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Comentario al Evangelio – 5 de abril 2015

Él había de resucitar de entre los muertos

El primer día de la semana, muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena va al sepulcro y observa que la piedra está retirada del sepulcro. Llega corriendo a donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, el que era muy amigo de Jesús, y les dice: –Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto. Salió Pedro con el otro discípulo y se dirigieron al sepulcro. Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corría más que Pedro y llegó primero al sepulcro. Inclinándose vio las sábanas en el suelo, pero no entró. Después llegó Simón Pedro, que le seguía y entró en el sepulcro. Observó los lienzos en el suelo y el sudario que le había envuelto la cabeza no en el suelo con los lienzos, sino enrollado en lugar aparte. Entonces entró el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Todavía no habían entendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.

REFLEXIÓN

En los Hechos de los Apóstoles encontramos con que la pequeña comunidad de los discípulos no sólo había sido disuelta por el ajusticiamiento de Jesús, sino también por el miedo a sus enemigos y por la inseguridad que deja en un grupo la traición de uno de sus integrantes. La acción transformadora más palpable de la resurrección de Jesús fue su capacidad de convertir el interior de los discípulos -antes disgregados, egoístas, divididos y atemorizados- para volver a convocarlos o reunirlos en torno a la causa del Evangelio y llenarlos de su Espíritu de perdón. Volver a dar cohesión interna a la comunidad de seguidores, en el perdón mutuo, en la solidaridad, en la fraternidad y en la igualdad, era humanamente un imposible. Nadie había entendido correctamente la propuesta del Maestro. Por eso, quien no lo había traicionado lo había abandonado a su suerte. En la carta a los Colosenses, Pablo invita a mirar siempre las cosas del cielo y no las del mundo. Eso no quiere decir un olvido de la responsabilidad terrena; por el contrario, está invitando a vivir amando siempre lo que Jesús amó: la justicia, la igualdad, la vida humana. Afirmar un proyecto sustentado en los valores que Jesús amó implica hacer una crítica frontal a los valores de los sistemas del mundo, que en su mayoría están en contradicción con el reino de Dios. En el evangelio encontramos cómo la comunidad de creyentes tiene que pasar por un largo proceso para entender el misterio de la Resurrección. Poco a poco, primero a María Magdalena, a un discípulo, a Pedro y luego al resto del grupo, irán experimentando que forman parte del plan de Dios, y que el haber creído en Cristo Jesús los comprometía a ser en adelante testigos de lo que aprendieron con él, hasta entregar sus vidas en razón de su fe. Es la fuerza del Resucitado la que preside y guía a la comunidad. Si ella sabe mantener viva la presencia de Jesús Resucitado se mantendrá viva y fuerte en medio de las dificultades que vendrán. El cristiano no debe tener miedo frente a nada ni nadie, pues no es la muerte su destino, sino la resurrección. Hoy como ayer estamos convocados a verificar que el sepulcro está vacío; que Jesús no está en el lugar de los muertos, porque Dios lo ha resucitado, y con él a todos los que han creído. La vida es ahora el proyecto; defenderla, cuidarla y provocarla nos configurará cada día más y mejor con el Resucitado.

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Comentario al Evangelio – 4 de abril 2015

Jesús, el crucificado, ha resucitado

Cuando pasó el sábado, María Magdalena, María de Santiago y Salomé compraron perfumes para ir a ungirlo. El primer día de la semana, muy temprano, llegaron al sepulcro al salir el sol. Se decían: – ¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro? Alzaron la vista y observaron que la piedra estaba corrida. Era muy grande. Al entrar al sepulcro, vieron un joven vestido con un hábito blanco, sentado a la derecha; y quedaron sorprendidas. Les dijo: – No tengan miedo. Ustedes buscan a Jesús Nazareno, el crucificado. No está aquí, ha resucitado. Miren el lugar donde lo habían puesto. Vayan ahora a decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante de ellos a Galilea. Allí lo verán, como les había dicho.

