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Evangelio del día y comentario – 13 de mayo de 2019

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Jn 10, 1-10: Yo soy la puerta de las ovejas

Nuestra Sra. de Fátima Primera lectura: Hch 11, 1-18 Dios le concedió la conversión Salmo responsorial: Sal 41, 2-3; Sal 42, 3. 4

En aquel tiempo dijo Jesús a los fariseos: Les aseguro: el que no entra por la puerta al corral de las ovejas, sino saltando por otra parte, es un ladrón y asaltante. 2 El que entra por la puerta es el pastor del rebaño. 3 El cuidador le abre, las ovejas oyen su voz, él llama a las suyas por su nombre y las saca. 4 Cuando ha sacado a todas las suyas, camina delante de ellas y ellas le siguen; porque reconocen su voz. 5 A un extraño no le siguen, sino que escapan de él, porque no reconocen la voz de los extraños. 6 Esta es la parábola que Jesús les propuso, pero ellos no entendieron a qué se refería. 7 Entonces, les habló otra vez: Les aseguro que yo soy la puerta del rebaño. 8 Todos los que vinieron [antes de mí] eran ladrones y asaltantes; pero las ovejas no los escucharon. 9 Yo soy la puerta: quien entra por mí se salvará; podrá entrar y salir y encontrar pastos. 10El ladrón no viene más que a robar, matar y destrozar. Yo vine para que tengan vida, y la tengan en abundancia.

Comentario

Jesús plantea un enigma a través de símbolos y personajes. El “ladrón y el bandido” violan, emplean artimañas para apoderarse de la intimidad de la persona-comunidad. En cambio, el “guardián” discierne para poder cruzar la puerta; y abrir la puerta, es símbolo de transición: de dejar una actitud y, radicalmente, tomar otra. La cuestión fundamental a la que apunta el relato es la identidad: saber quiénes somos, qué estamos siendo y qué queremos ser. Sin estas preguntas, la vida se desfigura. Por eso los interlocutores no entendían lo que Jesús quería decirles, ya que su planteamiento los cuestionaba en su pretendida identidad. Con la fórmula “Yo soy la puerta y el buen pastor” el Maestro de Nazaret está mostrando su verdadero ser: vive en y desde Dios en la realidad posibilitando, orientando y cuidando la vida en plenitud. El ser humano accede a su morada interior intimando con el Maestro. He aquí el sentido de ser discípulo: sintiendo y encarnando la persona de Jesús. ¿Lo que estamos siendo nos hace felices y hace justicia a lo que decimos y sentimos ser?