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Evangelio del día y comentario – 12 de mayo de 2019

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Jn 10, 27-30: Doy la vida a mis ovejas

4o de Pascua Domingo de la Calzada (1109) Nereo y Aquileo, mártires (s. I) Primera lectura: Hch 13, 14.43-52 Nos dedicaremos a los gentiles Salmo responsorial: Sal 99, 1b-3. 5 Segunda lectura: Ap 7, 9.14b-17 El Cordero será su pastor

En aquel tiempo dijo Jesús: Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen; 28yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrancará de mi mano. 29Mi Padre que me las ha dado es más que todos y nadie puede arrancar nada de las manos de mi Padre. 30El Padre y yo somos uno.

Comentario

En los Hechos de los Apóstoles, Pablo en Antioquia cristaliza el método que será sustantivo en su trabajo misionero: predicar en el corazón de la comunidad judía (la sinagoga) un Evangelio de la libertad y para la libertad, exento de la “práctica de la circuncisión”. Pablo, despliega, a partir de lo esencial de la Buena Nueva de Jesús, la Alianza de Dios con su Pueblo, haciéndola accesible a los otros pueblos y culturas. Ahora, la respuesta de los oyentes e interlocutores de Pablo no es de adhesión inmediata, y tampoco es unánime. En consecuencia, la persecución empieza a atenazar a los apóstoles. La convicción frente a las tribulaciones y reticencias es fundamental para mantener la fidelidad y asumir las consecuencias inherentes a la tarea de predicar la justicia del Evangelio. Una predicación incondicional garantiza una “siembra en medio de la noche y la tempestad” con la esperanza de seguir “cosechando en la primavera”.

El salmista agradece a Dios porque somos por Él y en Él; y, además, la humanidad toda es su pueblo, que Él guía como un pastor que dona vida y cuida de los suyos. El amor de Dios corrige, pero es incondicional y fiel, siempre está al acecho del restablecimiento de la relación rota por el mal.

En la lectura del Apocalipsis, son los mártires los que muestran la densidad y cualidad de la salvación; salvación que es de Dios y del Cordero, no le pertenece a ningún sistema político o religioso. La tribulación que han vivido los mártires del primer siglo, la siguen viviendo hoy todos aquellos que han decidido construir una humanidad completamente nueva. La opresión permanente de los imperios económicos, políticos, religiosos y culturales tiene lugar porque no se les legitima y participa de sus estructuras de perversión idolátricas. El poder que infunde la esperanza es capacidad para hacer algo, para humanizar; es vida y liberación y es el modo de impedir, por vías pacíficas, el orden establecido de injusticia, muerte cruenta y sistemática.

Por último, en el evangelio, Juan afirma que Jesús es el buen Pastor, porque se opone a la mentira, la corrupción y la violencia de los dirigentes políticos y religiosos de su tiempo; y establece un nuevo modo de relaciones entre Él y sus discípulos. La vida de cualquier ser humano, independientemente de su raza, condición de género, étnica o ideológica que practica el estilo de vida de Jesús, asume el presente histórico como una realidad esperanzadora, en la que es capaz de construir relaciones trascendentes que nos afirmen como sujetos capaces de cultivar y cuidar humanidad. Aceptemos la invitación del papa Francisco: “los invito a que vayan a las periferias, donde hay sufrimiento, sangre derramada, ceguera que desea ver, donde hay cautivos de tantas explotaciones, y sean pastores con olor a oveja, pastores en medio de su rebaño” (cf., papa Francisco, Misa Crismal, 2013).