestó: El que lo trató con misericordia. Y Jesús le dijo: Ve y haz tú lo mismo.

Comentario

La primera lectura recuerda la exhortación de Moisés al pueblo para que sea fiel a la alianza pactada. Es parte de la conclusión de la ley del Deuteronomio o segunda alianza que desea reafirmar la cercanía de Dios y su ley dentro del corazón de quienes lo siguen. Es posible que nos encontremos aquí ante el evangelio del Deuteronomio. Si nos acercamos a su palabra, se realizará su voluntad en nosotros. Tener cerca la Palabra es amar a nuestro prójimo como nos lo recuerda hoy el Evangelio.

La Carta a los Colosenses que iniciamos este domingo y nos acompañará los próximos tres presenta la supremacía de Cristo en el orden de la creación natural y en el orden de la recreación sobrenatural, desde el punto de vista de la salvación. Se acentúa la mediación de Cristo pues ni las potencias pueden restablecer la paz entre Dios y los hombres, solo el Hijo de Dios, verdadero Dios, que asumió nuestra naturaleza, verdadero hombre, nos ofrece a través del misterio pascual la alianza nueva y definitiva con nuestro Creador y Padre.

La pregunta profunda del Evangelio es: ¿quién es mi prójimo? Jesús selecciona muy bien a los personajes de esta parábola para hacer notar la enemistad entre los judíos y los samaritanos y así remarcar que lo hecho por el hombre herido traía graves riesgos pues otro judío que pasara por allí podría haber pensado que el samaritano era el agresor. A este hombre no le importó el riesgo, él vio a una persona en necesidad y su corazón se movió a compasión ofreciendo todo lo que estaba a su alcance: su tiempo, su dinero, su persona. No se dejó guiar por lo seguro ni justificar la situación para “pasar de largo” sino que siguió las directrices de su corazón ayudando por su cuenta y riesgo. Con buen ánimo respondió con hechos a la pregunta del fariseo ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna? y comprobó lo dicho por el Deuteronomio: porque el precepto que yo te mando hoy no es cosa que te exceda o sea inalcanzable. El Señor nos invita a no esperar que venga el necesitado, hay que salir a buscarlo, ser prójimo de todos, sin distinción, aun corriendo riesgos. ¿Puedo arriesgar mis seguridades y comprometerme a amar a Dios y al prójimo como lo hizo el buen samaritano?