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Evangelio del día y comentario – 13 de abril de 2019

Jn 11, 45-57: Reunirá a los hijos de Dios.

Martín I, papa y mártir (655) Primera lectura: Ez 37, 21-28 Los haré un solo pueblo Interleccional: Jr 31, 10-12ab. 13

Muchos judíos que habían ido a visitar a María y vieron lo que hizo creyeron en él. Pero algunos fueron y contaron a los fariseos lo que había hecho Jesús. Los sumos sacerdotes y los fariseos reunieron entonces el Consejo y dijeron: ¿Qué hacemos? Este hombre está haciendo muchos milagros. Si lo dejamos seguir así, todos creerán en él, entonces vendrán los romanos y nos destruirán el santuario y la nación. Uno de ellos, llamado Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: No entienden nada. ¿No ven que es mejor que muera uno solo por el pueblo y no que muera toda la nación? No lo dijo por cuenta propia, sino que, siendo sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús moriría por la nación. Y no solo por la nación, sino para reunir en la unidad a los hijos de Dios que estaban dispersos. Así, a partir de aquel día, resolvieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se marchó a una región próxima al desierto, a un pueblo llamado Efraín, y se quedó allí con los discípulos. Se acercaba la Pascua judía y muchos subían del campo a Jerusalén para purificarse antes de la fiesta. Buscaban a Jesús y, de pie en el templo, comentaban entre sí: ¿Qué les parece? ¿Vendrá a la fiesta o no? Los sumos sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes para que quien conociese su paradero lo denunciase, de modo que pudieran arrestarlo.

Comentario

El pueblo se encuentra dividido en relación con Jesús. Los mismos signos realizados por Jesús colocan al pueblo en división, en contraste. Jesús permite que los que son ciegos vean la luz y entren en contacto con la luz, la cual termina encegueciendo a los hombres de religión, a los especialistas de la ley. Y el conflicto no se hace esperar. La novedad que Jesús trae es desenmascaradora de los egoísmos estructurales de la religión judía que había perdido el horizonte de humanización que estaba llamado a vivir. La Buena Nueva se encuentra amenazada por la “certeza” y la “seguridad” que ofrece el sistema religioso de turno. En la vida cristiana podemos perder la capacidad de vivir la alegría y la fuerza de la novedad. Hay que estar atentos a las prácticas religiosas que realizamos y a la manera de vivir la religión, para que no adormezcamos la capacidad de hacerle caso a Dios y a su novedosa propuesta de humanización. Que esta semana participemos de la frescura del Evangelio.