REFLEXIÓN

Con el amanecer de un nuevo día el proyecto de Jesús ve también la luz definitiva; muy temprano, como en el primer día de la Creación. Un grupo de mujeres experimentará que la última palabra no la tenía la muerte; que al que habían crucificado, el mismo Dios lo había resucitado y ya estaba en camino para continuar su plan salvador, que ahora ya no terminaría nunca. Con la Resurrección Dios está afirmando su reinado de vida plena sobre cualquier estructura de muerte. Ya no hay obstáculos imposibles, no hay piedras imposibles de mover; la comunidad se empezará a fortalecer y a hacer memoria para entender de una vez y para siempre todo lo que el Maestro le enseñó. Esta es la hora para disipar los miedos y reactivar la esperanza. El regreso a Galilea, la patria de los pobres, donde todo había comenzado, será el signo de este nuevo nacimiento para la comunidad discipular. La Pascua de Jesús es la celebración por excelencia del cristianismo. La Resurrección es lo que da sentido a nuestra fe. El triunfo de la vida sobre toda forma de muerte es lo que profesamos; y en razón de este misterio nos comprometemos a defender y a amar la vida del universo entero que ha sido redimido en Cristo Jesús. Esta es la hora para poner en el altar del Señor las esperanzas de nuestros pueblos; para profesar con voz alta que si Cristo ha resucitado, nuestra fe tiene sentido.

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Comentario al Evangelio – 3 de abril 2015

Pilato lo entregó para que fuera crucificado …

Los judíos dijeron a Pilato: – No nos está permitido dar muerte a nadie…Entonces Pilato se hizo cargo de Jesús y lo mandó azotar. Los soldados entrelazaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza; lo revistieron con un manto rojo, y acercándose a él le decían: – ¡Salud, rey de los judíos! Y le pegaban en la cara. Salió otra vez Pilato afuera y les dijo: – Miren… sepan que no encuentro en él culpa alguna. Salió Jesús afuera, con la corona de espinas y el manto rojo. Pilato les dice: – Ahí tienen a su rey. Ellos gritaron: – ¡Afuera, afuera, crucifícalo! – ¿Voy a crucificar a su rey? Los sumos sacerdotes contestaron: – No tenemos más rey que el César. Entonces se lo entregó para que fuera crucificado. Se lo llevaron; y Jesús salió cargando él mismo con la cruz, hacia un lugar llamado La Calavera, en hebreo Gólgota. Allí lo crucificaron con otros dos: uno a cada lado y en medio Jesús. Pilato había hecho escribir un letrero y clavarlo en la cruz. El escrito decía: Jesús el Nazareno, rey de los Judíos. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María de Cleofás y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y al lado al discípulo amado, dice a su madre: – Mujer, ahí tienes a tu hijo. Después dice al discípulo: – Ahí tienes a tu madre. Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa…

REFLEXIÓN

La muerte de Jesús por su coherencia con la misión encomendada por su Padre, es el sello que ratifica el amor con que Dios entregó su propio Hijo a la humanidad. Es un momento crítico en la historia de la salvación: el poder de las estructuras de muerte se ha puesto sobre los planes de Dios, y ahora Jesús, torturado y agonizante, dará testimonio de radicalidad y obediencia a ese proyecto hasta el final. A la par con el sufrimiento y la muerte del Redentor se ubica la crisis de su grupo: unos escondidos, otros huyendo, otros negándolo. Era evidente que las consecuencias para nadie serían fáciles. Jesús les dijo en repetidas ocasiones que la copa que él bebería no todos la podrían beber. A eso se suma la posible falta de entendimiento y radicalidad de algunos miembros del grupo. Hasta el final las expectativas de todos no fueron las mismas. Sólo un pequeño resto, representado en la madre de Jesús y un discípulo, llegó fiel hasta la cruz. Los demás serán convocados nuevamente al experimentar al Resucitado.

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Comentario al Evangelio – 2 de abril 2015

Los amó hasta el extremo

Sabiendo Jesús que llegaba la hora de pasar de este mundo al Padre, después de haber amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Durante la cena, sabiendo que todo lo había puesto el Padre en sus manos, que había salido de Dios y volvía a Dios, se levanta de la mesa, se quita el manto, y se ató una toalla a la cintura. Se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos. Llegó a Simón Pedro, el cual le dice: – Señor, ¿tú me vas a lavar los pies? Jesús respondió: – Lo que yo hago no lo entiendes ahora, más tarde lo entenderás. Replica Pedro: – No me lavarás los pies jamás. Le respondió Jesús: – Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo. Le dice Simón Pedro: – Señor, si es así, no sólo los pies, sino las manos y la cabeza. Le responde Jesús: – El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos. Pues conocía al que lo iba a entregar. Después volvió a la mesa y les dijo: – ¿Comprenden lo que acabo de hacer? Ustedes me llaman maestro y señor, y dicen bien. Pero si yo, que soy maestro y señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado ejemplo para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes.

