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Comentario al Evangelio – 6 de diciembre 2018

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Mt 21,24-27: Quién cumple la voluntad del Padre es prudente

María Sallés y Barangueras (1911) Primera lectura: Is 26,1-6 Que entre un pueblo justo Salmo responsorial: Sal 117,1.8-9.19-21.25-27a

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: No todo el que me diga: ¡Señor, Señor!, entrará en el reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre del cielo. 25Así pues, quien escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a un hombre prudente que construyó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, crecieron los ríos, soplaron los vientos y se abatieron sobre la casa; pero no se derrumbó, porque estaba cimentada sobre roca. 26Quien escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a un hombre tonto que construyó su casa sobre arena. 27Cayó la lluvia, crecieron los ríos, soplaron los vientos, golpearon la casa y esta se derrumbó. Fue una ruina terrible.

Comentario

Una de las experiencias más grata que se vive en los campos de misión es la capacidad de acogida del pueblo. Siempre hay una sonrisa, una silla para descansar, una bebida refrescante. Se crean lazos de fraternidad, amistad. Es la insinuación de Isaías cuando relata la alegría de los justos y fieles por la alianza con Yahvé al entrar en la ciudad santa. La santidad es sinónimo de alegría, de acogida. Jesús llama la atención a los que lo llaman “Señor, Señor” pues no todos han acogido su mensaje novedoso y renovador. También llama la atención sobre el sentido de una vida superficial y sin horizonte. Cuando la fe se reduce a ritos y doctrinas pero no transforma la vida es como edificar sobre arena porque cuando vienen las dificultades todo se desmorona. En cambio, cuando el mensaje evangélico se asume como proyecto de vida, cuando la vida se hace servicio, reconciliación, acogida y compromiso con los otros, es como edificar sobre roca. Jesús, es indudablemente esa roca. ¿Cómo vives la experiencia del seguimiento de Jesús?