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Comentario al Evangelio – 2 de enero 2019

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Jn 1, 19-28: En medio de ustedes hay uno que no conocen

Gregorio Nacianceno (390) Basilio (379) Primera lectura: 1Jn 2, 22-28 Lo que han oído permanezca en ustedes Salmo responsorial: Sal 97, 1-4

Este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos le enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle quién era. 20Él confesó y no negó; confesó que no era el Mesías. 21Le preguntaron: Entonces, ¿eres Elías? Respondió: No lo soy. ¿Eres el profeta? Respondió: No. 22Le dijeron: ¿Quién eres? Tenemos que llevar una respuesta a quienes nos enviaron; ¿qué dices de ti? 23Respondió: Yo soy la voz del que grita en el desierto: Enderecen el camino del Señor, según dice el profeta Isaías. 24Algunos de los enviados eran fariseos 25y volvieron a preguntarle: Si no eres el Mesías ni Elías ni el profeta, ¿por qué bautizas? 26Juan les respondió: Yo bautizo con agua. Entre ustedes hay alguien a quien no conocen, 27que viene detrás de mí; y [yo] no soy digno de soltarle la correa de su sandalia. 28Esto sucedía en Betania, junto al Jordán, donde Juan bautizaba.

Comentario

Uno de los rasgos distintivos del discípulo de Jesucristo es su compromiso inalienable con la verdad que, sabemos, tiene diferentes acepciones, dependiendo del campo en el que estemos. Pero en términos de la filosofía (amar la verdad) escolástica, “verdad” se le llama a la adecuación entre la inteligencia racional y el objeto. La persona es capaz de conocer lo que le rodea, de manera que puede establecer relaciones articuladas y coherentes con lo que le circunda. Cuando esa relación se pone en palabras, tenemos expresiones de verdad que solicitan el asentimiento de los demás. Si la relación de la inteligencia con la realidad no es la adecuada, se producirán afirmaciones falsas. Distinguir entre verdad y falsedad es un ejercicio de la razón crítica o discernimiento que muestra los límites y la justeza de lo conocido. En términos éticos, la distorsión intencional de la verdad es la mentira. San Juan apela a que nos mantengamos críticamente fieles a la verdad revelada en Cristo. ¿Corresponde lo que creemos con lo que conocemos de Él? El Espíritu invita al conocimiento verdadero.