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Comentario al Evangelio – 2 de febrero de 2019

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Lc 2, 22-40: Este niño será signo de contradicción

Presentación del Señor Carlos del Monte Argo (1883) Primera lectura: Mal 3,1-4 Ya llega el mensajero del Señor Salmo responsorial: Sal 23, 7-10 Segunda lectura: Heb 2,14-18 Jesús, un ser humano en plenitud

Sus padres llevaron a Jesús a Jerusalén para presentárselo al Señor, como manda la ley del Señor: Todo primogénito varón será consagrado al Señor; 24además ofrecieron el sacrificio que manda la ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones. 25Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre honrado y piadoso, que esperaba la liberación de Israel y se guiaba por el Espíritu Santo. 26Le había comunicado el Espíritu Santo que no moriría sin antes haber visto al Mesías del Señor. 27Conducido, por el mismo Espíritu, se dirigió al templo. Cuando los padres introducían al niño Jesús para cumplir con él lo mandado en la ley, 28Simeón tomó al niño en brazos y bendijo a Dios diciendo: 29Ahora, Señor, según tu palabra, puedes dejar que tu servidor muera en paz, 30porque mis ojos han visto a tu Salvador, 31que has dispuesto ante todos los pueblos 32como luz para iluminar a los paganos y como gloria de tu pueblo Israel. 36Estaba allí la profetisa Ana, de edad avanzada… 38Se presentó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a cuantos esperaban la liberación de Jerusalén.

Comentario

La presentación del pequeño Jesús en el templo de Jerusalén para la purificación de la madre y ofrecimiento del primogénito a Dios está rodeada de un gran simbolismo. En primer lugar, el Templo, el portentoso Templo símbolo del poder de Dios, lugar de la presencia divina, punto de encuentro y de identidad nacional. Tórtolas y pichones eran la ofrenda de los pobres que no tenían medios económicos para ofrecer novillos o corderos. Simeón y Ana, dos ancianos con fe, que a pesar de las evidencias mantienen firme sus esperanzas en la venida del Mesías, del ungido y enviado de Dios para liberar al pueblo de Israel de toda clase de opresión. ¡Qué tiempo tan luminoso! Por eso, hoy celebramos la “fiesta de las candelas”, la Candelaria. Razón por la cual Jesús es presentado como luz que alumbra a toda la humanidad. Celebramos también el día de la vida consagrada, oremos por ella para que sea fiel y fecunda en su misión apostólica.