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Evangelio del día y comentario – 10 de mayo de 2019

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Jn 6, 52-59: Mi carne es verdadera comida

Damián (1889) Juan de Ávila (1569) Primera lectura: Hch 9, 1-20 Pablo es un elegido Salmo responsorial: Sal 116, 1. 2

En aquel tiempo, los judíos se pusieron a discutir: ¿Cómo puede este darnos de comer su carne? 53Les contestó Jesús: Les aseguro que si no comen la carne y beben la sangre del Hijo del Hombre, no tendrán vida en ustedes. 54Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día. 55Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. 56Quien come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. 57Como el Padre que me envió vive y yo vivo por el Padre, así quien me come vivirá por mí. 58Este es el pan bajado del cielo y no es como el que comieron sus padres, y murieron. Quien come este pan vivirá siempre. Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.

Comentario

La Comunidad presenta a Jesús como alimento del y para el pueblo, usando imágenes del Antiguo Testamento, específicamente del libro del Éxodo: el pan (maná) y la carne (cordero pascual). De esta manera, explicamos la continuidad y coherencia de todo el capítulo 6, en el que encontramos dos grandes discursos: el del pan de vida (6, 33-50) y el de la eucaristía (6, 51-58). En ese contexto, “comer su carne” y “beber su sangre” significa aceptar su persona plenamente y, en este sentido, la eucaristía nos integra en la conciencia, responsabilidad y acción que nos hace comunidad de Jesús, y en ella hacemos recuerdo y memoria “subversiva” de su Dios. El que come el Cuerpo y se hace indiferente a los muchos cuerpos humanos y ecológicos que son dañados, ultrajados, mutilados y asesinados está vaciando al sacramento de arraigo histórico y de auténtica fe. Solo así estaremos haciendo de nuestras eucaristías un signo de la presencia del Reino y de su justicia. ¿Caemos en la cuenta del don divino y proceso humano que significa comulgar?