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Comentario al Evangelio – 2 de enero 2015

Entre ustedes hay alguien a quien no conocen

Éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos le enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle quién era. Él confesó y no negó; confesó que no era el Mesías. Le preguntaron: –Entonces, ¿eres Elías? Respondió: –No lo soy. –¿Eres el profeta? Respondió: –No. Le dijeron: –¿Quién eres? Tenemos que llevar una respuesta a quienes nos enviaron; ¿qué dices de ti? Respondió: –Yo soy la voz del que grita en el desierto: Enderecen el camino del Señor, según dice el profeta Isaías. Algunos de los enviados eran fariseos y volvieron a preguntarle: –Si no eres el Mesías ni Elías ni el profeta, ¿por qué bautizas? Juan les respondió: –Yo bautizo con agua. Entre ustedes hay alguien a quien no conocen, que viene detrás de mí; y [yo] no soy digno de soltarle la correa de su sandalia. Esto sucedía en Betania, junto al Jordán, donde Juan bautizaba.

REFLEXIÓN

La misión de Juan Bautista es sensibilizar al pueblo para reconocer al ungido de Dios. Pero esta misión choca con una dificultad enorme: la incredulidad. Y el problema no es sólo que no crean en él, sino que tampoco creen en el testimonio de la Escritura. La voz de los profetas, que desde Moisés resuena con toda claridad a través del Antiguo Testamento, parece atenuarse ante la cortina de conveniencias que las autoridades del Templo levantan para proteger sus privilegios. Por esta razón Juan se dirige al desierto. Allí nació el pueblo de Dios. Allí se prepara la venida del Señor. El desierto es la periferia donde nace la alternativa frente a Jerusalén, centro autoritario y opresor.

En nuestro tiempo ocurre algo semejante. Muchos profetas desde la periferia nos llaman a la cordura frente a las locuras del poder; a la sobriedad frente a la embriaguez de consumo en nuestras sociedades. Nosotros debemos elegir. El centro es seguro, pero destructor; la periferia es insegura, pero creativa. Podemos ir al encuentro del Señor allí donde él nos espera con riesgo, o amarrarnos a nuestras seguridades y esperarlo donde no lo dejan llegar.

¿Tomamos el camino de Juan o el de sus inquisidores?

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Comentario al Evangelio – 1º de enero 2015

En aquel tiempo, los pastores fueron rápidamente y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, les contaron lo que les habían dicho del niño. Y todos los que lo oyeron se asombraban de lo que contaban los pastores. Pero María conservaba y meditaba todo en su corazón. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto; tal como se lo habían anunciado. Al octavo día, al tiempo de circuncidarlo, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de que fuera concebido.

REFLEXIÓN

Jesús es nuestra bendición. Y nos bendice en cada etapa de su vida, desde el gozoso anuncio de su nacimiento hasta el gratificante anuncio de su resurrección. Cada año civil comienza con la memoria reciente de su nacimiento entre nosotros, de su crecimiento en “estatura y sabiduría”, de su revelación en el Jordán con el profeta Juan. Así como la luz del sol aumenta hasta transformar la oscuridad, así crece todo el tiempo su presencia en nuestras vidas. ¡Pero el año comienza no sólo con el milagro de la luz! También lo hace con el milagro de la palabra bendita o bendición. La bendición de Israel que aparece en la primera lectura, a pesar de tener más de treinta siglos de existencia, posee una inmensa frescura. Bendecir es hacer el bien con la poderosa fuerza de la Palabra que nace de la gratuidad de un corazón sincero. Esa palabra tiene el poder de exhortar al bien y conjurar el mal, porque la bendición contrarresta el dominio y la seducción que la violencia puede ejercer en nuestras vidas.

El evangelio nos muestra cómo un grupo de humildes pastores descubre una bendición especial para su pueblo en ese niño pobre, hijo de campesinos de Galilea. Como ocurrió con Abraham, Dios bendice a la humanidad a través de un hijo, nacido en circunstancias especiales. Una bendición perdurable que nos ayuda a descubrir nuestra propia vocación como hijas e hijos de Dios. Pablo mismo nos hace comprender que el mayor regalo que nos da Jesús con su pascua es la capacidad de asumir nuestra condición filial. Ya que como ‘hijos e hijas’ tenemos el derecho y la obligación de vivir la realidad presente como un don, como un regalo, como una creación. La palabra nos invita a preguntarnos en este día tan significativo del nuevo año que comienza ¿qué podemos hacer nosotros para bendecir nuestra existencia, para bendecir la naturaleza, para bendecir, en general, la vida?

