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Comentario al Evangelio – 15 de enero 2019

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Mc 1, 21-28: ¿Qué tienes que ver con nosotros, Jesús?

Pablo (342) Primera lectura: Heb 2, 5-12 Dios lo coronó de gloria y honor Salmo responsorial: Sal 8, 2ab .5. 6-7a. 7b-9

Llegaron a Cafarnaún y el sábado siguiente entró Jesús en la sinagoga a enseñar. 22La gente se asombraba de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad, no como los letrados. 23En aquella sinagoga había un hombre poseído por un espíritu inmundo, 24que gritó: ¿Qué tienes que ver con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Consagrado por Dios. 25Jesús le increpó: Calla y sal de él. 26El espíritu inmundo lo sacudió, dio un fuerte grito y salió de él. 27Todos se llenaron de estupor y se preguntaban: ¿Qué significa esto? Es una enseñanza nueva, con autoridad. Hasta a los espíritus inmundos les da órdenes y le obedecen. 28Su fama se divulgó rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea

Comentario

¡Qué rápido vas Marcos, por Dios! Apenas ayer llamó a los primeros y hoy ya está empeñado en la misión con todo. Cafarnaún es una población al norte de Palestina, cerca al lago de Galilea. La mayoría de sus habitantes eran pescadores. Entra a la sinagoga, el lugar de oración y meditación de la ley. Pero llama la atención un asunto: había un hombre poseído por un espíritu inmundo. Muy raro porque a las sinagogas no dejaban entrar a esta clase de gentes. ¿No será que tú, Marcos, nos quieres decir que el espíritu impuro (opresor) estaba preso en la institución religiosa judía llamada sinagoga? Pero la autoridad de Jesús, que proviene de su vida coherente, en su palabra límpida y enérgica hace que el espíritu inmundo salga inmediatamente. ¡Qué autoridad!, ¡que fortaleza en la palabra!, ¡que vitalidad de Jesús nos dejas ver, Marcos, en estos pasajes provocadores! ¿Cuáles son los espíritus inmundos actuales que oprimen nuestras instituciones sociales y eclesiales? ¿Tenemos la fuerza y la convicción suficiente para expulsarlos?

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Comentario al Evangelio – 14 de enero 2019

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Mc 1, 14-20: Los haré pescadores de hombres

Primera lectura: Heb 1, 1-6 Dios nos ha hablado por el Hijo Salmo responsorial: Sal 96, 1.2b. 6. 7c. 9 Félix de Nola (260)

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se dirigió a Galilea a proclamar la Buena Noticia de Dios. 15Decía: Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Arrepiéntanse y crean en la Buena Noticia. 16Caminando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés que echaban las redes al lago, pues eran pescadores. 17Jesús les dijo: Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres. 18Inmediatamente, dejando las redes, le siguieron. 19Un trecho más adelante vio a Santiago de Zebedeo y a su hermano Juan, que arreglaban las redes en la barca. 20Inmediatamente los llamó. Y ellos dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron con él.

Comentario

¡Qué interesante el enlace entre Juan y Jesús! El primero es arrestado por su testimonio y su palabra desafiante y ardiente. Su llamado a la conversión hace estremecer, no solo los corazones, sino las conciencias y las estructuras sociales. Pareciera como si la noticia del arresto de Juan fuera un desafío para Jesús. Inmediatamente comienza su ministerio armando el grupo para retomar la bandera de Juan, pero también iniciar su misión: el anuncio del Reinado de Dios. Llama a los primeros con cierta urgencia. Les pide dejar su rutina diaria para embarcarse en una fascinante y apasionante aventura: convocar a otras personas para echar a caminar la utopía de Dios. Me parece ver a muchos hombres y mujeres de nuestro pueblo cuando descubren que hay algo novedoso por lo que vale la pena dejarlo todo y ponerse en camino. ¿Cómo vivimos en nuestra comunidad de vida ese desafío de Jesús de dejarnos interpelar por la realidad y ponernos en camino?