REFLEXIÓN

El evangelio presenta a Jesús y a su grupo de amigos en una cena de pascua a la que él da un significado mucho más trascendente: la saca de la memoria de la liberación judía y la renueva fundando nuevas relaciones en la comunidad discipular. El lavar los pies a los discípulos desafía toda forma de autoridad y gobierno; deja por herencia una forma diferente de ser comunidad, como hermanos en condiciones de igualdad y servicio. Una comunidad cristiana verdadera se define por su capacidad de servicio, y no por la grandeza de sus estructuras. Sentirse hermano del otro lleva a la alegría del servicio, que nunca es humillación si a través de él intentamos parecernos a Jesús. El servicio vivido desde la fraternidad convierte al cristiano en otro Jesús. Oremos de modo especial por la iglesia, para que en ella todos sepamos servir con amor según la enseñanza que hoy nos deja ver el Maestro. Y oremos por todas las familias del mundo, para que en ellas la autoridad se funde en el amor y en la capacidad de servicio, como contrapartida a la violencia y el maltrato que oprimen a tantos seres humanos.

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Comentario al Evangelio – 1 de abril 2015

Uno de ustedes me va a entregar

Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, se dirigió a los sumos sacerdotes y les propuso: – ¿Qué me dan si lo entrego a ustedes? Ellos se pusieron de acuerdo en treinta monedas de plata. Desde aquel momento buscaba una ocasión para entregarlo. El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: – ¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua? Él les contestó: – Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: El maestro dice: mi hora está próxima; en tu casa celebraré la Pascua con mis discípulos. Los discípulos prepararon la cena de Pascua siguiendo las instrucciones de Jesús. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían, les dijo: – Les aseguro que uno de ustedes me va a entregar. Muy tristes, empezaron a preguntarle uno por uno: – ¿Soy yo, Señor? Él contestó: – El que se ha servido de la misma fuente que yo, ése me entregará. El Hijo del Hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay de aquél por quien el Hijo del Hombre será entregado! Más le valdría a ese hombre no haber nacido. Le dijo Judas, el traidor: – ¿Soy yo, maestro? Le respondió Jesús: – Tú lo has dicho.

REFLEXIÓN

Hoy la Palabra de Dios nos recuerda la traición de Judas. Al respecto suelen tejerse preguntas: ¿Qué pretendía Judas al traicionar a su maestro? ¿Formaba parte de una estrategia para forzar el mesianismo de Jesús? ¿Había entendido Judas el proyecto del Maestro? Serían muchas las preguntas en torno al tema; lo cierto es que en la comunidad de los Doce no todos estaban convencidos del proyecto de Jesús, y esa diversidad Jesús la respeta en aras de la libertad individual. Toda traición va ligada a un proyecto. En la medida que alguien deje de estar de acuerdo con el proyecto en el que se creía comprometido, muchas veces llega a traicionarlo. Por eso, entrar en un proyecto a ciegas o sin entender sus principios y finalidad, es preparar traiciones en cadena. Aunque el proyecto de Jesús tiene un contenido divino, por reflejar la propuesta de Dios y recibir de él su fuerza, está sometido a las leyes del comportamiento humano. Dios jamás violenta la libertad para evitar que su proyecto sea traicionado. En estos días santos que estamos celebrando, oremos por nuestras comunidades eclesiales y nuestras familias, peque- ñas comunidades, para que Dios nos mantenga siempre fieles y leales, unidos con vínculos de amor, de acogida y de verdad.