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Comentario al Evangelio – 31 de diciembre

Jn 1,1-18: La Palabra se hizo carne

Al principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. 2 Ella existía al principio junto a Dios. 3 Todo existió por medio de ella, y sin ella nada existió de cuanto existe. 4 En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres; 5 la luz brilló en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron. 6 –Apareció un hombre enviado por Dios, llamado Juan, 7 que vino como testigo, para dar testimonio de la luz, de modo que todos creyeran por medio de él. 8 Él no era la luz, sino un testigo de la luz. 9 La luz verdadera que ilumina a todo hombre estaba viniendo al mundo. 10En el mundo estaba, el mundo existió por ella, y el mundo no la reconoció. 11Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. 12Pero a los que la recibieron, a los que creen en ella, los hizo capaces de ser hijos de Dios: 13ellos no han nacido de la sangre ni del deseo de la carne, ni del deseo del hombre, sino que fueron engendrados por Dios. 14La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y verdad. 15Juan grita dando testimonio de él: Éste es aquél del que yo decía: El que viene detrás de mí, es más importante que yo, porque existía antes que yo. 16De su plenitud hemos recibido todos: gracia tras gracia. 17Porque la ley se promulgó por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad se realizaron por Jesús el Mesías. 18Nadie ha visto jamás a Dios; el Hijo único, Dios, que estaba al lado del Padre. Él nos lo dio a conocer.

Señor, en este último día del año nos acercamos a ti con nuestra familia, amigos, compañeros
de trabajo o de estudio. Hemos recorrido un año en el que hemos experimentado tu presencia amorosa
y misericordiosa. Hemos vivido momentos felices, tristes, críticos, plenos. Hemos experimentado
el fracaso, la ira y la tristeza. Sentimientos encontrados de egoísmo y generosidad se ha entrecruzado en nuestras actitudes y acciones en estos trescientos sesenta días. En todo caso, te damos gracias. Te presentamos nuestro “balance anual”, el estado de pérdidas y ganancias de los talentos que nos has proporcionado. Algunos se han multiplicado, otros se han diezmado, otros se han perdido u ocultado. Por eso nuestro sentimiento es de alabanza y gratitud, pero también de perdón y conversión.

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Comentario al Evangelio – 30 de diciembre

Lc 2,36-40: Hablaba del niño a todos

Estaba allí la profetisa Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era de edad avanzada, casada en su juventud había vivido con su marido siete años, 37desde entonces había permanecido viuda y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del templo, sirviendo noche y día con oraciones y ayunos. 38Se presentó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a cuantos esperaban la liberación de Jerusalén. 39Cumplidos todos los preceptos de la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. 40El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y el favor de Dios lo acompañaba.

Ayer contemplamos al anciano Simeón. Hoy le corresponde el turno a una anciana, Ana, que tiene el carácter de profetiza. Ella anuncia la liberación para el pueblo personificada en la persona de Jesús. El evangelio de Lucas incorpora en los llamados relatos de infancia a varios ancianos con características proféticas o sacerdotales: Zacarías, Isabel, Simeón y Ana. ¿Cuál es la intención catequética del evangelista? Es afirmar la esperanza del pequeño resto de Israel, de aquel pequeño
grupo que seguía fiel a las promesas de Dios y esperaba el tiempo de la liberación del pueblo
que debería inaugurar y realizar el Mesías prometido y esperado. A veces perdemos la esperanza fácilmente ante tantas dificultades que nos presenta la vida. Dios se nos oscurece en el horizonte de nuestra existencia. No vemos claro el camino a seguir y todo se nos presenta sospechosamente confuso. Se necesita tener un corazón como el de Zacarías, Isabel, Simeón y Ana para no perder la confianza y la esperanza en Dios. A veces la pérdida de valores éticos, morales, espirituales, sociales nos hunden en
el profundo sinsentido. Entonces necesitamos una palabra como la de Simeón para recuperar las ganas de seguir soñando y diseñando otro mundo distinto.

