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Comentario al Evangelio – 3 de enero 2019

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Jn 1, 29-34: He aquí al Cordero de Dios

Kuriakose Elías Chavara (1871) Primera lectura: 1Jn 2, 29–3, 6 Los que permanecen en Dios, no pecan Salmo responsorial: Sal 97, 1. 3cd- 6

Al día siguiente, Juan Bautista vio acercarse a Jesús y dijo: Ahí está el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 30De él yo dije: Detrás de mí viene un hombre que es más importante que yo, porque existía antes que yo. 31Yo no lo conocía, pero vine a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel. 32Juan dio este testimonio: Contemplé al Espíritu, que bajaba del cielo como una paloma y se posaba sobre él. 33Yo no lo conocía; pero el que me envió a bautizar me había dicho: Aquel sobre el que veas bajar y posarse el Espíritu es el que ha de bautizar con Espíritu Santo. 34Yo lo he visto y atestiguo que él es el Hijo de Dios.

Comentario

En la tradición cristiana, conocer a Dios no es primeramente un asunto de formarse ideas adecuadas o propias sobre Él, sino de implementar la vida a partir de lo que sabemos de Él. El punto crítico, que san Juan resalta en el fragmento de hoy, es el de su justicia. Si sabemos que Dios es justo, sus hijos no pueden vivir sino practicando la justicia. Lo contrario es el pecado. Hacer la justicia es una manera muy semita que equivale a cumplir los mandamientos de Dios, Padre. Esa práctica o ejercicio es lo que transforma la vida hasta manifestar lo que se es. Poco se habla del pecado en nuestros días, lo que no significa que esté ausente. La rebeldía al mandato de Dios tiene múltiples expresiones, y cada una de ellas patentiza un abuso a la dignidad humana; el pecado mina la imagen de Dios impresa en cada persona humana. No cabe dañarnos. ¿Cuáles expresiones de justicia queremos fomentar durante este año?