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Evangelio del día y comentario – 11 de mayo de 2019

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Jn 6, 60-69: Tienes palabras de vida eterna

Frei Galvão (1822) Primera lectura: Hch 9, 31-42 La Iglesia se iba multiplicando Salmo responsorial: Sal 115, 12-17

En aquel tiempo, muchos de los discípulos que lo oyeron comentaban: Este discurso es bien duro: ¿quién podrá escucharlo? 61Jesús, conociendo por dentro que los discípulos murmuraban, les dijo: ¿Esto los escandaliza? 62¿Qué será cuando vean al Hijo del Hombre subir a donde estaba antes? 63El Espíritu es el que da vida, la carne no vale nada. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida. 64Pero hay algunos de ustedes que no creen. Desde el comienzo sabía Jesús quiénes no creían y quién lo iba a traicionar. 65Y añadió: Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede. 66Desde entonces muchos de sus discípulos lo abandonaron y ya no andaban con él. 67Así que Jesús dijo a los Doce: ¿También ustedes quieren abandonarme? 68Simón Pedro le contestó: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. 69Nosotros hemos creído y reconocemos que tú eres el Consagrado de Dios.

Comentario

Llegamos al final del capítulo 6 y el desenlace para la comunidad no puede ser más drástico: opta por Jesús o prescinde de Él; o vive en el Espíritu o no. El discurso del pan de Vida suscitó una profunda crisis en la manera en cómo ser discípulo y comunidad eclesial, porque probablemente les parecía excesiva la adhesión que Jesús reclama de ellos. No es de extrañarnos el hecho de que “muchos discípulos suyos se echaron atrás”. Por primera vez en la totalidad del Evangelio, el Maestro experimenta que sus palabras no tienen la fuerza y la atracción deseada. Sin embargo, Él es más radical con los suyos: ¿También ustedes quieren abandonarme? Con lo cual, la densidad de su llamado a seguirlo pasa por la libertad de decidir. No se impone, sino que es don de Dios; y las condiciones de pertenencia a la comunidad suponen la dedicación en pos de la transformación de la vida humana como comensalidad abierta, fraterna y solidaria. ¿Seguimos en el nombre del Evangelio ofreciendo seguridades derivadas del cumplimiento de unas normas y no desde la creatividad del Espíritu?