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Comentario al Evangelio – 5 de diciembre 2018

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Mt 15,29-37: Jesús sanó a muchos enfermos

Sabás (532) Primera lectura: Is 25,6-10a El Señor dará una fiesta para todos Salmo responsorial: Sal 22,1-6

En aquel tiempo, Jesús se dirigió al lago de Galilea, subió a un monte y se sentó. 30Acudió una gran multitud que traía cojos, lisiados, ciegos, mudos y otros muchos enfermos. Los colocaban a sus pies y él los sanaba. 31La gente quedaba admirada al ver que los mudos hablaban, los cojos caminaban, los lisiados quedaban sanados y los ciegos recobraban la vista. Y todos glorificaban al Dios de Israel. 32Jesús llamó a los discípulos y les dijo: Me compadezco de esta gente, porque llevan tres días junto a mí y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino.33Le dijeron los discípulos: ¿Dónde podríamos, en un lugar tan despoblado como este, conseguir suficiente pan para toda esta gente? 34Jesús les preguntó: ¿Cuántos panes tienen? Ellos le contestaron: Siete y algunos pescaditos. 35Él ordenó a la gente que se sentara en el suelo. 36Tomó los siete panes y los pescados, dio gracias, partió el pan y se lo dio a los discípulos; éstos se los dieron a la multitud. 37Comieron todos hasta quedar satisfechos; y con los restos llenaron siete canastos.

Comentario

La fiesta y la alegría son notas características de los pueblos latinoamericanos y caribeños. ¡Cuánto colorido! ¡Cuánta comida y bebida! ¡Cuánto derroche de alegría! A pesar de la pobreza y el sufrimiento la gente celebra la vida. La fiesta es resistencia, identidad, esperanza a pesar de todo, soñar aunque el panorama parezca oscuro. Isaías anuncia una gran fiesta de liberación para todo el pueblo. La fiesta es signo de la presencia salvadora y liberadora de Dios. También Jesús se compadece de los enfermos y excluidos del sistema social y religioso vigente. Les devuelve la salud y la esperanza de vivir. Les anuncia el evangelio del amor y siente compasión, se conmueve ante la carencia de alimento. Por eso realiza el gran milagro: enseñar a compartir lo que se tiene para que a nadie le falte nada. El Reino de Dios es abundancia, compartir solidario y fraterno. Es buscar que nadie pase necesidades porque todos ponemos lo que tenemos en común. ¿Sabemos compartir con gozo nuestros bienes?