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Comentario al Evangelio – 31 de marzo 2015

Uno de ustedes me entregará

Jesús se estremeció por dentro y declaró: – Les aseguro que uno de ustedes me entregará. Uno, el más amigo de Jesús, le dijo: – Señor, ¿quién es? Le responde Jesús: – Aquél a quien le dé un trozo de pan remojado. Remojó el pan, lo tomó y se lo dio a Judas el de Simón Iscariote. Detrás del bocado Satanás entró en él. Jesús le dice: – Lo que tienes que hacer hazlo pronto. Y enseguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Era de noche. Cuando salió, dijo Jesús: – Ahora ha sido glorificado el Hijo del Hombre y Dios ha sido glorificado por él. Si Dios ha sido glorificado por él, también Dios lo glorificará por sí, y lo hará pronto. Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes; me buscarán y, como dije a los judíos también lo digo ahora, a donde yo voy ustedes no pueden venir. Le dice Simón Pedro: – Señor, ¿adónde vas? Le respondió Jesús: – A donde yo voy no puedes seguirme por ahora, me seguirás más tarde. Le dice Pedro: – Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti. Le contesta Jesús: – ¿Que darás la vida por mí? Te aseguro que antes de que cante el gallo, me negarás tres veces.

REFLEXIÓN

Este es uno de los momentos más difíciles en la vida de Jesús: la cena con sus amigos más cercanos. Pronto el grupo quedaría golpeado por la ausencia definitiva del Maestro, y a ello se agregaría la posibilidad permanente de traición de los propios discípulos. La traición no es sólo patrimonio de Judas; lo es también de los llamados discípulos fieles. Más aun, puede anidar en el alma de los llamados a ser dirigentes. Es difícil comprender la profundidad de los sentimientos de Jesús en vísperas de su muerte e imaginar qué sentiría su corazón cuando a su muerte inexorable se agregó la humillación por la traición de sus propios compañeros. Hoy son muchas las causas traicionadas, incluso por quiénes las han liderado en su momento. Y es que la fidelidad, la honestidad y la trasparencia no son fáciles, en cualquier proyecto humano. Hoy como ayer nuestros pueblos han sido engañados por líderes corruptos que los entregan a los poderes de los nuevos imperios; pero la resistencia y la fe se abren camino en medio de tanta traición y engaño. Pidámosle al Dios de la vida que nos dé la capacidad de ser fieles al proyecto de vida que hemos elegido, y nos mantenga firmes en la fe y la esperanza.

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Comentario al Evangelio – 30 de marzo 2015

Habían decidido dar muerte también a Lázaro

Seis días antes de la Pascua Jesús fue a Betania, donde estaba Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos. Le ofrecieron un banquete. Marta servía y Lázaro era uno de los comensales. María tomó una libra de perfume de nardo puro, muy costoso, ungió con él los pies a Jesús y se los enjugó con los cabellos. La casa se llenó del olor del perfume. Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo iba a entregar, dijo: – ¿Por qué no han vendido ese perfume en trescientas monedas para repartirlas a los pobres? Lo decía no porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón; y, como llevaba la bolsa, robaba de lo que ponían en ella. Jesús contestó: – Déjala que lo guarde para el día de mi sepultura. A los pobres los tendrán siempre entre ustedes, pero a mí no siempre me tendrán. Un gran gentío de judíos supo que estaba allí y acudieron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes habían decidido dar muerte también a Lázaro, porque por su causa muchos judíos iban y creían en Jesús.

REFLEXIÓN

Jesús comparte una cena en Betanía con una familia a la que lo unía un gran afecto. Lázaro, al que Jesús había resucitado, corre peligro, porque por su causa ahora la gente cree más en Él quien llegará a su muerte acompañado silenciosamente por la gente humilde que había sido testigo de su amor. Por eso los evangelios no dejan de ir recogiendo los testimonios de este amor simple del pueblo, que cuando quiere de verdad va más allá de todo prejuicio. Jesús, aun en vida, se siente ungido para la muerte, porque el amor desborda el tiempo y el espacio. Frente a la inexorable muerte que le reservan los enemigos de su proyecto, le quedaba la alegría de recoger los testimonios de amor simple y sencillo con los que el pueblo, representado esta vez por una mujer, se adhería silenciosamente a su proyecto. En los días santos que estamos celebrando es preciso poner en las manos y el corazón de Dios a tantas familias y personas necesitadas en nuestros pueblos y ciudades. Ellas, ayer y hoy, siguen siendo los elegidos de Dios para la construcción de su reino. Es tarea nuestra como cristianos establecer lazos de acogida, de solidaridad y de misericordia con quienes más lo necesitan.

