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Comentario al Evangelio – 5 de julio 2015

No desprecian a un profeta más que en su tierra En aquel tiempo, se dirigió Jesús a su ciudad acompañado de sus discípulos. Un sábado se puso a enseñar en la sinagoga y la multitud que lo escuchaba comentaba asombrada: –¿De dónde saca éste todo eso? ¿Qué clase de sabiduría se le ha dado, que tamaños milagros realiza con sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago y José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas? Y esto era para ellos un obstá- culo. Jesús les decía: –A un profeta sólo lo desprecian en su patria, entre sus parientes y en su casa. Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de sanar a unos pocos enfermos a quienes impuso las manos. Y se asombraba de su incredulidad. Después recorría los pueblos vecinos enseñando.

REFLEXIÓN

Este texto de Marcos corresponde a una segunda parte de su evangelio que describe los grupos que acompañan a Jesús o se relacionan con él: la muchedumbre, los parientes, los escribas, los enfermos -endemoniados, y finalmente sus paisanos. Cada grupo tiene una actitud particular que depende de la fe y de la posición que toma frente a ese extraño y novedoso profeta. Al final se puede ser discípulo suyo o quedarse por fuera. Hoy contrasta la actitud de los paisanos con la fascinación que tienen las muchedumbres frente a las palabras “que salen de su boca” y los signos que hace Jesús. De todas formas, el Maestro logra que sus paisanos se interroguen. Y el evangelio de Marcos es en definitiva la respuesta a esa pregunta sobre “¿quién es Jesús?”. Pero los paisanos del carpintero se quedaron en las formas exteriores, en lo tradicional, en lo cotidiano; no fueron capaces de trascender y llegar hasta el corazón de las palabras y los hechos de Jesús, y se perdieron la oportunidad de conocer a fondo la propuesta novedosa del reino. Se quedaron sin conocer a Jesús, al que tenían tan cerca. Resaltando la actitud de los paisanos, incrédula, sarcástica y grosera, detengámonos en la respuesta de Jesús: “A un profeta sólo lo desprecian en su patria, entre sus parientes y en su casa”. Y señalemos algunas características del profeta que nos sirvan para la reflexión personal y comunitaria en este Día del Señor. En la misión del profeta hay drama y desconcierto, incomprensión y persecución. También hay cercanía con Dios y los hermanos; está el gozo que dan la oración y la familiaridad con la Palabra. Y todo esto lo ratifica la vida del mismo Jesús. En vista del rechazo de sus vecinos, Jesús, el profeta, se va a cumplir su misión a otra parte; a decir su palabra a otro auditorio que sí lo quiera escuchar; a enriquecer a otros que sean capaces de vivir su propuesta. La dinámica del reino de Dios continúa. La primera lectura y el evangelio se complementan en el tema de la terquedad y rebeldía del pueblo; Nazaret es simplemente la copia en pequeño de todo Israel, donde la voz de los profetas es acallada, ignorada o criticada, igual aquí que allá. También en nuestro contexto sociocultural existen muchos obstáculos para que el reino de Dios se instaure en medio de nosotros. Obstáculos promovidos por los centros de poder injusto y abusivo; los ambientes intolerantes y autosuficientes; los medios de comunicación social que orquestan las estructuras sociales y el tipo de cultura que a sus dueños les convienen, y los que pretenden edificar la vida prescindiendo del Evangelio. También nosotros, incluso sin darnos cuenta, podemos ser obstáculo a los cambios que propició el Maestro Jesús, sobre todo cuando no somos testigos fieles del Evangelio que profesamos desde el día de nuestro bautismo. Pero aun más grave es cuando desconocemos y aislamos a personas que nos resultan incómodas porque su palabra o su vida nos cuestionan profundamente en nuestra coherencia de vida.

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Comentario al Evangelio – 4 de julio 2015

Cuando les arrebaten al novio, ayunarán

Se acercaron a Jesús los discípulos de Juan y le preguntaron: –¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, mientras que tus discípulos no ayunan? Jesús les respondió: –¿Pueden los invitados a la boda estar tristes mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que les arrebaten el novio y entonces ayunarán. Nadie usa un trozo de tela nueva para remendar un vestido viejo; porque lo añadido tira del vestido y la rotura se hace más grande. Ni se echa vino nuevo en odres viejos, pues los odres reventarían, el vino se derramaría y los odres se echarían a perder. El vino nuevo se echa en odres nuevos, y los dos se conservan.

