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Comentario al Evangelio – 5 de abril de 2019

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Jn 7, 1-2.10.25-30: No había llegado su hora

Vicente Ferrer (1419) 5 Primera lectura: Sab 2, 1a.12-22 Lo condenaremos a muerte Salmo responsorial: Sal 33, 17-21. 23

En aquel tiempo recorría Jesús la Galilea, y no quería recorrer la Judea porque los judíos intentaban darle muerte. 2 Se acercaba la fiesta judía de las Chozas. 10Cuando ya habían subido sus parientes a la fiesta, subió también él, no en público, sino a escondidas. 25Algunos de Jerusalén comentaban: ¿No es este el que intentaban matar? 26Resulta que habla públicamente y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido realmente las autoridades que este es el Mesías? 27Solo que de este sabemos de dónde viene; cuando venga el Mesías nadie sabrá de dónde viene. 28Entonces Jesús, que enseñaba en el templo, exclamó: A mí me conocen y saben de dónde vengo. Yo no vengo por mi cuenta, sino que me envió el que dice la verdad. Ustedes no lo conocen; 29yo lo conozco porque vengo de él y él me envió. 30Intentaron detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él, porque no había llegado su hora.

Comentario

El anuncio de la verdad trae consigo persecución y violencia. Jesús es víctima de anunciar la verdad de Dios. Su propuesta irrita a las autoridades y al pueblo. La gente está enceguecida, no logran ver la verdad que trae Jesús y que hace posible la liberación y el surgimiento de la vida en abundancia. San Juan recuerda que la Palabra encarnada es un escándalo para todo sistema religioso. Decir que Dios se ha hecho hombre en la persona de Jesús es una herejía para la gente de aquel tiempo. Jesús les deja claro que viene por voluntad de su Padre. Ellos constatan que tiene una autoridad extraordinaria. Aunque todos lo conocen, su actuación y palabra los deja confundidos, porque todo lo hace con una potencia que deja sin fuerza los cánones sociales y religiosos del momento. Volvamos a Jesús y con Él entremos en la cultura de la verdad. Trabajemos por conseguirla comunitariamente. Defendámosla amorosa y respetuosamente. Propiciemos la cultura de la verdad, así como Jesús lo hizo con su propia vida.