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Comentario al Evangelio – 4 de octubre 2018

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Lc 10,1-12: Su paz descansará sobre ellos

Francisco de Asís (1226) Primera lectura: Job 19,21-27 Sé que mi Defensor está vivo Salmo responsorial: Sal 26,7-9c.13-14

En aquel tiempo, designó el Señor a otros setenta y dos y los envió por delante, de dos [en dos], a todas las ciudades y lugares adonde pensaba ir. 2 Les decía: La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los campos que envíe trabajadores para su cosecha. 3 Vayan, que yo los envío como ovejas entre lobos. 4 No lleven bolsa ni alforja ni sandalias. Por el camino no saluden a nadie. 5 Cuando entren en una casa, digan primero: Paz a esta casa. 6 Si hay allí alguno digno de paz, la paz descansará sobre él. De lo contrario, la paz regresará a ustedes. 7 Quédense en esa casa, comiendo y bebiendo lo que haya; porque el trabajador tiene derecho a su salario. No vayan de casa en casa. 8 Si entran en una ciudad y los reciben, coman de lo que les sirvan. 9 Sanen a los enfermos que haya y digan a la gente: El reino de Dios ha llegado a ustedes…

Comentario

Los misioneros del evangelio anuncian el reinado de Dios. No van buscando prosélitos sino proclamando ese modelo de mundo que Dios quiere. Por ese motivo su método de trabajo, sus vidas y su testimonio, son el primer anuncio. Su estilo de vida va a provocar el contagio y va a ser una invitación irresistible para abrazar este nuevo camino. Es necesario tener corazón de pobre, no apoyarse en el poder y la riqueza, ídolos que hacen sufrir a los millones de inocentes del mundo. Porque buscar seguridades es contradecir el mensaje. La pobreza no significa desprecio de los bienes maravillosos que Dios nos ha regalado, todo lo contrario: la oferta del mensajero del reino es invitarnos a participar en un banquete de abundancia, la pobreza del misionero del reino es una expresión de libertad y de gratuidad. Porque el evangelio no se impone, se ofrece. Y la gran tarea es curar y predicar, liberar y anunciar la sorprendente noticia de un Dios Padre-Madre. Negarsea la palabra es autoexcluirse de esa oferta de felicidad total.