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Comentario Evangelio 6 de noviembre

LC 15, 1-10: Alégrense conmigo

Todos los recaudadores de impuestos y los pecadores se acercaban a escuchar. Los fariseos y los doctores murmuraban: –Éste recibe a pecadores y come con ellos. Él les contestó con la siguiente parábola: –Si uno de ustedes tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va a buscar la extraviada hasta encontrarla? Al encontrarla, se la echa a los hombros contento, se va a casa, llama a amigos y vecinos y les dice: Alégrense conmigo, porque encontré la oveja perdida. Les digo que, de la misma manera habrá más fiesta en el cielo por un pecador que se arrepienta que por noventa y nueve justos
que no necesiten arrepentirse. La moneda perdida. Si una mujer tiene diez monedas y pierde una, ¿no enciende una lámpara, barre la casa y busca con mucho cuidado hasta encontrarla? Al encontrarla, llama a las amigas y vecinas y les dice: Alégrense conmigo, porque encontré la moneda perdida. Les digo que lo mismo se alegrarán los ángeles de Dios por un pecador que se arrepienta.

Como bien sabemos, las palabras y gestos de Jesús no son recibidas de la misma forma por todos; para unos son motivo de alegría, de liberación, de Buena Noticia; para otros, son cosas absurdas, incomprensibles, nada parecido a buen anuncio. Especialmente estos últimos son los que lo critican, los que andan buscando siempre un motivo para tener de qué acusarlo; estos, tienen nombre propio: fariseos
y doctores de la ley. ¡Qué contradicción!

Justamente, los que mejor conocen la ley y la Escritura, son los que más se cierran en las palabras y signos de Jesús; por eso, ellos no pueden ver en el comportamiento de Jesús el acercamiento total y definitivo de Dios a los que la ley considera impuros o excluidos, y en lugar de sentirse tocados por el amor con que Jesús los acoge y come con ellos, los legalistas murmuran y critican. Para darles
aún más motivo de murmuración, Jesús se deja venir con tres parábolas (la tercera es la del hijo pródigo) donde queda bien ilustrada la misericordia, el amor y la predilección del Padre por los pecadores, no tanto por lo que se sienten ya justos porque “cumplen” la ley.

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Comentario al Evangelio 5 de noviembre

Lc 14, 25-33: Quien no carga con su cruz

Le seguía una gran multitud. Él se volvió y les dijo: –Si alguien viene a mí y no me ama más que a su padre y su madre, a su mujer y sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo. Quien no carga con su cruz y me sigue no puede ser mi discípulo. Si uno de ustedes pretende construir una torre, ¿no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No suceda que, habiendo echado los cimientos y no pudiendo completarla, todos los que miran se pongan a burlarse de él diciendo: éste empezó a construir y no puede concluir. Si un rey va a enfrentarse en batalla contra otro, ¿no se sienta primero a deliberar si podrá resistir con diez mil al que viene a atacarlo con veinte mil? 32 Si no puede, cuando el otro todavía está lejos, le envía una delegación a pedir la paz. Lo mismo cualquiera de ustedes: quien no renuncie a sus bienes no puede ser mi discípulo.

En el seguimiento de Jesús no cuenta tanto la cantidad cuanto la calidad. Un maestro, un líder, un pastor, un político de cualquier época se sentirían dichosos si tuvieran detrás una multitud que los siga y los halague; no así Jesús.

Precisamente al ver la multitud que lo sigue, inmediatamente entiende que en lo que tiene que ver con el seguimiento y la construcción del Reino, el asunto no es de números; el asunto es de conciencia transformada y transformadora.

Precisamente, una conciencia transformada es la que logra establecer mediante un profundo discernimiento cuáles son las prioridades a la hora de optar por el evangelio del Reino, cuáles
son los obstáculos y ataduras personales que impiden un seguimiento radical: ¿la familia? ¡Cómo, si es la célula de la sociedad, y en nuestros días es célula de la Iglesia! Pues precisamente porque Jesús ha visto y es consciente de que en su tiempo la familia era en muchos casos obstáculo para el crecimiento
personal, para la opción autónoma y libre de un estado de vida de los individuos, por eso Jesús menciona a la familia como primera ligazón que es necesario revisar para poder seguirle.

¿Qué rasgos de opresión subsisten todavía en la familia y cómo superarlos?

