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Evangelio del día y comentario –13 de julio de 2019

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Mt 10, 24-33: No tengan miedo

Teresa de los Andes (1920) Primera lectura: Gn 49, 29-32; 50, 15-26a Dios los sacará de esta tierra Salmo responsorial: Sal 104, 1-4. 6-7

En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles: No está el discípulo por encima del maestro ni el sirviente por encima de su señor. 25Al discípulo le basta ser como su maestro y al sirviente como su señor. Si al dueño de casa lo han llamado Belcebú, ¡cuánto más a los miembros de su casa! 26Por tanto no les tengan miedo. No hay nada encubierto que no se descubra, ni escondido que no se divulgue. 27Lo que les digo de noche díganlo en pleno día; lo que escuchen al oído grítenlo desde los techos. 28No teman a los que matan el cuerpo y no pueden matar el alma; teman más bien al que puede arrojar cuerpo y alma en el infierno. 29¿No se venden dos gorriones por unas monedas? Sin embargo ni uno de ellos cae a tierra sin permiso del Padre de ustedes. 30En cuanto a ustedes, hasta los pelos de su cabeza están contados. 31Por tanto, no les tengan miedo, que ustedes valen más que muchos gorriones. 32Al que me reconozca ante los hombres yo lo reconoceré ante mi Padre del cielo. 33Pero el que me niegue ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.

Comentario

Hay un choque frontal entre el proyecto del Reino y algunas estructuras mundiales y personales que hemos inventado y que hacen tanto daño a los inocentes y al planeta herido. Pero está en marcha inserto, en la historia y en los acontecimientos del mundo, el dinamismo de la resurrección. Toda aquella vida de Jesús en Galilea está viva en la historia: resucitar muertos, consolar a los tristes, sentar a la mesa a los marginados, etc. Para Jesús se produce una batalla de modelos de mundo y puede venir la persecución, como somos testigos de tanta sangre derramada desde la sangre de Abel, de tantos mártires latinoamericanos y hoy, desgraciadamente, de tantos mártires ecologistas. Perder la vida, matar el cuerpo, no es la ruina, es un detalle de amor. Jesús reconocerá esas vidas ante su Padre. La vida está asegurada y la semilla de sangre derramada producirá nuevos brotes de vida.