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Comentario al Evangelio – 29 de marzo 2015

Pasión de Nuestro Señor Jesucristo

Faltaban dos días para la Pascua. Los sumos sacerdotes y los letrados buscaban apoderarse de él mediante un engaño para darle muerte. Pero decían que no debía ser durante las fiestas, para que no se amotinase el pueblo. Estando él en Betania, invitado en casa de Simón el Leproso, llegó una mujer con un frasco muy costoso de perfume de nardo puro. Quebró el frasco y se lo derramó en la cabeza. Algunos comentaban indignados: –¿A qué viene este derroche de perfume? Se podía haber vendido el perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres. Y la reprendían. Pero Jesús dijo: –Déjenla, ¿por qué la molestan? Ha hecho una obra buena conmigo. A los pobres los tendrán siempre entre ustedes y podrán socorrerlos cuando quieran; pero a mí no siempre me tendrán. Ha hecho lo que podía: se ha adelantado a preparar mi cuerpo para la sepultura. Les aseguro que en cualquier parte del mundo donde se proclame la Buena Noticia, se mencionará también lo que ella ha hecho. Judas Iscariote, uno de los Doce, se dirigió a los sumos sacerdotes para entregárselo. Al oírlo se alegraron y prometieron darle dinero. Y él se puso a buscar una oportunidad para entregarlo.

REFLEXIÓN

La Palabra de Dios se abre hoy con un bello pasaje del profeta Isaías sobre el Mesías, con características muy especiales y significativas para el pueblo que ve la posibilidad de ser liberado de la esclavitud, retornar del exilio y reconstruirse. En ese contexto el Siervo de Yavé es presentado como consuelo para los cansados, fiel y obediente al proyecto del Padre, y humillado, maltratado, pero no derrotado. La segunda lectura presenta una caracterización de Cristo, quien, siendo de naturaleza divina, asumió la condición humana en todo menos en el pecado, y se hizo a sí mismo Siervo obediente a la voluntad del Padre. Esta mirada paulina recoge elementos del mesianismo judío que llegaron al cristianismo, como la entrega y la obediencia, pero incorpora un nuevo elemento: la exaltación. Ahí está la novedad de Jesús como Mesías. Su condición no era sólo humana, sino de un ser humano pobre, fuera de las categorías esperadas para un jefe militar, líder religioso o caudillo político. Jesús va revelando poco a poco un mesianismo diferente; el de ser Hijo de Dios y vincular a la humanidad entera bajo esa condición. En el evangelio leemos hoy el relato de la pasión según Marcos. A partir de ahí se pueden subrayar algunas características del proyecto de Jesús que condicionan el contexto de su pasión, muerte y resurrección, como consecuencias de un proceso de vida y consagración realizado por el Hijo de Dios. En primer lugar, se trata de la causa de los pobres y excluidos. El origen mismo de Jesús, campesino pobre, galileo, nunca convenció a los poderosos y difícilmente a muchos de su propia condición; pero quienes se fueron identificando con él entendieron que Dios se revela en los pobres. El segundo elemento tiene que ver con el talante profético de la predicación de Jesús. Desde sus primeros días en Nazaret comenzó a ser signo de contradicción y a confrontar con hechos y palabras a las autoridades civiles y religiosas. Ahora bien, lo profético no está limitado a la confrontación con el poder establecido, sino a un cambio en la lógica de la autoridad. El tercer elemento es la fidelidad de Jesús al Padre. En la Cuaresma que hoy estamos concluyendo hicimos un recorrido por el evangelio de Juan, quien en repetidas ocasiones hizo referencia a la unidad entre Jesús y el Padre que lo envió, le encomendó una misión y con quien se conocen mutuamente. Este es un tiempo oportuno para renovar nuestro compromiso bautismal, que nos habilita como misioneros al servicio de la vida y nos exige ser profetas de hoy.

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Comentario al Evangelio – 28 de marzo 2015

¿No es mejor que muera uno solo por el pueblo?

