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Comentario al Evangelio – 4 de enero 2019

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Jn 1, 35-42: Hemos encontrado al Mesías

Manuel González García (1940) Elizabeth Seton, fundadora (1821) Primera lectura: 1Jn 3, 7-10 No puede pecar, porque ha nacido de Dios Salmo responsorial: Sal 97, 1. 7- 9

Juan estaba con dos de sus discípulos. 36Viendo pasar a Jesús, dice: Ahí está el Cordero de Dios. 37Los discípulos, al oírlo hablar así siguieron a Jesús. 38Jesús se volvió y, al ver que le seguían, les dice: ¿Qué buscan? Respondieron: Rabí, que significa maestro, ¿dónde vives? 39Les dice: Vengan y vean. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Eran las cuatro de la tarde. 40Uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús era Andrés, hermano de Simón Pedro. 41Andrés encuentra primero a su hermano Simón y le dice: Hemos encontrado al Mesías que traducido significa Cristo. 42Y lo condujo a Jesús. Jesús lo miró y dijo: Tú eres Simón, hijo de Juan; te llamarás Cefas que significa Pedro.

Comentario

Parece mentira, pero los medios para engañar son ahora más sofisticados que nunca; la inteligencia humana se ha aguzado hasta el refinamiento más para engañar y menos para vivir con verdad. El engaño es el desequilibrio de la justicia. Se engaña a otros para lucrar y sacar ventaja al costo de ellos. Y ante eso, los mecanismos para defender la justicia y el derecho también requieren afinarse. El discípulo de Cristo Jesús no puede servir al engaño, ni promoviéndolo ni solapándolo, mucho menos padeciéndolo. Cierto, no es un asunto menor, ni individual. Conscientes como ahora somos de que el pecado no solo es personal, sino que permea a las instituciones; vale la pena mirar los números de Transparencia Internacional en materia de corrupción. Ese observatorio señala que la apertura de los gobiernos, la libertad de prensa, las libertades civiles y los sistemas judiciales independientes son puntales para derrotar al engaño y la corrupción. ¿Qué estamos promoviendo en y desde nuestro entorno parroquial para vivir verdaderamente?