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Comentario al Evangelio – 29 de diciembre

Lc 2,22-35: Luz para alumbrar a las naciones

Y, cuando llegó el día de su purifi cación, 23de acuerdo con la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentárselo al Señor, como manda la ley del Señor: Todo primogénito varón será consagrado al Señor; 24además ofrecieron el sacrificio que manda la ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones. 25Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre honrado y piadoso, que esperaba la liberación de Israel y se guiaba por el Espíritu Santo. 26Le había comunicado el Espíritu Santo que no moriría sin antes haber visto al Mesías del Señor.
27Conducido, por el mismo Espíritu, se dirigió al templo. Cuando los padres introducían al niño Jesús para cumplir con él lo mandado en la ley, 28Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: 29–Ahora,
Señor, según tu palabra, puedes dejar que tu sirviente muera en paz 30porque mis ojos han visto a tu salvación, 31que has dispuesto ante todos los pueblos 32como luz para iluminar a los paganos y como gloria de tu pueblo Israel. 33El padre y la madre estaban admirados de lo que decía acerca del niño. 34Simeón los bendijo y dijo a María, la madre: –Mira, este niño está colocado de modo que todos en Israel o caigan o se levanten; será signo de contradicción 35y así se manifestarán claramente los pensamientos de todos. En cuanto a ti,
una espada te atravesará el corazón.

José y María asumen todas las costumbres y preceptos de su tiempo. Como familia de escasos recursos ofrecen un par de pichones. En aquel momento, ante la expectativa mesiánica, cualquier niño podría ser el Mesías. En este contexto se entiende la profecía del viejo Simeón. El conjunto de este relato confirma el proceso de encarnación de Dios en Jesús. No solo asume la naturaleza humana sino también su historia, su cultura, sus costumbres. La salvación pasa necesariamente por las condiciones humanas. “solo se redime lo que se asume” (San Ireneo). He aquí una bella lección de inserción e inculturación, pero también de universalidad e interculturalidad pues Jesús
es presentado como “Luz para alumbrar a las naciones”. Pregúntate como contribuyes para que el evangelio pueda encarnarse en la cultura de tu entorno ¿Cómo adaptar el evangelio a los lenguajes de hoy?

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Comentario al Evangelio – 28 de diciembre

Lc 2,22-40: El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría

Y, cuando llegó el día de su purifi cación, 23 de acuerdo con la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentárselo al Señor, como manda la ley del Señor: Todo primogénito varón será consagrado al Señor; 24 además ofrecieron el sacrificio que manda la ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones. 25 Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre honrado y piadoso, que esperaba la liberación de Israel y se guiaba por el Espíritu Santo. 26 Le había comunicado el Espíritu Santo que no
moriría sin antes haber visto al Mesías del Señor. 27 Conducido, por el mismo Espíritu, se dirigió al templo. Cuando los padres introducían al niño Jesús para cumplir con él lo mandado en la ley, 28 Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: 29 –Ahora, Señor, según tu palabra, puedes dejar que tu sirviente muera en paz 30 porque mis ojos han visto a tu Salvador, 31 que has dispuesto ante todos los pueblos 32 como luz para iluminar a los paganos y como gloria de tu pueblo Israel. 33 El padre y la
madre estaban admirados de lo que decía acerca del niño. 34 Simeón los bendijo y dijo a María, la madre: –Mira, este niño está colocado de modo que todos en Israel o caigan o se levanten; será signo de contradicción y así se manifestarán claramente los pensamientos de todos. 35 En cuanto a ti, una espada te atravesará el corazón. (…) 39 Cumplidos todos los preceptos de la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. 40 El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y el favor de Dios lo acompañaba.

¡Dios es familia! Comunidad y comunión de personas. Dios se humaniza encarnándose en una familia de Nazaret. Y la familia humana se impregna de la familia divina por el misterio de la encarnación. Al celebrar la tradicional fiesta litúrgica de “la Sagrada Familia” hacemos memoria agradecida de todas nuestras familias. Nos atrevemos a decir que hoy celebramos “el día de la familia cristiana”. Honrar al Padre, respetar a la madre es la recomendación del Ben Sirá (autor del Eclesiástico). Quizá hoy tenemos que trabajar por unas relaciones comunitarias de mutua cooperación y respeto entre todos los miembros de la familia. En la misma clave, el salmo responsorial resalta las bondades de la vida familiar. La unidad familiar es considerada como un don de Dios, La familia es garantía de la trasmisión de la tradición religiosa y de la fidelidad a la alianza con Dios. Los valores de la comunidad creyente deben ser alimentados por la vida familiar. Pablo expone de manera pedagógica los rasgos que caracterizan a la comunidad cristiana. Acto seguido presenta las exigencias de la vida familiar en las relaciones
entre esposos, padres e hijos, hermanos y hermanas. Obediencia, amor entrañable, respeto mutuo son signo de amor de Dios revelado en Jesucristo y comunicado a su esposa, la iglesia. Detengámonos un momento en los personajes que nos presenta el evangelio. María y José se manifiestan como fieles cumplidores de los preceptos del Señor: van al tempo a cumplir con los ritos de purificación de la madre y ofrecimiento del primogénito. Los ancianos Simeón y Ana simbolizan la esperanza espiritual y profética del pequeño resto de Israel que ven en el niño el cumplimiento de las promesas de Dios. El niño crece en sabiduría y en gracia, es decir, se va formando para realizar la misión encomendada por el Padre. Probablemente hoy ha cambiado la manera de entender la familia. Las relaciones no pueden ser verticales, piramidales y autoritarias sino horizontales, comunitarias y dialogantes. Difícil tarea, pero es la más cercana al evangelio de Jesús ¿cómo está tu vida familiar? ¿Cómo crecer en sabiduría y gracia (todos) delante de la comunidad y del Señor? ¿Es tu vida, luz para iluminar a tu comunidad y testimonio de la gloria de Dios?