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Comentario al Evangelio – 13 de enero 2019

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Lc 3, 15-16.21-22: Jesús también se bautizó

Bautismo del Señor Hilario (307) Primera lectura: Is 40, 1-5. 9-11 Lleva sobre su pecho a los corderos Salmo responsorial: Sal 103, 1b-4. 24-25. 27-30 Segunda lectura: Tit 2, 11-14; 3, 4-7 La gracia de Dios se ha manifestado.

Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban por dentro si Juan no sería el Mesías, 16Juan se dirigió a todos: Yo los bautizo con agua; pero viene uno con más autoridad que yo, y yo no soy digno para soltarle la correa de sus sandalias. Él los bautizará con Espíritu Santo y fuego. 21Todo el pueblo se bautizaba y también Jesús se bautizó; y mientras oraba, se abrió el cielo, 22bajó sobre él el Espíritu Santo en forma de paloma y se escuchó una voz del cielo: Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto.}

Comentario

Los liderazgos que la palabra de Dios convoca se distinguen del resto por un inquebrantable compromiso con el derecho de los pobres y marginados. Los líderes movidos por el Espíritu no pueden sino trabajar por los más desvalidos entre los hijos de Dios. Este tipo de liderazgo es una carencia notable en nuestros países latinoamericanos, ¡por centurias tan cristianizados y tan católicos! Esto precisamente, no es sino el síntoma inequívoco de que el Evangelio no ha echado las raíces profundas que debiera, ni dará los frutos esperados en nuestras sociedades. Padecemos de esquizofrenia entre religión y ética. La coherencia ética con la fe en Cristo es raquítica. La religión se presta a la manipulación y medra con el estatus de corrupción imperante. Nos urge una regeneración, pero con los genes del Evangelio.

La fiesta del día nos hace reflexionar en el liderazgo que Dios quiere para su pueblo, coronado en el Mesías, Cristo Jesús, pero también en el liderazgo de todos y cada uno de los bautizados, gracias al Espíritu Santo que todos hemos recibido. Cada persona bautizada participa del Espíritu de Cristo y hace suya su misión. El bautismo no es como el boleto de entrada a un estadio para contemplar un espectáculo; así viven muchos fieles su participación eclesial, incluso la litúrgica: como si tuvieran la salvación garantizada por haber sido bautizados. En realidad, el bautismo introduce en la alianza con Cristo Jesús para prolongar su quehacer entre los más necesitados; para esto es que recibimos el Espíritu Santo, y para esto es toda la vida sacramental de la Iglesia católica. Los impulsos espirituales que de allí broten serán estériles si no desembocan en servicio a los más necesitados, en todas las esferas de la vida. Se trata de una gran búsqueda y esfuerzo en el que todo el pueblo de Dios tiene que participar.

En la línea del magisterio latinoamericano, la identidad de todo creyente cabe ser comprendida como una de “discípulos misioneros”. No solo en una dirección intimista ni intraeclesial, sino también hacia la transformación de las estructuras económicas, políticas, y culturales es que se verifica la identidad bautismal. Por eso llama a integrar la evangelización en la dinámica de la liberación integral, del proceso de humanización, y como reconciliación e inserción social (ver Documento de Aparecida, 358-359). ¿Qué tipo de liderazgos estamos fomentando, y para qué?

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Comentario al Evangelio – 12 de enero 2019

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Jn 3, 22-30: El amigo se alegra con la voz del esposo

Arcadio, mártir (304) Primera lectura: 1Jn 5, 14-21 Dios nos escuchará Salmo responsorial: Sal 149, 1-6a. 9b

Jesús fue con sus discípulos a Judea; allí se quedó con ellos y se puso a bautizar. 23También Juan bautizaba, en Ainón, cerca de Salín, donde había agua abundante. La gente acudía y se bautizaba. 24Todavía no habían metido a Juan en la cárcel. 25Surgió una discusión de los discípulos de Juan con un judío a propósito de las purificaciones. 26Buscaron a Juan y le dijeron: Maestro, el que estaba contigo en la otra orilla del Jordán, del que diste testimonio, está bautizando, y todo el mundo acude a él. 27Respondió Juan: No puede un hombre recibir nada si no se lo concede del cielo. 28Ustedes son testigos de que dije: Yo no soy el Mesías, sino que me han enviado por delante de él. 29Quien se lleva a la novia es el novio. El amigo del novio que está escuchando se alegra de oír la voz del novio. Por eso mi gozo es perfecto. 30Él debe crecer y yo disminuir.

