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Comentario al Evangelio – 9 de junio 2018

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Lc 2,41-51: Conservaba todo esto en su corazón

Inmaculado Corazón de María. Primera lectura: Is 61,9-11 Desbordo de gozo con el Señor Salmo responsorial: Interleccional: 1Sm 2,1.4-8

En aquel tiempo, para la fiesta de Pascua iban sus padres todos los años a Jerusalén. 42Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según costumbre. 43Al terminar ésta, mientras ellos se volvían, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. 44Pensando que iba en la caravana, hicieron un día de camino y se pusieron a buscarlo entre los parientes y los conocidos. 45Al no encontrarlo, regresaron a buscarlo a Jerusalén. 46Luego de tres días lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. 47Y todos los que lo oían estaban maravillados ante su inteligencia y sus respuestas. 48Al verlo, se quedaron desconcertados, y su madre le dijo: Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados. 49Él replicó: ¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo estar en los asuntos de mi Padre? 50Ellos no entendieron lo que les dijo. 51Regresó con ellos, fue a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre guardaba todas estas cosas en su corazón.

Comentario

El corazón de Jesús creció junto al corazón de su madre. Ambos latieron nueve meses al unísono y después siguieron latiendo al ritmo del amor a Dios que los unía y que se expresaba en un deseo inmenso de que Dios reinara en el mundo con su misericordia. Si donde está nuestro tesoro está nuestro corazón, en Jesús estaba el corazón de María. Jesús era su tesoro y en Él estaba su corazón. Latió por Él. Olvidada de sí misma, vivió por Él, y una espada la atravesó cuando Jesús se entregaba al Padre en la Cruz. De María no aprendemos doctrinas ni mandamientos, sino esa manera de ser que agrada a Dios, que nace del seguimiento de Jesús y se manifiesta en el servicio a los demás. Ella ha de modelar nuestros corazones. Celebrar el corazón de María es llegar a tener sus mismos sentimientos y aprender de ella ese discipulado fiel que la llevó desde el sí dado en Nazaret, en la Anunciación, hasta el sí del amor hasta el martirio, en el Calvario.