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Comentario al Evangelio – 27 de diciembre

Jn 20,2-8: El otro discípulo corría más que Pedro

Llega corriendo a donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, el que era muy amigo de Jesús, y les dice: –Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto. 3Salió Pedro con el otro discípulo y se dirigieron al sepulcro. 4Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corría más que Pedro y llegó primero al sepulcro. 5Inclinándose vio las sábanas en el suelo, pero no entró. 6Después llegó Simón Pedro, que le seguía y entró en el sepulcro. Observó los lienzos en el suelo 7y el sudario que le había envuelto la cabeza no en el suelo con los lienzos, sino enrollado en lugar aparte. 8Entonces entró el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

La tradición cristiana ha enseñado que Juan, discípulo de Jesús, es el mismo discípulo amado del que nos habla el evangelio de San Juan. También se ha afirmado que el discípulo Juan es el mismo autor del cuarto evangelio, de las cartas que llevan su nombre y del apocalipsis. Los estudiosos de la Biblia nos dice
que se trata de personajes diferentes pero que comparten una misma espiritualidad que se manifiesta en rasgos comunes en sus escritos. Para nosotros lo importante es que se trata de un testigo excepcional por su cercanía con la persona de Jesús. Además de la cercanía física lo más importante es la cercanía espiritual. El evangelista Juan se diferencia de los tres evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) por la profundidad teológica de su obra. No le interesa tanto los datos históricos cuanto la contemplación del misterio de Cristo revelado en sus obras y palabras. Para el autor del cuarto evangelio Cristo Jesús es el Mesías de Dios, que inaugura una nueva creación, un nuevo tiempo de salvación para toda la humanidad. Te invitamos a leer, orar y contemplar los textos joánicos en comunidad para beber la riqueza de este evangelio del Espíritu, fortalecer la fe y renovar el compromiso.

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Comentario al Evangelio – 26 de diciembre

Mt 10,17-22: No serán ustedes los que hablen

¡Cuidado con la gente!, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en sus sinagogas. 18Los harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos y los paganos. 19Cuando los entreguen, no se preocupen por lo que van a decir; 20pues no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu de su Padre hablará por ustedes. 21Un hermano entregará a la muerte a su hermano, un padre a su hijo; se rebelarán hijos contra padres y los matarán. 22Serán odiados por todos a causa
de mi nombre. Quien resista hasta el final se salvará.

“Se nos aguó la fiesta” dirían en alguna parte. Ayer todo era fiesta y alegría y hoy nos presentan episodios un poco apesadumbrados. Ayer hablábamos de nacimiento y hoy hablamos de persecución y martirio. Aparentemente no habría lógica o continuidad. Pero no. La lógica de Dios es muy diferente a la lógica humana, lo decimos una vez más. El nacimiento de Jesús no puede ser un acontecimiento para recordar, admirar y celebrar. Es, ante todo, adherirse a su persona y, por supuesto, a su causa. María asume las consecuencias dolorosas al aceptar la misión que Dios le confía. Juan sufre el martirio como consecuencia de su predicación de conversión como preparación a la manifestación pública de Jesús. Esteban, el primer mártir cristiano, es consecuente con el seguimiento de Jesús. Cómo Él tiene que
“cargar la cruz” y “beber el cáliz de Jesús”. La alegría navideña no debe empañar de ninguna manera lo fundamental de estas celebraciones que no es otra cosa que ayudarnos a clarificar y fortalecer el compromiso bautismal y la fidelidad hasta el extremo en el seguimiento de Jesús. Así lo han vivido los miles de mártires de la historia cristiana, particularmente de América Latina y el Caribe.