Comentario

La relación con Dios es la columna que sostiene el concierto de las relaciones del creyente. En expresiones de san Juan, Dios es padre y nos relacionamos con Él en términos de filiación, como era usual en las familias de la época. Entre las relaciones primarias de la familia de los hijos de Dios, está la que sostenemos entre los hermanos. Una línea de la lectura de hoy empuja en esa dirección. Cuidar del hermano. Un hermano en desgracia socava el bienestar familiar. Por eso, es necesaria una preocupación por el bienestar de la familia entera. La afirmación de la libertad individual en nuestro medio ha acarreado una despreocupación por el bien colectivo o común. También lo contrario tiene constatación; se viola el derecho a la privacidad, en aras a la seguridad nacional, pero también en grupos y asociaciones religiosas. San Juan alienta, no el espionaje, sino la solidaridad fraterna en la oración. ¿Por quién oramos?

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Comentario al Evangelio – 11 de enero 2019

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Lc 5, 12-16: Enseguida se le fue la lepra

Teodosio (529) Primera lectura: 1Jn 5, 5-13 El espíritu, el agua y la sangre Salmo responsorial: Sal 147, 12-15. 19-20

Mientras Jesús se encontraba en un pueblo se presentó un leproso; el cual, viendo a Jesús, cayó rostro en tierra y le suplicaba: Señor, si quieres, puedes sanarme. 13Extendió la mano y le tocó, diciendo: Lo quiero, queda sano. Al instante se le fue la lepra. 14Y Jesús le ordenó: No se lo digas a nadie. Ve a presentarte al sacerdote y, para que le conste, lleva la ofrenda de tu sanación establecida por Moisés. 15Su fama se difundía, de suerte que una gran multitud acudía a escucharlo y a sanarse de sus enfermedades. 16Pero él se retiraba a lugares solitarios a orar.

Comentario

La vida del cristiano se entiende como una batalla contra el mundo. En este caso, “mundo” es lo contrario a Dios, y se entiende como una situación humana caótica, regida por la injusticia. Ese medio rodea al cristiano y lo acosa constantemente, por lo que la guerra es inevitable, pues el pecado es incompatible con Dios. El creyente mantiene su decisión de fe en un medio adverso. Esto es lo que transpira la lectura de Juan. La palabra nos entrega el instrumento para vencer al mundo: la fe en la venida del Hijo en agua y sangre. Estas expresiones se entienden referidas a lo que Jesús ha realizado en favor nuestro, certificadas por el Espíritu de Dios. La humanidad de Jesús es salvífica por lo acontecido en ella y por ella. Con cierta facilidad, la humanidad de Jesús queda diluida en su divinidad y esto impide vencer al mundo. La victoria de Dios sobre la muerte y el pecado es nuestra por la fe en Cristo Jesús. Esta es la fuerza que hace del cristiano un vencedor.

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Comentario al Evangelio – 10 de enero 2019

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Lc 4, 14-22a: Hoy se cumple esta Escritura

Ana de los Ángeles Monteagudo (1686) Primera lectura: 1Jn 4, 19–5, 4 Quien ama a Dios, ama a su hermano Salmo responsorial: Sal 71, 1-2. 14. 15acd. 17

Impulsado por el Espíritu, Jesús volvió a Galilea, y su fama se extendió por toda la región. 15Enseñaba en sus sinagogas, y era respetado por todos. 16Fue a Nazaret, donde se había criado, y según su costumbre entró un sábado en la sinagoga y se puso en pie para hacer la lectura. 17Le entregaron el libro del profeta Isaías. Lo abrió y encontró el texto que dice: 18El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la Buena Noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, 19para proclamar el año de gracia del Señor. 20Lo cerró, se lo entregó al ayudante y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. 21Él empezó diciéndoles: Hoy, en presencia de ustedes, se ha cumplido este pasaje de la Escritura. 22Todos lo aprobaban, y estaban admirados por aquellas palabras de gracia que salían de su boca.