REFLEXIÓN

Los discípulos de Juan, uno de los grupos de la época de Jesús, también toman posición ante las actitudes y enseñanzas de Jesús. La religión judía veía en el ayuno y otras prácticas religiosas, tales como el descanso sabático, pago de diezmos, oraciones múltiples, lavado de manos y vajilla y muchas otras, una manera de unirse a Dios. Estas prácticas determinaban incluso la fidelidad o no a la alianza entre el pueblo elegido y su Dios. Pues bien, hoy se le pregunta a Jesús por qué sus discípulos no ayunan. Y él responde con un elemento fundamental de su predicación y enseñanza: La novedad del reino de Dios es ir ligado a la libertad. Ese es el sentido que tiene la pequeña parábola que el Señor usa para responder. A la práctica del ayuno, y sobre todo a la manera en que lo practicaban los grupos judíos (incluso los fariseos, según el texto), Jesús responde señalando que lo supremo y absoluto en la novedad del reino que él predica es la presencia definitiva de Dios en la historia (el novio en la fiesta), y dice que esa novedad no pega con la vieja estructura del judaísmo, que ha producido hombres y mujeres esclavos de las normas, el ayuno, el descanso y una larga lista (la tela nueva en el vestido viejo). En cambio el novio, la fiesta, la alegría y la libertad que produce el anuncio del reino están por encima de cualquier práctica o norma religiosa. Preguntémonos seriamente: ¿cómo vivimos la novedad y la libertad del reino que cada día nos sigue anunciando Jesús?

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Comentario al Evangelio – 3 de julio 2015

¡Señor mío y Dios mío!

Tomás, llamado Mellizo, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: –Hemos visto al Señor. Él replicó: –Si no veo en sus manos la marca de los clavos, si no meto el dedo en el lugar de los clavos, y la mano por su costado, no creeré. A los ocho días estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y Tomás con ellos. Se presentó Jesús a pesar de estar las puertas cerradas, se colocó en medio y les dijo: –La paz esté con ustedes. Después dice a Tomás: –Mira mis manos y toca mis heridas; extiende tu mano y palpa mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe. Le contestó Tomás: –¡Señor mío y Dios mío! Le dice Jesús: –Porque me has visto, has creído; felices los que crean sin haber visto.

REFLEXIÓN

Celebramos hoy al apóstol Tomás en su vocación y respuesta, y lo consideramos cimiento de la comunidad sin saber mucho de su vida y lo que hizo después de la Resurrección. Es uno de los seguidores más cercanos a Jesús; por eso lo festejamos. Recordamos su testimonio porque sirve de ejemplo, que es el sentido que tiene para la comunidad la celebración de los santos. Ellos son modelos a imitar en su relación con el Maestro. Miramos así tres elementos en Tomás: uno, su seguimiento de Jesús. Los relatos evangélicos lo presentan como alguien que hizo el camino del Maestro. En ese seguimiento, de seguro cambió de proyectos: tuvo que dejar a los suyos y sus cosas para irse tras la propuesta del reino. Dos, su testimonio del Resucitado. El evangelio resalta su incredulidad inicial: en la primera aparición no estaba, y tercamente se aferra a elementos racionales y físicos que le sirvan de prueba: las heridas en manos, pies y costado. Pero al presentarse Jesús resucitado, sin necesidad de meter dedos o mano se convence ante su presencia de que su amigo Jesús vive, y lo proclama “¡Señor mio y Dios mio!!”, con una fe profunda en el Resucitado presente en su vida. Y tres, aunque no es dato evangélico, lo imaginamos saliendo de Judea como los otros apóstoles, a predicar la Buena Nueva a todas las naciones, fiel a la misión que les da Jesús antes de irse al Padre. Así, se dice que Tomás evangelizó en la India. Esta fiesta es una ocasión para revisar nuestra vivencia cristiana, personal y comunitaria, de la Buena Noticia; un motivo para mirarnos al espejo de los mayores que vivieron antes que nosotros la fe en Jesús Resucitado.

