Publicado el

Comentario al Evangelio – 6 de octubre 2018

Borrador automático

Lc 10,17-24: Te alabo, Señor de cielo y tierra

María Rosa Durocher, fundadora (1849) Bruno, fundador (1101) Primera lectura: Job 42,1-3.5-6.12-16 Ahora entiendo, por eso me arrepiento Salmo responsorial: Sal 118,66.71.75.91.125.130

En aquel tiempo volvieron los setenta y dos discípulos muy contentos y dijeron: Señor, en tu nombre hasta los demonios se nos sometían. 18Les contestó: Estaba viendo a Satanás caer como un rayo del cielo. 19Miren, les he dado poder para pisotear serpientes y escorpiones y para vencer toda la fuerza del enemigo, y nada los dañará. 20Con todo, no se alegren de que los espíritus se les sometan, sino de que sus nombres están escritos en el cielo. 21En aquella ocasión, con el júbilo del Espíritu Santo, dijo: ¡Te alabo, Padre, Señor de cielo y tierra, porque, ocultando estas cosas a los sabios y entendidos, se las diste a conocer a la gente sencilla! Sí, Padre, ésa ha sido tu elección. 22Todo me lo ha encomendado mi Padre: nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre, y quién es el Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo decida revelárselo. 23Volviéndose aparte a los discípulos, les dijo: ¡Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven! 24Les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; escuchar lo que ustedes escuchan, y no lo escucharon.

Comentario

La comunidad que camina en nombre de Jesús lleva consigo un proyecto tan bello que hasta los poderes instalados en este mundo se rinden ante el testimonio de sus anunciadores. Las fuerzas del mal retrocederán gradualmente. Este es para Jesús el modo de actuar de Dios, desde la pequeñez y la gratuidad. Y resulta tan hermoso experimentar este actuar de Dios, que provoca en labios de Jesús, y unidos a Él en nuestros propios labios, un himno de la alegría, una alabanza. Un método de oración para copiar y expresar en nuestras reuniones, en nuestras lecturas orantes de la palabra. Alabamos a Dios porque se ha revelado a la gente sencilla, a esa gente de los barrios marginados, a esas mujeres luchadoras incansables en su trabajo evangelizador, a esas comunidades eclesiales de base insertas en la vida del pueblo. A tanta gente humilde que no aparece en las portadas de los periódicos pero que va tejiendo la vida digna con los valores del evangelio.