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Comentario Evangelio 4 de noviembre

Uno de los invitados, al oírlo, dijo: –¡Dichoso el que se siente al banquete del reino de Dios! Jesús le contestó: –Un hombre daba un gran banquete, al que invitó a muchos. Hacia la hora del banquete envió a su sirviente a decir a los invitados: Vengan, ya todo está preparado. Pero todos, uno tras otro se fueron disculpando. El primero dijo: He comprado un terreno y tengo que ir a examinarlo; te ruego me disculpes. El segundo dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlos; te ruego me disculpes. El tercero dijo: Me acabo de casar y no puedo ir. El sirviente volvió a informar al dueño de casa. Éste, irritado, dijo al sirviente: Sal rápido a las plazas y calles de la ciudad y trae aquí a pobres, mancos, ciegos y cojos. Regresó el sirviente y le dijo: Señor, se ha hecho lo que ordenabas y todavía sobra lugar. El
señor dijo al sirviente: Ve a los caminos y veredas y oblígalos a entrar hasta que se llene la casa. Porque les digo que ninguno de aquellos invitados probará mi banquete.

Dichoso el que se siente en el banquete del Reino de Dios, expresión que lanza uno de los invitados a la comida donde fue invitado también Jesús, recordemos que estamos en ese contexto.

Seguramente aquel invitado era también un fariseo como su anfitrión. Y bien, al verse en casa de un fariseo, rodeado de fariseos y conocedor a profundidad de la mentalidad farisaica de su época, Jesús aprovecha para corregir ese modo de pensar. Delante de ellos demostró que es perfectamente posible “violar” el sábado cuando de hacer el bien se trata; ya les enseñó cuál es la dinámica esencial para la construcción del Reino, y ahora a propósito de la expresión de uno de los comensales, Jesús intenta corregir, mediante una bellísima parábola, la falsa seguridad que produce el legalismo. Efectivamente, Jesús sabía que según la mentalidad legalista de los fariseos, ellos tenían ganado ya un puesto de honor en el banquete escatológico del Reino; sin embargo, desde la perspectiva que muestra la parábola,
quienes se sienten tan seguros son precisamente los que quedan por fuera del banquete. Examinemos cuáles son las trabas que ponemos hoy a la invitación constante de Jesús a participar en ese banquete que él nos ofrece.

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Comentario Evangelio 3 de noviembre

Lc 14, 12-14: No invites a tus amigos, sino a pobres y lisiados

Al que lo había invitado le dijo: –Cuando ofrezcas una comida o una cena, no invites a tus amigos o hermanos o parientes o a los vecinos ricos; porque ellos a su vez te invitarán y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, mancos, cojos y ciegos. Dichoso tú, porque ellos no pueden pagarte; pero te pagarán cuando resuciten los justos.

La invitación de un fariseo a Jesús para que comiera en su casa se convierte en marco perfecto donde acontecen varias cosas: primera, Jesús sana a un hidrópico; segunda, Jesús demuestra con hechos cómo en el Reino no hay excluidos, y tercera, Jesús se pronuncia sobre algunas de las características más importantes del Reino. Para Jesús está claro que en la construcción del Reino de Dios tienen que intervenir dinámicas y actitudes muy distintas a las que comúnmente se emplean en la sociedad. Digamos que lo más común y frecuente es que en un evento cualquiera, uno quiere estar entre los primeros puestos; siempre andamos carentes de reconocimiento, de alguien que se fije en nosotros; cuando se trata de relacionarse con otros, entablar lazos de amistad, de roce social, uno piensa en personas de “bien”, nunca en los ignorados de siempre, ¡y tanto que hablamos de los ignorados y excluidos! Según la mentalidad de Jesús, en la realidad del Reino, las cosas funcionan de manera diferente. Deberíamos
tener siempre a mano estos criterios que nos da hoy Jesús para ir midiendo el grado de acercamiento o de distancia al ideal del Reino que todos queremos.

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Comentario al Evangelio 2 de noviembre

Mc 15,33-39; 16, 1-6: Jesús, dando un fuerte grito, expiró

Al mediodía se oscureció todo el territorio hasta media tarde. A esa hora Jesús gritó con voz potente: –Eloi eloi lema sabaktani –que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?– Algunos de los presentes, al oírlo, comentaban: –Está llamando a Elías. Uno empapó una esponja en vinagre, la sujetó a una caña y le ofreció de beber diciendo:–¡Quietos! A ver si viene Elías a librarlo. 37 Pero Jesús, lanzando un grito, expiró.

