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Comentario al Evangelio – 11 de enero 2019

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Lc 5, 12-16: Enseguida se le fue la lepra

Teodosio (529) Primera lectura: 1Jn 5, 5-13 El espíritu, el agua y la sangre Salmo responsorial: Sal 147, 12-15. 19-20

Mientras Jesús se encontraba en un pueblo se presentó un leproso; el cual, viendo a Jesús, cayó rostro en tierra y le suplicaba: Señor, si quieres, puedes sanarme. 13Extendió la mano y le tocó, diciendo: Lo quiero, queda sano. Al instante se le fue la lepra. 14Y Jesús le ordenó: No se lo digas a nadie. Ve a presentarte al sacerdote y, para que le conste, lleva la ofrenda de tu sanación establecida por Moisés. 15Su fama se difundía, de suerte que una gran multitud acudía a escucharlo y a sanarse de sus enfermedades. 16Pero él se retiraba a lugares solitarios a orar.

Comentario

La vida del cristiano se entiende como una batalla contra el mundo. En este caso, “mundo” es lo contrario a Dios, y se entiende como una situación humana caótica, regida por la injusticia. Ese medio rodea al cristiano y lo acosa constantemente, por lo que la guerra es inevitable, pues el pecado es incompatible con Dios. El creyente mantiene su decisión de fe en un medio adverso. Esto es lo que transpira la lectura de Juan. La palabra nos entrega el instrumento para vencer al mundo: la fe en la venida del Hijo en agua y sangre. Estas expresiones se entienden referidas a lo que Jesús ha realizado en favor nuestro, certificadas por el Espíritu de Dios. La humanidad de Jesús es salvífica por lo acontecido en ella y por ella. Con cierta facilidad, la humanidad de Jesús queda diluida en su divinidad y esto impide vencer al mundo. La victoria de Dios sobre la muerte y el pecado es nuestra por la fe en Cristo Jesús. Esta es la fuerza que hace del cristiano un vencedor.