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Comentario al Evangelio – 2 de julio 2015

Alababan a Dios, por dar a los hombres tal potestad

Jesús subió a una barca, cruzó a la otra orilla y llegó a su ciudad. Le trajeron un paralítico tendido en una camilla. Al ver Jesús la fe que tenían, dijo al paralítico: – ¡Ánimo, hijo! Tus pecados te son perdonados. Entonces algunos letrados pensaron: Este blasfema. Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: – ¿Por qué piensan mal? ¿Qué es más fácil: decir se te perdonan tus pecados, o decir levántate y camina? Pues, para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados, dirigiéndose al paralítico, le dijo: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. Él se levantó y se fue a su casa. La multitud al verlo quedó atemorizada y daba gloria a Dios por haber dado tal autoridad a los hombres.

REFLEXIÓN

Sin entrar en muchos detalles, cosa que sí hace Marcos en este caso (Mc 2,1-12), lo que le interesa a Mateo es resaltar la diferencia entre quienes se acercan a Jesús con fe -y como consecuencia se resalta el gran poder de Cristo que acredita el relato- y los que llegan a él con actitudes ya preconcebidas, y por eso no son capaces de reconocer el poder de Dios que actúa en él. Esta vez son un grupo de letrados los que se oponen, criticando, a las actitudes de Jesús frente a los enfermos y desvalidos. Y lo hacen invocando incluso la autoridad de Dios, contra quien consideran que Jesús blasfema. No es raro que esto suceda. El Señor dirá en otra ocasión: “llegará el día en que incluso los maten y crean que están dando gloria a Dios”. Mateo ha colocado en un solo bloque todas las oposiciones que sufre el reino. Ayer fue en la región de Gadara, hoy en Cafarnaún, la ciudad habitual de Jesús junto al lago. Ayer fue una población entera, hoy un grupo de letrados. Ayer, para preservar los intereses económicos; hoy, para defender la pureza religiosa. Siempre habrá un pretexto para cuestionar la salvación que ofrece Jesús a todos los seres humanos. En cuanto a nosotros, ¿no buscamos también a veces la forma de desprestigiar a personas que trabajan por la liberación integral de la humanidad, tal vez porque no son de los nuestros?

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Comentario al Evangelio – 1º de julio 2015

¿Viniste a atormentarnos antes de tiempo?

Al llegar a la otra orilla y entrar en territorio de Gadara, fueron al encuentro de Jesús dos endemoniados salidos de los sepulcros; eran tan violentos que nadie se atrevía a pasar por aquel camino. De pronto se pusieron a gritar: – ¡Hijo de Dios!, ¿qué tienes con nosotros? ¿Has venido antes de tiempo a atormentarnos? A cierta distancia había una gran piara de cerdos pastando. Los demonios le suplicaron: – Si nos expulsas, envíanos a la piara de cerdos. Él les dijo: – Vayan. Ellos salieron y se metieron en los cerdos. La piara en masa se lanzó por un acantilado al lago y se ahogó en el agua. Los pastores huyeron, llegaron a la población y contaron lo que había sucedido con los endemoniados. Toda la población salió al encuentro de Jesús y al verlo le suplicaban que se fuera de su territorio.

REFLEXIÓN

En el evangelio de Mateo nos encontramos con una realidad interesante: la enfermedad considerada obra del demonio o castigo de Dios. Como en otras religiones la Biblia la consideraba, en muchas partes, consecuencia del pecado: (Eclo 31,15; Mt 9,2-7; Jn 5,14; 9,2), o efecto de la posesión diabólica: (Sal 78,50; 91,3.6; Mc 9,25-29); Jesús no rechaza esta creencia, lo leemos hoy, pero la relativiza no sólo con su palabra, sino con sus milagros en favor de tantos enfermos que él sana. Estos milagros son signos de la llegada del reino, del cumplimiento de la salvación de Dios en favor de los que sufren; son, incluso, parte de la lucha de Jesús con las fuerzas enemigas del reino. Estos enemigos pueden ser grupos organizados como el de los fariseos y saduceos, o todo un pueblo que le pide que se vaya porque afecta sus intereses. Hoy son muchas las amenazas que acechan contra la fe de los cristianos. Muchos “endemoniados” sutiles impregnan las diversas estructuras sociales, religiosas, culturales, etc. Pero la fuerza del Espíritu que actúa en los creyentes comprometidos y fieles al Señor Jesús puede derrotar esas fuerzas del mal. Habrá que arrojarlas al “mar de la confusión y del caos” para que los seres humanos que están bajo su influencia puedan gozar de la libertad de los hijos de Dios.

