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Comentario al Evangelio – 6 de febrero de 2019

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Mc 6,1-6: A un profeta lo desprecian solo en su patria

Alfonso María Fusco (1910) Pablo Miki y comps., mártires (1597) Primera lectura: Heb 12,4-7.11-15 Dios reprende a los que ama Salmo responsorial: Sal 102, 1-2. 13-14. 17-18a

Saliendo de allí, Jesús se dirigió a su ciudad, acompañado de sus discípulos. 2 Un sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud que lo escuchaba comentaba asombrada: ¿De dónde saca éste todo eso? ¿Qué clase de sabiduría se le ha dado que tamaños milagros realiza con sus manos? 3 ¿No es este el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago y José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas? Y esto era para ellos un obstáculo. 4 Jesús les decía: A un profeta lo desprecian solo en su patria, entre sus parientes y en su casa. 5 Y no podía hacer allí ningún milagro, salvo unos pocos enfermos a quienes impuso las manos y curó. 6 Y se asombraba de su incredulidad. Después recorría las aldeas vecinas enseñando.

Comentario

Cómo le cuesta al corazón humano aceptar que Dios pueda revelarse por medio de una persona sencilla, sin títulos, ni dignidades superfluas. Cómo cuesta aceptar y contemplar la presencia de Dios en el rostro del empobrecido. Aunque la palabra de Jesús es contundente, profética, auténtica y sus signos son humanizadores, las autoridades religiosas judías no logran reconocerlo como el ungido y enviado de Dios para liberar a su pueblo. La ausencia de fe es obstáculo para que Jesús pueda mostrar la misericordia de Dios. Pues la fe no es solamente doctrina, códigos, tradiciones, ritos y ceremonias vacíos. La auténtica fe es la adhesión incondicional a la persona de Jesús, es decir, a su proyecto de vida, libertad y esperanza para todos, particularmente para los más pobres y excluidos de los sistemas religiosos y sociales de ayer y de hoy. Detente un momento a examinar la autenticidad y profundidad de tu fe. ¿Eres capaz de reconocer la presencia del Señor y seguirle en el humilde, el pobre, el oprimido?