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Comentario al Evangelio – 2 de octubre 2018

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Lc 9,51-56: Decidió subir a Jerusalén

Ángeles Custodios Primera lectura: Job 3,1-3.11-17.20-23 ¿Porqué no perecí al nacer? Salmo responsorial: Sal 87,2-8

En aquel tiempo, cuando se iba cumpliendo el tiempo de que se lo llevaran al cielo, Jesús emprendió decidido el viaje hacia Jerusalén, 52y envió por delante unos mensajeros. Ellos fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle alojamiento. 53Pero éstos no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén. 54Al ver esto, Juan y Santiago, sus discípulos, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que caiga un rayo del cielo y acabe con ellos? 55Él se volvió y los reprendió. 56Y se fueron a otro pueblo.

Comentario

Contrasta la lectura de Job con el texto de Lucas. Job está disgustado y reniega de su vida. Jesús asume su responsabilidad como Ungido y se encamina a Jerusalén, para entregar la vida. San Lucas presenta la propuesta del llamado que hace Jesús, las exigencias del discipulado y la disponibilidad que debe tener el discípulo para seguirlo en la propuesta de la construcción del Reino. El seguimiento de Jesús requiere compromiso, dedicación y responsabilidad. Ser discípulo del Maestro es la oportunidad para poder hacer de este mundo algo mejor. La propuesta de Jesús es clara, no es posible avanzar en la extensión del proyecto de Dios, si colocamos en nuestra vida otras prioridades que no hacen parte de su querer. Por eso, colocar la mano en el arado, o realizar cualquier otro tipo de práctica contraria a la libertad, autonomía y disponibilidad nos limita en nuestro avance del seguimiento de Jesús. ¿Qué me limita en el deseo de seguir a Jesús? ¿Cuáles son las prioridades en mi vida? ¿Dios ocupa el centro de mi existencia?