Comentario 

Nuestro amor es reactivo al amor de Dios. Concedemos por la fe que, primero, Dios nos amó y, luego, nosotros lo amamos. Él nos vio y nos amó; nos entregó a su Hijo. Nosotros amamos a Dios sin haberlo visto. Surge aquí una inconsistencia: ¿cómo es que amamos a Dios si no lo hemos visto? Nuestro amor se queda en el terreno de la especulación, puesto que lo verificable es que no lo obedecemos. De amarlo, lo obedeceríamos amando lo que sí vemos. De Dios hemos visto su amor desplegado en la entrega de Cristo. Esa entrega por nosotros significa un mandato de amor: amor al hermano. El amor es reactivo y verificable. Amar no es una carga. El amor cristiano es un amor a Dios que pasa necesariamente por el prójimo, que es la verificación de que el evangelio de Cristo ha encontrado asiento en el creyente. Esta dimensión del amor no es opcional en el discipulado. ¿A quién profesamos el amor a Dios? Dios requiere nombre y apellido.

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Comentario al Evangelio – 9 de enero 2019

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Mc 6, 45-52: Lo vieron andar sobre el lago

Julián, mártir (303) Primera lectura: 1Jn 4, 11-18 Dios permanece en nosotros Salmo responsorial: Sal 71, 1-2. 10-13

Enseguida obligó a sus discípulos a que se embarcaran y lo precedieran a la otra orilla, a Betsaida, mientras él despedía a la gente. 46Después de esto, subió al monte a orar. 47Anochecía y la barca estaba en medio del lago y él a solas en la costa. 48Viéndolos fatigados de remar, porque tenían viento contrario, hacia la madrugada se acercó a ellos caminando sobre el agua, intentando adelantarlos. 49Al verlo caminar sobre el lago, creyeron que era un fantasma y gritaron, 50porque todos lo habían visto y estaban espantados. Pero él inmediatamente les habló y les dijo: ¡Anímense! Soy yo, no teman. 51Subió a la barca con ellos y el viento cesó. Ellos estaban absolutamente pasmados; 52ya que no habían entendido lo de los panes, pues tenían la mente cerrada.

Comentario

La plenitud del amor de Dios en el creyente es la presencia del Espíritu Santo, quién se distingue por ser una presencia dinámica que mueve a actuar como Dios actúa: amando. Por el contrario, el síntoma más claro de que el creyente no está en comunión con Dios es su falta de amor. El amor cristiano no es un sentimiento, ni afección, sino una virtud a la que también llamamos caridad; junto con la fe y la esperanza, la caridad conforma la vida espiritual del creyente en comunión progresiva con Dios. La madurez del amor del creyente es como un desplazamiento del foco de atención desde el yo individual y ávido de referencia al tú, en el que se descubren vínculos unitivos nuevos. Quizá la moción primera para acercarse a Dios sea el interés por evitar la condenación eterna, o los beneficios que su relación pudiera reportarle al alma. Estos motivos, legítimos como son, están todavía centrados en el yo. Y, por eso, los santos hablan de la necesidad de purificarlos. ¿De qué requerimos purificar nuestro amor?

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Comentario al Evangelio – 8 de enero 2019

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Mc 6, 34-44: Jesús se revela como profeta

Severino (482) Primera lectura: 1Jn 4, 7-10 Dios es amor Salmo responsorial: 71, 1-4ab. 7-8