Muchos judíos que habían ido a visitar a María y vieron lo que hizo creyeron en Jesús. Pero algunos fueron y contaron a los fariseos lo que había hecho Jesús. Los sumos sacerdotes y los fariseos reunieron entonces el Consejo y dijeron: – ¿Qué hacemos? Este hombre está haciendo muchos milagros. Si lo dejamos seguir así, todos creerán en él, entonces vendrán los romanos y nos destruirán el santuario y la nación. Uno de ellos, llamado Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: – No entienden nada. ¿No ven que es mejor que muera uno solo por el pueblo y no que muera toda la nación? No lo dijo por cuenta propia, sino que, siendo sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús moriría por la nación. Y no sólo por la nación, sino para reunir en la unidad a los hijos de Dios que estaban dispersos. Así, a partir de aquel día, resolvieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se marchó a una región próxima al desierto, a un pueblo llamado Efraín, y se quedó allí con los discípulos. Se acercaba la Pascua judía y muchos subían del campo a Jerusalén para purificarse antes de la fiesta. Buscaban a Jesús y, de pie en el templo, comentaban entre sí: – ¿Qué les parece? ¿Vendrá a la fiesta o no? Los sumos sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes para que quien conociese su paradero lo denunciase, de modo que pudieran arrestarlo.

REFLEXIÓN

Estamos ante el punto central de la vida de Jesús: la razón de su muerte. Ella fue planeada por quienes detentaban el poder, para eliminar al que ponía en peligro sus planes. No fue algo accidental ni querido por Dios. Juan demuestra que la doctrina de Jesús era una amenaza para el sistema social instaurado por judíos y romanos. Creer en él significaba deslegitimar el proyecto social dominante. Y si esto sucedía, el Imperio se defendería con todo su poder. Los poderosos pensaban que si el pueblo se organizaba en torno a las ideas de Jesús, se sacudirían las estructuras de las que ellos mismos formaban parte. Hoy el mundo sigue viviendo en fuerte tensión entre las estructuras de poder y los movimientos populares, sociales y eclesiales. Los sistemas injustos diseñan siempre estrategias de persecución y muerte para autodefenderse; es una realidad que exige de nuestra conciencia y compromiso cristiano, para que tales estructuras sean confrontadas y transformadas, y surjan posibilidades más humanas, justas y solidarias de convivencia.

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Comentario al Evangelio – 27 de marzo 2015

Si no hago las obras de mi Padre, no me crean

Los judíos tomaron piedras para apedrearlo. Jesús les dijo: – Por encargo del Padre les hice ver muchas obras buenas: ¿por cuál de ellas me apedrean? Le contestaron los judíos: – Por ninguna obra buena te apedreamos, sino por la blasfemia, porque siendo hombre te haces Dios. Jesús les contestó: – No está escrito en la ley de ustedes: Yo les digo: ¿son dioses? Si la ley llama dioses a aquéllos a quienes se dirigió la Palabra de Dios, y la Escritura no puede fallar, ¿cómo dicen: Tú blasfemas, al que el Padre consagró y envió al mundo, porque dijo que es Hijo de Dios? Si no hago las obras de mi Padre, no me crean. Pero si las hago, crean en las obras aunque no me crean a mí; así reconocerán y sabrán que el Padre está en mí y yo en el Padre. Entonces intentaron arrestarlo de nuevo, pero él se les escapó de las manos. Pasó de nuevo a la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba en otro tiempo, y se quedó allí. Acudieron muchos a él y decían: – A unque Juan no hizo señal alguna, todo lo que dijo de éste era verdad. Y allí, muchos creyeron en él.

REFLEXIÓN

En el evangelio vemos con claridad la persecución y los deseos desenfrenados que los poderosos tenían de terminar con Jesús, acusándolo del delito de blasfemia. Siempre que él hablaba de Dios pensaba en un Padre que lo amaba como a su Hijo y amaba a la humanidad entera en la que él veía a todos sus hermanos. Es el Dios de la vida digna para todos sus hijos. A Jesús le ilusionaba parecerse a su Padre Celestial. Por eso hacía las obras que sabía eran del agrado del Dios de la justicia. Si trataban de matarlo, debía quedar en claro por cuál de aquellas obras lo condenaban. Y la conclusión era obvia: lo iban a asesinar porque las obras de justicia que él realizaba, y que el propio Dios haría, ponían en evidencia el pecado del mundo, la injusticia de las estructuras de poder. Pongamos en manos de Dios el recorrido que hemos hecho por este tiempo cuaresmal, para que sintiéndonos hijos de Dios seamos capaces de amar sin límites y hacer de la justicia, la verdad y la paz las razones de nuestra existencia.