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Comentario al Evangelio – 30 de junio 2015

Increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma

Cuando Jesús subía a la barca, le siguieron los discípulos. De pronto se levantó tal tempestad en el lago que las olas cubrían la embarcación; mientras tanto, él dormía. Los discípulos se acercaron y lo despertaron diciendo: – ¡Señor, sálvanos, que nos hundimos! Él les dijo: – ¡Qué cobardes y hombres de poca fe son! Se levantó, increpó a los vientos y al lago, y sobrevino una gran calma. Los hombres decían asombrados: – ¿Quién es éste, que hasta los vientos y el lago le obedecen?

REFLEXIÓN

Los discípulos se sienten apabullados ante la magnitud de las olas. Esta imagen representa a la pequeña comunidad cristiana después de la muerte de Jesús. Antes, cuando estaban en la orilla segura junto al Maestro, se sentían capaces de vencer al mundo; ahora, en medio de las adversidades de la historia, mientras el Maestro yace dormido en el fondo de la barca, todos se aterrorizan y claman a grandes voces. Jesús calma el temor y les exige la respuesta de la fe. Esta imagen de la barca abatida por las olas la podemos aplicar a las comunidades cristianas. En ciertos momentos de la historia se sienten poderosas, capaces de doblegar el destino; sin embargo, ante la vastedad y complejidad de la historia, la comunidad eclesial es apenas un trozo de madera que sobrevive más por la gracia de Dios que por la pericia de pilotos y tripulantes. La única tabla de salvación a la que puede recurrir la comunidad es la experiencia del Resucitado, que le exige la respuesta de la fe y la fidelidad. La tripulación debe sobreponerse, navegar hasta la otra orilla y no ceder a la tentación del pánico o de querer retroceder.

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Comentario al Evangelio – 29 de junio 2015

Sobre esta piedra construiré mi Iglesia

Cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Felipe, preguntó a los discípulos: – ¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? Ellos contestaron: – Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, que es Elías; otros, Jeremías o algún otro profeta. Él les dijo: – Y ustedes, ¿quién dicen que soy? Simón Pedro respondió: –Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Jesús le dijo: – ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre del cielo! Pues yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra construiré mi Iglesia; y el imperio de la muerte no la vencerá. A ti te daré las llaves del reino de los cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo; lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.

REFLEXIÓN

Pedro y Pablo representan dos caminos diferentes y complementarios de edificación de la iglesia. Pedro, un humilde pescador de Galilea, compañero de andanzas de Jesús, hombre sincero y temerario, representa a ese pueblo sencillo que acoge con alegría y ardoroso corazón la invitación de Jesús al seguimiento. Pablo, en cambio, hijo de una familia notable, ciudadano romano, hombre ilustrado y profundo conocedor de las Escrituras, representa a esa parte del pueblo de Dios que se siente deslumbrada por el llamado de Cristo y se vuelca completamente al servicio de todos los hermanos. Los dos emprenden, por caminos diferentes, la vía que los conducirá a Roma y al martirio. Pedro y Pablo median en los muchos conflictos y dificultades de la comunidad naciente; y aunque tienen titubeos, orientan sabiamente al pueblo que Jesús les ha encomendado y llevan su testimonio de fidelidad hasta el martirio. Los dos se constituyen en verdaderas columnas que sostienen a la comunidad creyente en medio de las dificultades y persecuciones. Hoy debemos preguntarnos si, como cristianos, somos capaces de fundir la tenaz fidelidad de Pedro y la capacidad de Pablo para servir al pueblo cristiano y conducirlo sabiamente por los caminos del Señor.