Al desembarcar, vio un gran gentío y se compadeció, porque eran como ovejas sin pastor. Y se puso a enseñarles muchas cosas. 35Como se hacía tarde, los discípulos fueron a decirle: El lugar es despoblado y ya es muy tarde; 36despídelos para que vayan a los campos y a los pueblos vecinos a comprar algo para comer. 37Él les respondió: Denle ustedes de comer. Replicaron: Tendríamos que comprar pan por doscientos denarios para darles de comer. 38Les contestó: ¿Cuántos panes tienen? Vayan a ver. Lo averiguaron y le dijeron: Cinco panes y dos pescados. 39Ordenó que los hicieran recostarse en grupos sobre la hierba verde. 40Se sentaron en grupos de cien y de cincuenta. 41Tomó los cinco panes y los dos pescados, alzó la vista al cielo, bendijo y partió los panes y se los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran; y repartió también los pescados entre todos. 42Comieron todos y quedaron satisfechos. 43Recogieron las sobras de los panes y los pescados y llenaron doce canastas. 44Los que comieron [los panes] eran cinco mil hombres

Comentario

El amor genera confianza y comunión. Las expresiones de la carta de Juan dejan ver la profundidad y generosidad del amor de Dios. Este es el núcleo del evangelio. De allí que nuestra relación con Dios no se traduzca ni en desconfianza ni temor. Aceptar el amor de Dios convierte al creyente en alguien amado por pura gracia, no por mérito suyo. Así es como Dios establece una relación de gozosa paternidad con nosotros y funda nuestra confianza filial. Pero quizá lo más propio del amor es generar comunión entre los que se aman. Vivir conectado con alguien es quizá el afán más urgente de nuestra sociedad modernizada. Conectarse es una necesidad que los medios han convertido en una industria lucrativa. Pero más allá de eso, comunicarse es el requisito para establecer la comunión entre las personas. Somos seres en relación. La comunión se expresa primariamente en compartir puntos de vista o bienes y en disfrutar juntos. Por eso, cabe preguntarnos al inicio del año: ¿con quién y dónde queremos generar confianza y comunión de vida?

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Comentario al Evangelio – 7 de enero 2019

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Mt 4, 12-17.23-25: Está cerca el Reino de los Cielos

Raimundo de Peñafort (1275) Primera lectura: 1Jn 3, 22-4, 6 Examinen si los espíritus vienen de Dios Salmo responsorial: Sal 2, 7-8. 10-12a

Al saber que Juan había sido arrestado, Jesús se retiró a Galilea, 13salió de Nazaret y se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí. 14Así se cumplió lo anunciado por el profeta Isaías: 15Territorio de Zabulón y territorio de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. 16El pueblo que vivía en tinieblas vio una luz intensa, a los que vivían en sombras de muerte les amaneció la luz. 17Desde entonces comenzó Jesús a proclamar: ¡Arrepiéntanse que está cerca el reino de los cielos! 23Jesús recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del reino y sanando entre el pueblo toda clase de enfermedades y dolencias. 24Su fama se difundió por toda Siria, de modo que le traían todos los que padecían diversas enfermedades o sufrían achaques: endemoniados, lunáticos, paralíticos y él los sanaba. 25Le seguía una gran multitud de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania.

Comentario

La carta de san Juan reaviva el tema fundamental de la vida cristiana: el amor mutuo, como Cristo nos mandó, es decir, amar al estilo de Cristo. Sabemos bien que amar es la decisión más importante que la persona adopta en el transcurso de su existencia. Es un requisito para mantenerse saludable, pero igualmente amar requiere higiene y salud, pues sabido es que las relaciones tóxicas dañan profundamente a las personas. De allí la necesidad de aprender a amar, de educarnos en el amor y de cumplir el fundamento de nuestra fe. Entre los pilares que sustentan la salud mental está la satisfacción de las necesidades básicas, naturales y sociales. Junto con esto, recomiendan los psicólogos, debemos cultivar actitudes positivas de autoconfianza y de afirmación en el medio familiar y social, e igualmente dispensarlas; esto requiere una buena dosis de autocrítica. Anotemos que la gratitud tiene un lugar central, lo mismo que el humor. Estos ingredientes son indispensables para encaminarnos en la ruta de amar, como Cristo nos ama. ¿Cómo nos preparamos a amar?