El velo del santuario se rasgó en dos de arriba abajo. El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo expiró, dijo: –Realmente este hombre era Hijo de Dios. Cuando pasó el sábado, María Magdalena, María de Santiago y Salomé compraron perfumes para ir a ungirlo. El primer día de la semana, muy temprano, llegan al sepulcro al salir el sol. Se decían: –¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro? Alzaron la vista y observaron que la piedra estaba corrida. Era muy grande. Al entrar al sepulcro, vieron un joven vestido con un hábito blanco, sentado a la derecha; y quedaron sorprendidas. 6 Les dijo: –No tengan miedo. Ustedes buscan a Jesús Nazareno, el crucificado. No está aquí, ha resucitado. Miren el lugar donde lo habían puesto.

Podríamos decir que el denominador común de todas las lecturas de este domingo es la esperanza en el encuentro definitivo con Dios. La liturgia de hoy nos invita a recordar a nuestros difuntos y a orar por y con ellos. Por ellos, como encomendándolos a las manos misericordiosas de Dios Padre-Madre; con ellos, porque al estar ya en la presencia de Dios, esos hermanos se convierten también en nuestros intercesores ante él. Para ayudarnos a que ese recuerdo de nuestros seres queridos que partieron definidamente de nuestro lado tenga sobre todo ese tinte de alegre esperanza, la liturgia nos presenta los versículos de Marcos que narran la muerte de Jesús; si miramos bien, lo que se resalta en estos versículos, no es tanto la muerte, sino otras dos cosas mucho más importantes: el dato de que el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo (v.38) y la confesión del centurión romano: realmente este hombre era Hijo de Dios (v.39). Sin embargo, no es este el centro del mensaje para este día; el plato fuerte de hoy está en los versículos siguientes: Jesús, ese que ha muerto a manos de los enemigos del
Reino, ese, cuya muerte rasgó de arriba abajo el velo del santuario, no está aquí, ha resucitado (16, 6). La muerte y la resurrección de Jesús son desde entonces la mejor motivación para enfrentar nuestra muerte y confiar en nuestra propia resurrección. No cabe duda de que la muerte es para nosotros un misterio, un paso ante el cual quizás se siente temor, miedo, incertidumbre. Ante esta realidad, muchos
sienten pánico, pesimismo, ¿qué sentido tiene la vida si al final tenemos que morir? ¿Para qué luchar, para qué preocuparnos por lograr mejor calidad de vida si de todos modos terminaremos en una tumba? Las palabras previas al anuncio de la resurrección de Jesús son verdadero motivo de fe y de esperanza: no
tengan miedo (16, 6). Casualmente, esta frase es de uso muy frecuente en el Antiguo Testamento; puesta casi siempre en labios de Dios, es tremendamente consoladora, alentadora y cargada siempre de una energía y optimismo únicos. El mismo Jesús la utiliza en contextos donde hay que calmar y transmitir optimismo. Y esa debería ser también la mejor expresión para consolar a las personas que lloran la partida de un ser querido: no tengan miedo, el que resucitó a Jesús, también nos resucitará a nosotros.

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Comentario al Evangelio 1º noviembre

Mt 5, 1-12a: Estén alegres y contentos.

Al ver a la multitud, subió al monte. Se sentó y se le acercaron los discípulos. Tomó la palabra y comenzó a enseñarles del siguiente modo: Felices los pobres de corazón, porque el reino de los cielos les pertenece. Felices los afligidos, porque serán consolados. Felices los desposeídos, porque heredarán la tierra.Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Felices los misericordiosos, porque serán tratados con misericordia. Felices los limpios de corazón, porque verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque se llamarán hijos de Dios. Felices los perseguidos por causa del bien, porque el reino de los cielos les pertenece. Felices ustedes cuando los injurien y los persigan y los calumnien [falsamente] de todo por mi causa. Alégrense y pónganse contentos porque el premio que les espera en el cielo es abundante.