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Comentario al Evangelio – 28 de junio 2015

Contigo hablo, niña, levántate

En aquel tiempo, Jesús atravesó, de nuevo en la barca, a la otra orilla, y se reunió junto a él un gran gentío. Estando a la orilla del lago, llegó un jefe de la sinagoga llamado Jairo, y al verlo se postró a sus pies y le suplicó insistentemente: –Mi hijita está agonizando. Ven y pon las manos sobre ella para que sane y conserve la vida. Se fue con él. Le seguía un gran gentío. Aún estaba hablando cuando llegaron los enviados del jefe de la sinagoga para decirle: –Tu hija ha muerto. No sigas molestando al Maestro. Jesús, escuchando lo que hablaban, dijo al jefe de la sinagoga:

–No temas, basta que tengas fe. No permitió que lo acompañase nadie, salvo Pedro, Santiago y su hermano Juan. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga, vio el alboroto y a los que lloraban y gritaban sin parar. Entró y les dijo: –¿A qué viene este alboroto y esos llantos? La muchacha no está muerta, sino dormida. Se reían de él. Pero él, echando afuera a todos, tomó al padre, a la madre y a sus compañeros y entró adonde estaba la muchacha. Agarrando a la niña de la mano, le dijo: Talitha qum –que significa: Chiquilla, te lo digo a ti, ¡levántate! Al instante la muchacha se levantó y se puso a caminar –tenía doce años–. Ellos quedaron fuera de sí del asombro. Entonces les encargó encarecidamente que nadie lo supiese. Después dijo que le dieran de comer.

REFLEXIÓN

La igualdad forma parte fundamental en el anuncio cristiano de Pablo. Sin igualdad será imposible que haya justicia y paz. Jesús mismo, siendo rico, se hizo pobre como nosotros, por pura solidaridad y para demostrarnos que si queremos construir un mundo lleno de paz y de justicia, tenemos que empezar por ser iguales en dignidad y derechos. Definitivamente la fe en Jesús está íntimamente ligada a la vida. Creer en Jesús es participar de la vida. Dios se manifiesta en Jesús como un “Dios de vivos y no de muertos”. Así lo expresa el pasaje del libro de Sabiduría que hemos leído. La vida cristiana es un compromiso por la vida y con la vida. Comprometerse con la vida significa compartir con los necesitados; buscar la justicia para todos; promover espacios de solidaridad y fraternidad; apoyar y participar en proyectos que contribuyan a crear un ambiente de paz, y cuidar la vida como don de Dios. Esto es lo que Pablo quiere decir a los Corintios. En el relato de la resurrección de la hija de Jairo, su padre, siendo jefe de la sinagoga, manifiesta una fe absoluta en Jesús. Le suplica “con insistencia” que vaya a poner las manos sobre ella para que se cure. Jesús accede. Pero, yendo a ver a la niña se le acerca una mujer que lleva doce años sufriendo de hemorragia. Su situación es desesperada. Está impura por su flujo de sangre, y debe ser tratada como tal. No tiene acceso al lugar sagrado. Todo lo que toque queda impuro. Pero sobrepasa las barreras impuestas y decide tocar las vestiduras de Jesús. En seguida siente que ha sido curada. Jesús confirma la curación y manda a casa a la mujer, que se constituye en modelo de fe y confianza en él. Mientras tanto llega la noticia de la muerte de la niña. Pero Jesús va a la casa e interrumpe las ceremonias funerarias. Proclama que la niña no está muerta, sino dormida. Tomándola de la mano le manda que se levante. Ella se incorpora en seguida. La niña come y camina como un signo de su incorporación a la vida. El milagro de sacar a una mujer del aislamiento físico, religioso y social, y el de devolver la vida a una niña, dejan en claro que el espíritu de Dios, que elimina las fronteras que separan el cielo de la tierra, lo puro de lo impuro, al judío del gentil, al reino del mal del reino de Dios, es el reino de la resurrección y la vida en abundancia. En medio de la maldad, la exclusión y la injusticia, el reino de Dios avanza hacia su segura culminación.

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Comentario al Evangelio – 27 de junio 2015

No he encontrado una fe semejante en ningún israelita

Un centurión se acercó a Jesús y le suplicó:
– Señor, mi muchacho está postrado en casa, paralítico, y sufre terriblemente.
Le dijo: – Yo iré a sanarlo.
Pero el centurión le replicó:
– Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que digas
una palabra y mi muchacho quedará sano.
Al oírlo, Jesús se admiró y dijo a los que le seguían:
– Les aseguro que no he encontrado una fe semejante en ningún
israelita. Les digo que muchos vendrán de oriente y occidente y se
sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos. Al centurión,
Jesús le dijo:
– Ve y que suceda como has creído.
En aquel instante el muchacho quedó sano.
Entrando Jesús en casa de Pedro, vio a su suegra acostada con fiebre.
La tomó de la mano, y se le pasó la fiebre; entonces ella se levantó
y se puso a servirle. Al atardecer le trajeron muchos endemoniados. Él,
con una palabra, expulsaba los demonios, y todos los enfermos sanaban.
Así se cumplió lo anunciado por el profeta Isaías: El tomó nuestras
debilidades y cargó con nuestras enfermedades.