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Comentario al Evangelio – 26 de marzo 2015

Es mi Padre quien me glorifica

Dijo Jesús: les aseguro que quien cumpla mi palabra no sufrirá jamás la muerte. Entonces le dijeron los judíos: – Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado. Abrahán murió, lo mismo los profetas, y tú dices que quien cumpla tu palabra no sufrirá jamás la muerte. ¿Por quién te tienes? Contestó Jesús: – Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada; es mi Padre quien me glorifica, el mismo que ustedes llaman nuestro Dios, aunque no lo conocen. Yo en cambio lo conozco. Si dijera que no lo conozco, sería mentiroso como ustedes. Pero lo conozco y cumplo su palabra. Abrahán, el padre de ustedes disfrutaba esperando ver mi día: lo vio y se llenó de alegría. Le replicaron los judíos: – No has cumplido cincuenta años, ¿y has conocido a Abrahán? Jesús les dijo: – Les aseguro, antes de que existiera Abrahán, existo yo. Recogieron piedras para apedrearlo; pero Jesús se escondió y salió del templo.

REFLEXIÓN

Asistimos hoy a un diálogo atravesado por el conflicto entre Jesús y los letrados, que se consideran hijos predilectos de Abrahán y los más puros herederos de su tradición. El planteamiento que los judíos hacían a Jesús era precisamente éste: ¿cómo podía hablar de ausencia de muerte, si Abrahán había muerto? ¿Cómo podía hablar del testimonio de Abrahán en su favor, si él era un campesino joven para la sociedad judía? Ser hijo de Abrahán no se entendía, por cierto, de una forma biológica, carnal, sino simbólica o espiritual. Significaba tener las cualidades espirituales de Abrahán y su bella utopía de un pueblo libre. Sólo los amantes de la justicia y de la libertad podían llamarse de verdad hijos del santo patriarca. Lo que los judíos no entendían era el cuestionamiento que Jesús les hacía por sus inconsecuencias. Hoy existen estructuras sociales y eclesiales que creen ser herederas de formas armónicas de convivencia; sin embargo se desatan conflictos serios en los que no siempre brilla la luz de la justicia y la verdad. Es necesario anunciar con fuerza el reino de Dios como gran posibilidad de que en la tierra reinen la verdad y la justicia, con ello se cumplan las esperanzas que por tanto tiempo han alimentado el corazón de los empobrecidos, y se alcance la paz sobre la tierra.

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Comentario al Evangelio – 25 de marzo 2015

Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo

El sexto mes envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen prometida a un hombre llamado José, de la familia de David; la virgen se llamaba María. Entró el ángel a donde estaba ella y le dijo: – Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. Al oírlo, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué clase de saludo era aquél. El ángel le dijo: – No temas, María, que gozas del favor de Dios. Mira, concebirás y darás a luz un hijo, a quien llamarás Jesús. Será grande, llevará el título de Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, para que reine sobre la Casa de Jacob por siempre y su reino no tenga fin. María respondió al ángel: – ¿Cómo sucederá eso si no convivo con un hombre? El ángel le respondió: – El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el consagrado que nazca llevará el título de Hijo de Dios. Mira, también tu pariente Isabel ha concebido en su vejez, y la que se consideraba estéril está ya de seis meses. Pues nada es imposible para Dios. Respondió María: – Yo soy la servidora del Señor: que se cumpla en mí tu palabra. El ángel la dejó y se fue.

REFLEXIÓN

Este evangelio nos enfrenta al misterio de la Encarnación de Dios mismo, quien elige a una mujer sencilla de Nazaret para albergar en su vientre a su Hijo. La vincula así de manera especial a la historia de la salvación. Esta manifestación de Dios sorprende a María, quien en principio no entiende el pedido de Dios; pero se acoge sin reservas a la voluntad divina. María es una mujer creyente que asume la responsabilidad de ser la madre del Salvador y de aportar a la revelación de Dios a la humanidad. Al celebrar la fiesta de la Anunciación es importante tener en cuenta dos aspectos vitales en la experiencia de fe cristiana: primero, la manifestación de Dios a la humanidad a través de personas muy sencillas pero con una fe profunda; segundo, el contenido del anuncio, que es la salvación misma. Hoy, cuando el mundo en el que vivimos se desmorona por el hambre y la tragedia de la guerra; cuando las diferencias sociales y económicas generan tanta injusticia y exclusión, necesitamos anuncios de salvación y testimonios como el de María, para la dignificación de los pobres de la tierra.