Nos invita la Iglesia hoy a celebrar la memoria de todos los Santos, una festividad tradicional en la cual recordamos a todos aquellos que de un modo u otro se esforzaron por vivir en radicalidad el evangelio de Jesús. Y la misma liturgia de hoy nos sugiere por dónde hay que comenzar si queremos vivir esa radicalidad evangélica. Desde muy niños escuchamos hablar de las bienaventuranzas; muchísimos cristianos las aprendieron de memoria cuando la “doctrina cristiana” había que memorizarla sin que se conozca hasta hoy cuáles fueron los efectos reales de ese método; sin embargo, ¿cuántos cristianos tienen como fundamento de su proyecto personal las bienaventuranzas? Cada una de las bienaventuranzas encierra en sí misma grandes avances en el crecimiento personal, pero con unas proyecciones comunitarias enormes; a este paso, ¿cuántas comunidades tendrán en sus planes pastorales el tema de las bienaventuranzas como eje y fundamento de sus acciones? De acuerdo con la intencionalidad narrativa de Mateo, las bienaventuranzas son el punto de partida del proyecto de vida de Jesús, ellas mueven todo su ministerio de anuncio y realización del Reino; ¿seremos capaces nosotros de apuntarle a un proyecto personal y comunitario basados en este mismo sueño de Jesús?

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Comentario Evangelio 31 de octubre

Lc 14, 1-6: ¿Está permitido sanar en sábado o no?

Un sábado entró Jesús en casa de un jefe de fariseos para comer, y ellos lo vigilaban. 2Se le puso delante un hidrópico. Jesús tomó la palabra y preguntó a los doctores de la ley y Ellos callaron.
fariseos: –¿Está permitido sanar en sábado o no?

Jesús tomó al enfermo, lo sanó y lo despidió. Después les dijo:

–Supongamos que a uno de ustedes se le cae un hijo o un buey a un pozo: ¿acaso no lo sacará enseguida, por más que sea sábado?

Y ellos no supieron qué responderle.

Nos encontramos con un nuevo signo de salvación por parte de Jesús, esta vez no en una sinagoga, sino en una casa. Es importante que nos fijemos siempre el lugar donde Jesús actúa: campo abierto, sinagoga o casa; y con respecto a la casa, es bueno especificar quién es el dueño: ¿un fariseo? ¿Un cobrador de impuestos? ¿De alguien cercano a los suyos, como la de la suegra de Pedro? ¿De un funcio- nario romano? A través de esta identificación de los lugares de acción de Jesús nos damos cuenta de que en el campo abierto está des- parramado todo el pueblo, vejado, oprimido, que van como ovejas que no tienen pastor; en contraposición, están la sinagoga y la casa -familia-, instituciones que deberían ser lugares abiertamente orientados a la humanización y rescate del pueblo, pero que en realidad no cumplen esa función. En esos lugares Jesús se hace presente, y su paso por ahí no es indiferente, es transformador, salvador, como transformador y salvador debería ser el paso de cada cristiano por los lugares que equivalen hoy a aquellos de la época de Jesús: la familia, la escuela, la Iglesia…

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Comentario Evangelio 30 de octubre

Lc 13, 31-35: No cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén

En aquel momento se acercaron unos fariseos a decirle: –Sal y retírate de aquí, porque Herodes intenta matarte. Jesús les contestó: –Vayan a decir a ese zorro: mira, hoy y mañana expulso demonios y realizo sanaciones; pasado mañana terminaré.

Con todo, hoy y mañana y pasado tengo que seguir mi viaje, porque no puede ser que un profeta muera fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los enviados, cuántas veces quise reunir a tus hijos como la gallina reúne a los pollitos bajo sus alas; y tú no quisiste! Por eso, la casa de ustedes quedará desierta. Les digo que no me verán hasta [el momento] en que digan: Bendito el que viene en nombre del Señor.

Nos recuerda esta advertencia que le hacen a Jesús en territorio de Herodes, a aquella que le hizo el sacerdote Amasías al profeta Amós: Amasías ordenó a Amós: –Vidente, vete, escapa al territorio de Judá; allí te ganarás la vida, allí profetizarás; pero en Betel no vuelvas a profetizar, porque es el templo real, es el santuario nacional. ¿Se necesita permiso “oficial” para evangelizar? ¿Credenciales para hacer el bien? Además de absurdo, suena contradictorio y antievangélico el proceso que hay que seguir para obtener los permisos y la “oficialización” de una misión. Cuánta distancia nos separa del coraje decidido de Jesús para evangelizar y hacer el bien por donde pasa. Cuánto tenemos que aprender de esa actitud liberal de Jesús que no reconoce fronteras ni posesiones, ni otra autoridad que no sea la de su Padre. Sea hoy la oportunidad de rendir un sentido homenaje a aquellos hombres y mujeres que siguiendo este ejemplo de Jesús, han arriesgado su vida y la han entregado libremente en territorios donde supuestamente era prohibido anunciar el proyecto liberador de Jesús.