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Comentario al Evangelio – 25 de diciembre

Jn 1,1-18: La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros

Al principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. 2
Ella existía al principio junto a Dios. 3 Todo existió por medio de ella, y sin ella nada existió de cuanto existe. 4 En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres; 5 la luz brilló en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron. 6 –Apareció un hombre enviado por Dios, llamado Juan, 7
que vino como testigo, para dar testimonio de la luz, de modo que todos creyeran por medio de él. 8
Él no era la luz, sino un testigo de la luz. 9 La luz verdadera que ilumina a todo hombre estaba viniendo al mundo. (…) 14La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y verdad. 15Juan grita dando
testimonio de él: Éste es aquél del que yo decía: El que viene detrás de mí, es más importante que yo, porque existía antes que yo. 16De su plenitud hemos recibido todos: gracia tras gracia. 17Porque la ley se promulgó por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad se realizaron por Jesús el Mesías. 18Nadie ha visto jamás a Dios; el Hijo único, Dios, que estaba al lado del Padre. Él nos lo dio a conocer.

¡Feliz navidad! ¡Un abrazo fraterno y solidario para todos los lectores-orantes del Diario Bíblico! Feliz libertad hermanos! ¡Hoy nos ha nacido un salvador, el mesías, el Señor, el gran liberador! Él
es “Palabra de Dios”. En él la Palabra de Dios ha cobrado humanidad, se ha hecho historia, se ha revestido de cercanía y vecindad. Con la encarnación de Dios en Jesús se inaugura una nueva creación.
Es lo que hoy celebramos con gozo inmenso. Es el día de la gran revelación del amor de Dios a la
humanidad, “tanto amó Dios al mundo que le ha dado a su Hijo único” (Jn 3,16-17). En días pasados
hemos hablado de misericordia, compasión, liberación, salvación. Todo eso se sintetiza en la
encarnación. Podríamos decir que “el amor se hizo persona humana y habitó en medio de nosotros”.
Que nuestra palabra en este día sea capaz de comunicar vida, paz, amor y esperanza para todos,
especialmente para quienes sufren por diversas razones y situaciones.

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Comentario al Evangelio – 24 de diciembre

Lc 1,67-79: Nos visitará el sol que nace de lo alto

Su padre Zacarías, lleno de Espíritu Santo, profetizó: 68Bendito el Señor, Dios de Israel, porque se ha ocupado de rescatar a su pueblo. 69Nos ha dado un poderoso Salvador en la Casa de David, su siervo, 70como había prometido desde antiguo por boca de sus santos profetas: 71para salvarnos de nuestros enemigos, y del poder de cuantos nos odian, 72manifestando su bondad a nuestros padres y recordando su alianza sagrada, 73lo que juró a nuestro padre Abrahán, que nos concedería, 74ya liberados del
poder enemigo, lo sirvamos sin temor en su presencia, 75con santidad y justicia toda la vida. 76Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque caminarás delante del Señor, preparándole el camino; 77anunciando a su pueblo la salvación por el perdón de los pecados. 78Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará desde lo alto un amanecer 79que ilumina a los que habitan en tinieblas y en sombras de muerte, que endereza nuestros pasos por un camino de paz.

Dijimos que la fiesta por el nacimiento de Juan se iba a extender por dos días. Pues bien, hoy es el segundo día. El gozo y la alegría de todos, especialmente de Zacarías han llegado a su clímax. Por estos días, se acostumbra en algunos lugares, cantar villancicos y cantos navideños. Pues también el viejo sacerdote Zacarías canta su propio villancico. Su cántico está en perfecta sintonía con el cántico de María. Estamos ante una magistral pieza literaria donde lo histórico está mediado por la intencionalidad teológica. Hay una correlación casi directa entre estas dos piezas que recogen los mejores textos del primer Testamento. En ellas se resalta, una vez más, la actuación de Dios a favor de su pueblo movido por su infinita misericordia. Unamos nuestras voces a la de Zacarías porque Dios sigue rescatando a su pueblo a través de las Iglesias, movimientos, comunidades y grupos apostólicos que han
comprendido su misión como los nuevos precursores “de los caminos del Señor”. Dios cumple sus promesas, sigue salvando, sigue sembrando de paz nuestros caminos y veredas a pesar de los aires de guerra y destrucción que se respiran en el ambiente. “Endereza nuestros pasos por los caminos de la paz”.