REFLEXIÓN

Cuando el cristianismo nació como movimiento social y religioso, su
reducida cantidad de integrantes le permitía tener un diálogo abierto
y creativo con la gran variedad de expresiones religiosas del momento.
La manifestación de fe del centurión sobrepasa las expectativas
de todos, incluso del mismo Jesús, que queda sorprendido con la
respuesta clara y serena del oficial romano. El centurión no pedía
un favor para él, sino para uno de su ‘casa’; para una persona que,
aunque vivía bajo el régimen de la servidumbre, estaba bajo su directa
responsabilidad. El centurión reconocía incluso, con gran humildad, que
él, como soldado, también estaba sujeto a un ordenamiento superior.
Y lo más sorprendente de la escena es que el oficial romano se coloca
prácticamente “a las órdenes” de Jesús, contraviniendo todas las reglas
sociales. Sin embargo, Jesús viendo la poderosa fe del centurión,
se salta todas estas barreras y, por medio del mismo oficial, comunica
una palabra de vida, fe y esperanza a toda la ‘casa’ del oficial romano.
Jesús accede a la sanación porque la fe del centurión no le da
más alternativa. También nosotros por medio de la fe podemos sanar
a esta sociedad enferma, cuyas lacras nos parecen a veces insanables.
Pero no olvidemos que “para Dios nada es imposible” (Lc 1,37).

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Comentario al Evangelio – 26 de junio 2015

Señor, si quieres, puedes sanarme

Cuando Jesús bajaba del monte le seguía una gran multitud. Un leproso se le acercó, se postró ante él y le dijo: – Señor, si quieres, puedes sanarme. Él extendió la mano y le tocó diciendo: – Lo quiero, queda sano. Y en ese instante se sanó de la lepra. Jesús le dijo: – No se lo digas a nadie; ve a presentarte al sacerdote y, para que les conste, lleva la ofrenda establecida por Moisés.

REFLEXIÓN

La lepra era una enfermedad terrible que excluía inmediatamente al enfermo de la comunidad de fe y de la sociedad de sus congéneres. Se tenía el gran temor de ser contagiado. El enfermo era sometido al aislamiento total, y tenía que ir por todas partes anunciando su enfermedad, gritando “¡impuro!”, para que nadie se le acercara. Por eso llama la atención que el leproso de este episodio no grite “¡impuro!”, sino que reconozca a Jesús como Señor y le pida que le limpie. La respuesta de Jesús es sanarle de su enfermedad. Pero le invita a cumplir con todas las normas prescritas por la ley para estos asuntos. De esta manera Jesús ayuda al enfermo a recuperar su dignidad. Ahora puede ser incorporado debidamente a la comunidad y a la sociedad. Cuántas formas de exclusión y rechazo existen hoy en nuestro contexto social y cultural. La pobreza extrema, el racismo, el machismo, las pugnas religiosas… son otros tantos motivos de condenas y exclusiones. Si todos somos hijos de Dios, ¿por qué no nos aceptamos con nuestras diferencias y particularidades? Pidámosle también nosotros al Señor que nos sane de nuestras enfermedades sociales de marginación y exclusión hacia los demás, y nos dé la capacidad de aceptar y reconocer en el otro a un hijo o hija de Dios que merece respeto y dignidad.