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Comentario al Evangelio – 6 de enero 2019

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Mt 2, 1-12: Venimos de Oriente para adorar al Rey

Epifanía del Señor Primera lectura: Is 60, 1-6 La gloria del Señor amanece sobre ti Salmo responsorial: Sal 71, 1-2. 7-8. 10-13 Segunda lectura: Ef 3, 2-3a.5-6 También los gentiles son coherederos

Jesús nació en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes. Sucedió que unos magos de oriente se presentaron en Jerusalén 2 preguntando: ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Vimos aparecer su estrella y venimos a adorarle. 3 Al oírlo, el rey Herodes comenzó a temblar, y lo mismo que él toda Jerusalén. 4 Entonces, reuniendo a todos los sumos sacerdotes y letrados del pueblo, les preguntó en qué lugar debía nacer el Mesías. 5 Le contestaron: En Belén de Judea, como está escrito por el profeta: 6 Tú, Belén, en territorio de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe, el pastor de mi pueblo, Israel. 7 Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, les preguntó el tiempo exacto en que había aparecido la estrella; 8 después los envió a Belén con el encargo: Averigüen con precisión lo referente al niño y cuando lo encuentren avísenme, para que yo también vaya a adorarle. 9 Y habiendo escuchado el encargo del rey, se fueron. De pronto, la estrella que se les apareció en oriente avanzó delante de ellos hasta detenerse sobre el lugar donde estaba el niño. 10Al ver la estrella se llenaron de una inmensa alegría. 11Entraron en la casa, vieron al niño con su madre, María, y postrándose le adoraron; abrieron sus tesoros y le ofrecieron como regalos: oro, incienso y mirra. 12Después, advertidos por un sueño de que no volvieran a casa de Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

Comentario

La epifanía del Señor es fiesta universal, porque celebra el establecimiento de la justicia divina para todos los pueblos y naciones. Se celebra la abolición de toda segregación y discriminación, para implantar la equidad en medio de la familia humana. Los cristianos creemos que esto es lo que ha ocurrido en Cristo Jesús.

La escena descrita en Isaías es la de una procesión universal al santuario del Señor erigido en Jerusalén. El tributo de los pueblos manifiesta su voluntario vasallaje, a la vez que la gloria del soberano. La imagen seduce, porque la riqueza derramada sobre la otrora empobrecida y oscura ciudad es señal inequívoca de que goza ahora del favor de Dios. Ese favor divino queda patente en Cristo Jesús, gloria y riqueza de Dios que a todos enriquece.

Dios ofrece su gloria y riqueza a la humanidad en un niño; es una imagen cotidiana, salvo porque está amenazado, como dice Mateo. Para manifestar su soberanía, Dios no toma el camino de la conquista para someter y avasallar al pueblo, sino el de la vida de un niño perseguido. En Él, Dios se manifiesta salvando, que es lo que significa el nombre “Jesús”. ¿De qué nos salva Jesús? Lo primero que genera la manifestación de Dios en el nacimiento de Jesús, es volver los ojos a Él; mirarlo. Así comienza el movimiento de la salvación personal, porque percibimos al otro. Mirarlo es abrir una ventana al universo plural, a la vez que nos humaniza. Verlo vulnerable y amenazado solicita nuestra ayuda.

La manifestación de Dios en el nacimiento de Cristo nos tiene que impulsar a buscar la gloria de Dios en los más amenazados de nuestra sociedad, especialmente los infantes. Niños y niñas nacidos con incapacidades o deficiencias reclaman nuestra atención. Igualmente, aquellos en situaciones de riesgo, como los migrantes, los huérfanos, los desamparados, las víctimas de la violencia y muchos otros. Visite la página de las organizaciones de apoyo infantil. ¿Qué podemos aportar para que la gloria de Dios quede manifiesta? Nadie puede quedar excluido de esta celebración.

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Comentario al Evangelio – 5 de enero 2019

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Jn 1, 43-51: ¡Tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel!