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Comentario al Evangelio – 23 de diciembre

Lc 1,57-66: El nacimiento de Juan Bautista

Cuando a Isabel se le cumplió el tiempo del parto, dio a luz un hijo. 58 Los vecinos y parientes, al enterarse de que el Señor la había tratado con tanta misericordia, se alegraron con ella.
59 Al octavo día fueron a circuncidarlo y querían llamarlo como su padre, Zacarías. 60 Pero la madre intervino: –No; se tiene que llamar Juan. 61 Le decían que nadie en la parentela llevaba ese nombre. 62 Preguntaron por señas al padre qué nombre quería darle. 63 Pidió una pizarra y escribió: Su nombre es Juan. Todos se asombraron. 64 En ese instante se le soltó la boca y la lengua y se puso a hablar bendiciendo a Dios. 65 Todos los vecinos quedaron asombrados; lo sucedido se contó por toda la serranía de Judea 66 y los que lo oían reflexionaban diciéndose: –¿Qué va a ser este niño? Porque la mano del Señor lo acompañaba.

El viernes pasado acompañamos al anciano Zacarías y a su mujer, Isabel, en el relato de la anunciación del nacimiento de su hijo Juan. ¡Cómo pasa el tiempo! Hoy vamos a celebrar el nacimiento de este niño, Juan, que “irá delante del Señor a preparar su camino”. Todo nacimiento implica fiesta, por lo menos en la mayoría de los casos. Participemos, entonces de esta fiesta que va a durar dos días, hoy y mañana. Es la fiesta de la misericordia de Dios. Juan significa “Dios ha sido misericordioso”
o “pleno de gracia”. El nacimiento de este niño revela la misericordia de Dios para con la humanidad. En el nacimiento de Juan podemos contemplar y experimentar la cercanía de Dios que tiene compasión-misericordia de todos nosotros. Es la respuesta de Dios a la tragedia humana que se manifiesta en la injusticia, la violencia, la opresión, la contaminación ambiental, la destrucción de la vida. Las víctimas de todas las formas de violencia y discriminación son objeto de la misericordia y la compasión. A ti y a mí, como a Juan, nos corresponde ser signo, sacramento, mediación humana de la
misericordia divina mediante el ejercicio permanente de la caridad y la solidaridad.

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Comentario al Evangelio – 22 de diciembre

Lc 1,46-56: El Poderoso ha hecho obras grandes por mí María dijo: Mi alma canta la grandeza del Señor, 47mi espíritu festeja a Dios mi salvador, 48porque se ha fijado en la humildad de su sirvienta y en adelante me felicitarán todas las generaciones. 49Porque el Poderoso ha hecho grandes cosas por mí, su nombre es santo. 50Su misericordia con sus fi eles se extiende de generación en generación. 51Despliega la fuerza de su brazo, dispersa a los soberbios en sus planes, 52derriba del trono a los poderosos y
eleva a los humildes, 53colma de bienes a los hambrientos y despide vacíos a los ricos. 54Socorre a Israel, su siervo, recordando la lealtad, 55prometida a nuestros antepasados, en favor de Abrahán
y su descendencia para siempre. 56María se quedó con ella tres meses y después se volvió a casa.

¡Cómo no cantar las maravillas del Señor! ¡Cómo no proclamar el derroche de misericordia
de Dios para con su pueblo! ¡Cómo no gritar a los cuatro vientos que Dios sigue prefiriendo
a los pequeños, a los empobrecidos, a los excluidos, a los que no cuentan! ¡Sí! ¡Definitivamente
Dios no se olvida de su misericordia a favor de su pueblo! Es que Dios se revela a los
pequeños y se oculta a soberbios y poderosos (Mt 11,25-27). ¡Cómo no maravillarse porque
Dios ha escogido lo que el mundo tiene por basura para revelar su amor y su misericordia! (1
Cor 1,27) El cántico de María se une al cántico de todas las mujeres y hombres que en todos
los tiempos y lugares tienen la sensibilidad espiritual para encontrar en lo pequeño, lo humilde,
lo sencillo y lo insignificante, el poder liberador de Dios. ¿Y tú? ¿Te unes a estos sentimientos
de María, de todas las marías del mundo que son capaces de contemplar las maravillas de
Dios a favor de los empobrecidos del mundo en la historia cotidiana? ¡Cuánta misericordia
(amor desbordado) ha tenido Dios contigo! Te propongo que escribas, junto con tu grupo o
comunidad, tu propio “magníficat”.