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Comentario al Evangelio – 25 de junio 2015

La casa edificada sobre roca, y la edificada sobre arena

Dijo Jesús: No todo el que me diga: ¡Señor, Señor!, entrará en el reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre del cielo. Cuando llegue aquel día, muchos me dirán: ¡Señor, Señor! ¿No hemos profetizado en tu nombre? ¿No hemos expulsado demonios en tu nombre? ¿No hemos hecho milagros en tu nombre? Y yo entonces les declararé: Nunca los conocí; apártense de mí, ustedes que hacen el mal. Así pues, quien escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a un hombre prudente que construyó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, crecieron los ríos, soplaron los vientos y se abatieron sobre la casa; pero no se derrumbó, porque estaba cimentada sobre roca. Quien escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a un hombre tonto que construyó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, crecieron los ríos, soplaron los vientos, golpearon la casa, y ésta se derrumbó. Fue una ruina terrible. Cuando Jesús terminó su discurso, la multitud estaba asombrada de su enseñanza; porque les enseñaba con autoridad, no como sus letrados.

REFLEXIÓN

La auténtica religiosidad no es cosa de estar gritando cada día “¡Se- ñor, Señor!”, ni de andar buscando milagros, sanaciones y exorcismos. La mayor parte de las veces estas expresiones se reducen a la pura manifestación de la emotividad, pero no comprometen al cristiano con los valores auténticos del Evangelio. Todas las exteriorizaciones religiosas cristianas son sanas en la medida que concurran a la realización del gran ideal de Jesús de Nazaret: el reino. La comunidad cristiana está invitada a construir su casa sobre la roca, o sea, sobre la práctica de Jesús. Las múltiples manifestaciones piadosas, devocionales y emotivas están llamadas a ayudar al cristiano a identificarse con la propuesta de Jesús y a motivarlo a su seguimiento. Pero esto último es lo más esencial e importante. La comunidad cristiana nos dejó en el Sermón de la Montaña una enseñanza imperecedera que culmina con esta comparación entre las dos casas. Los cristianos de cada época histórica tienen la obligación de cimentar sus opciones en el amor fraterno, la solidaridad y el perdón. La multitud que sigue a Jesús reconoce en él la insólita capacidad de conectar el rigor de las exigencias éticas del reino con las urgencias cotidianas, y la profundidad del mensaje con la sencillez de la exposición.

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Comentario al Evangelio – 24 de junio 2015

Se tiene que llamar Juan

Cuando a Isabel se le cumplió el tiempo del parto, dio a luz un hijo. Los vecinos y parientes, al enterarse de que el Señor la había tratado con tanta misericordia, se alegraron con ella. Al octavo día fueron a circuncidarlo y querían llamarlo como su padre, Zacarías. Pero la madre intervino: – No; se tiene que llamar Juan. Le decían que nadie en la parentela llevaba ese nombre. Preguntaron por señas al padre qué nombre quería darle. Pidió una pizarra y escribió: Su nombre es Juan. Todos se asombraron. En ese instante se le soltó la boca y la lengua, y se puso a hablar bendiciendo a Dios. Todos los vecinos quedaron asombrados; lo sucedido se contó por toda la serranía de Judea, y los que lo oían reflexionaban diciéndose: – ¿Qué va a ser este niño? Porque la mano del Señor lo acompañaba. El niño crecía, se fortalecía espiritualmente y vivió en el desierto hasta el día en que se presentó a Israel.

REFLEXIÓN

La Iglesia celebra hoy la Solemnidad del Nacimiento de Juan Bautista. El evangelio de Lucas nos lo presenta como una especie de ‘precursor’ de Jesús, y nosotros tendemos a recordarlo como el que bautizó a Jesús. El mismo evangelio de Lucas nos muestra, mediante un interesante paralelo, las semejanzas entre la misión de Juan y la de Jesús. Juan Bautista convocó a todo el pueblo a orillas del Jordán con la consigna de arrepentirse de los pecados. La inmersión bautismal simbolizaba esa transformación radical. Los que recibían ese baño purificador se comprometían a dejar los viejos caminos de la religión ritualista y sin compromiso, para encaminarse por la aventura del desierto personal, donde la única guía era el espíritu impetuoso de la novedad divina. La acción de Juan no es la de un simple tamborilero que marcha al frente de la procesión, sino la de un ‘auténtico enviado de Dios’ que estaba allí como emisario del Señor y no por casualidad. Celebremos hoy el nacimiento de aquel personaje que desde su nacimiento comenzó a cautivar los corazones de sus contemporáneos, y que habría de llevar su misión a plenitud al entregarle a Jesús la llama del anuncio profé- tico de la Buena Noticia.