Juan Newmann (1860) Primera lectura: 1Jn 3, 11-21 Amamos a nuestros hermanos Salmo responsorial: Sal 99, 1-5

En aquel tiempo, Jesús decidió partir para Galilea, encuentra a Felipe y le dice: Sígueme. 44Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y Pedro. 45Felipe encuentra a Natanael y le dice: Hemos encontrado al que describen Moisés en la ley y los profetas: Jesús, hijo de José, el de Nazaret. 46Responde Natanael: ¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret? Le dice Felipe: Ven y verás. 47Viendo Jesús acercarse a Natanael, le dice: Ahí tienen un israelita de verdad, sin falsedad. 48Le pregunta Natanael: ¿De qué me conoces? Jesús le contestó: Antes de que te llamara Felipe, te vi bajo la higuera. 49Respondió Natanael: Maestro, tú eres el Hijo de Dios, el rey de Israel. 50Jesús le contestó: ¿Crees porque te dije que te vi bajo la higuera? Cosas más grandes que estas verás. 51Y añadió: Les aseguro que verán el cielo abierto y los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del Hombre

Comentario

La fe cristiana no se distingue por la brillantez de sus explicaciones teológicas, ni por la integridad de las autoridades que la proponen, ni siquiera por el número de adeptos. Lo distintivamente cristiano es el modo de vivir de quien se dice discípulo del Resucitado. Ser discípulo comporta una marca contracultural en su identidad que no le permite ajustarse a los modos que la cultura del entorno propala. Si el cristiano no experimenta “el odio del mundo”, incluso en una sociedad cristianizada, quizá sea porque esa marca está diluida, y con ella su identidad bautismal más profunda. No se trata de vivir victimizados ni segregados frente al mundo, sino de mantener fresca la fidelidad a la causa de Jesús de Nazaret que lo volvió víctima de los poderes del mundo. El discípulo no reacciona con odio, ni se queda en el lado oscuro de la existencia; por el contrario, como san Juan anota, da el paso a la vida. Amar al hermano es el signo pascual por excelencia, porque construye puentes y no muros. ¿Qué hacemos para amar de verdad al hermano?

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Comentario al Evangelio – 4 de enero 2019

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Jn 1, 35-42: Hemos encontrado al Mesías

Manuel González García (1940) Elizabeth Seton, fundadora (1821) Primera lectura: 1Jn 3, 7-10 No puede pecar, porque ha nacido de Dios Salmo responsorial: Sal 97, 1. 7- 9

Juan estaba con dos de sus discípulos. 36Viendo pasar a Jesús, dice: Ahí está el Cordero de Dios. 37Los discípulos, al oírlo hablar así siguieron a Jesús. 38Jesús se volvió y, al ver que le seguían, les dice: ¿Qué buscan? Respondieron: Rabí, que significa maestro, ¿dónde vives? 39Les dice: Vengan y vean. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Eran las cuatro de la tarde. 40Uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús era Andrés, hermano de Simón Pedro. 41Andrés encuentra primero a su hermano Simón y le dice: Hemos encontrado al Mesías que traducido significa Cristo. 42Y lo condujo a Jesús. Jesús lo miró y dijo: Tú eres Simón, hijo de Juan; te llamarás Cefas que significa Pedro.

Comentario

Parece mentira, pero los medios para engañar son ahora más sofisticados que nunca; la inteligencia humana se ha aguzado hasta el refinamiento más para engañar y menos para vivir con verdad. El engaño es el desequilibrio de la justicia. Se engaña a otros para lucrar y sacar ventaja al costo de ellos. Y ante eso, los mecanismos para defender la justicia y el derecho también requieren afinarse. El discípulo de Cristo Jesús no puede servir al engaño, ni promoviéndolo ni solapándolo, mucho menos padeciéndolo. Cierto, no es un asunto menor, ni individual. Conscientes como ahora somos de que el pecado no solo es personal, sino que permea a las instituciones; vale la pena mirar los números de Transparencia Internacional en materia de corrupción. Ese observatorio señala que la apertura de los gobiernos, la libertad de prensa, las libertades civiles y los sistemas judiciales independientes son puntales para derrotar al engaño y la corrupción. ¿Qué estamos promoviendo en y desde nuestro entorno parroquial para vivir verdaderamente?