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Comentario Evangelio 29 de octubre

Lc 13, 22-30: Señor, ¿son pocos los que se salvan?

Jesús iba enseñando por ciudades y pueblos mientras se dirigía a Jerusalén. Uno le preguntó: –Señor, ¿son pocos los que se salvan? Les contestó: -Procuren entrar por la puerta estrecha, porque les digo que muchos intentarán entrar y no podrán.

Apenas se levante el dueño de casa y cierre la puerta, ustedes desde afuera se pondrán a golpear diciendo: Señor, ábrenos. Él les contestará: No sé de dónde son ustedes. Entonces dirán: Hemos comido y bebido contigo, en nuestras calles enseñaste. Él responderá: les digo que no sé de dónde son ustedes. Apártense de mí, malhechores. Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando vean a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, mientras ustedes sean expulsados. Vendrán de oriente y occidente, del norte y el sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Porque, hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos.

Hoy volvemos a la secuencia narrativa de Lucas quien nos presenta al Caminante galileo que radicalmente ha decido viajar a Jerusalén a dar la cara al oficialismo judío. A lo largo de este camino, Jesús va anunciando su proyecto del Reino y mostrando con signos visibles cómo se realiza el mismo, pero también resolviendo dudas, inquietudes y creencias de la gente. Precisamente, la pregunta de hoy obedece a una idea equivocada del plan salvífico de Dios; muchos pensaban quizás que la salvación sería de unos cuantos, de aquellos pocos que fueran capaces de mantenerse firmes en el riguroso cumplimiento de la ley o cosa por el estilo.

Jesús supera esa mentalidad y anuncia la salvación ofrecida también a aquellos que sin fijarse tanto en el legalismo, se preocupan más por el testimonio de vida, por aportar desde sus capacidades a la construcción efectiva del Reino. Con la mención de los cuatro puntos cardinales, Jesús está declarando que es la humanidad entera, todos los hombres y mujeres de buena voluntad, los llamados a participar en el banquete del Reino.

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Comentario Evangelio 28 de octubre

Por aquel tiempo subió a una montaña a orar y se pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a los discí- pulos, eligió entre ellos a doce y los llamó apóstoles: Simón, a quien llamó Pedro; Andrés, su hermano; Santiago y Juan; Felipe y Bartolomé; Mateo y Tomás; Santiago hijo de Alfeo y Simón el rebelde; Judas hijo de Santiago y Judas Iscariote, el traidor. Sigue leyendo Comentario Evangelio 28 de octubre

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Comentario Evangelio 27 de octubre

Lc 13, 10-17: Mujer, quedas libre

Mientras iban de camino, uno le dijo: –Te seguiré adonde vayas. Jesús le contestó: –Las zorras tienen madrigueras, las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza. A otro le dijo: –Sígueme. Le contestó: –[Señor], déjame primero ir a enterrar a mi padre. Le dijo: –Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el reino de Dios. Otro le dijo: –Te seguiré, Señor, pero primero déjame despedirme de mi familia. Jesús [le] dijo: –El que ha puesto la mano en el arado y mira atrás no es apto para el reino de Dios.

Una religión puede tener dos efectos sobre el creyente: el primero, abrirle el camino de relación con el Dios en quien se cree y hacerlo sentir que está en la vía correcta de su humanización; es lo ideal y, en el fondo, ese es el querer del Dios liberador. El otro efecto, nocivo por cierto, de una religión es convertirse en instrumento de dominación y opresión, que es en el fondo lo que simboliza la mujer encorvada que está presente en la sinagoga judía. Lo mejor de todo es que precisamente la Escritura nos dice que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza; esto es, le imprimió a la criatura el don de ser interlocutor suyo; y para ser interlocutor se requiere estar frente a frente con el otro; ese es el designio original del creador. Sin embargo, el sistema religioso fue encorvando poco a poco al pueblo hasta desligarlo completamente de su vocación inicial. El signo que realiza Jesús en la sinagoga, no es simplemente curativo; es ante todo, salvador, rescatador; su presencia y su palabra devuelven a la mujer-pueblo el don original, y hacia allá debe apuntar todo acto evangelizador, la pastoral de todos los tiempos.