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Comentario al Evangelio – 11 de octubre 2018

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Lc 11,5-13: Pidan y se les dará

Juan XXIII (1963) María Soledad Torres, fundadora (1887) Primera lectura: Gál 3,1-5 ¿Recibieron el Espíritu por observar la ley? Salmo responsorial: Interleccional: Lc 1,69-75

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Supongamos que uno tiene un amigo que acude a él a media noche y le pide: Amigo, préstame tres panes, 6 que ha llegado de viaje un amigo mío y no tengo qué ofrecerle. 7 El otro desde dentro le responde: No me vengas con molestias; estamos acostados yo y mis niños; no puedo levantarme a dártelo. 8 Les digo que, si no se levanta a dárselo por amistad, se levantará a darle cuanto necesita para que deje de molestarlo. 9 Y yo les digo: Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá, 10porque quien pide recibe, quien busca encuentra, a quien llama se le abre. 11¿Qué padre entre ustedes, si su hijo le pide pan, le da una piedra? O, si le pide pescado, ¿le dará en vez de pescado una culebra? 12O, si pide un huevo, ¿le dará un escorpión? 13Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!

Comentario

Pedir, buscar, llamar a la puerta: son tres tareas de los buscadores del Reino. Todos somos peregrinos, nuestra identidad es la de buscadores del sentido de la vida. Hay que buscar, caminar, salir de nosotros mismos para viajar a lo más íntimo de nuestro ser y encontrar allí el agua de la vida. Somos seres pobres, necesitamos ayuda. Nos sentimos perdidos, necesitamos buscar el camino, el tesoro escondido del Reino. Somos como huérfanos sin un hogar, necesitamos llamar a las puertas para encontrar una casa que nos acoja. Este Dios del Reino que revela Jesús, este Padre amoroso no se esconde, escucha la llamada, pero no abre si no llamamos. Está esperando nuestra iniciativa. Entonces abre la puerta y acoge al peregrino. No es como el amigo de la parábola al que le cuesta abrir la puerta y solo la abre para que lo dejemos en paz porque quiere dormir. Dios no duerme, está deseando que llamemos a su puerta. Si llamamos Él abre y nos invita a una cena donde delicadamente nos enamora.