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Comentario al Evangelio – 7 de febrero 2018

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Mc 7,14-23: Lo que sale de dentro hace impuro el hombre

Juliana de Florencia (s. IV) Primera lectura: 1Re 10,1-10 La Reina visitó a Salomón Salmo responsorial: Sal 36,5-6.30-31.39-40

Llamando de nuevo a la gente, Jesús les decía: Escuchen todos y entiendan. 15No hay nada afuera del hombre que, al entrar en él, pueda contaminarlo. Lo que lo hace impuro, es lo que sale de él. 16El que tenga oídos para oír que escuche. 17Cuando se apartó de la gente y entró en casa, le preguntaban los discípulos el sentido de la comparación. 18Y él les dice: ¿Conque también ustedes siguen sin entender? ¿No comprenden que lo que entra en el hombre desde afuera no puede contaminarlo, 19porque no le entra en el corazón, sino en el vientre y después es expulsado del cuerpo? Con lo cual declaraba puros todos los alimentos–. 20Y les añadía: Lo que sale del hombre es lo que contamina al hombre. 21De dentro, del corazón del hombre salen los malos pensamientos, fornicación, robos, asesinatos, 22adulterios, codicia, malicia, fraude, desenfreno, envidia, blasfemia, arrogancia, desatino. 23Todas esas maldades salen de dentro y contaminan al hombre.

Comentario

La sentencia de Jesús causó revuelo, desconcierto, sorpresa porque relativizaba algunas costumbres y tradiciones muy arraigadas. Hasta los más cercanos piden explicación y el Señor la ofrece. El corazón humano es la única fuente de impureza o pureza que daña o beneficia a la persona. Marcos aprovecha para hacer notar que las prohibiciones a los alimentos, a no ser por alergias del mismo cuerpo, pierden toda razón de ser y no deben ocasionar entre nosotros motivos de discusión. ¿Cuántas veces etiquetamos como “mala” a una persona por “una acción” –comer algo prohibido en algún tiempo y momento– sin valorar sus demás cualidades y virtudes? Hoy el Señor nos está ofreciendo la oportunidad de reflexionar sobre nuestra vida y comportamiento, dejando de lado lo superfluo, para examinar cómo se encuentra nuestro corazón, sede de la inteligencia, de la voluntad, del querer; donde se gestan nuestros pensamientos, deseos, palabras y obras sanas o enfermas, puras o impuras que benefician o afectan a quienes nos rodean. Promovamos el Reino, no costumbres efímeras.

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