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Comentario al Evangelio – 7 de julio 2018

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Mt 9,14-17: ¿Pueden guardar luto los invitados a la boda?

Fermín, obispo y mártir (s. IV) Primera lectura: Am 9,11-15 Haré volver a los cautivos Salmo responsorial: Sal 84,9-14

En aquel tiempo se acercaron a Jesús los discípulos de Juan y le preguntaron: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos mucho mientras que tus discípulos no ayunan? 15Jesús les respondió: ¿Pueden los invitados a la boda estar tristes mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que les arrebaten el novio y entonces ayunarán. 16Nadie usa un trozo de tela nueva para remendar un vestido viejo; porque lo añadido tira del vestido y la rotura se hace más grande. 17Ni se echa vino nuevo en odres viejos, pues los odres reventarían, el vino se derramaría y los odres se echarían a perder. El vino nuevo se echa en odres nuevos y los dos se conservan.

Comentario

La interpretación tradicional del texto evangélico que leemos hoy resalta la práctica del ayuno, pero el sentido del mismo radica en la identidad de Jesús. La identidad del Maestro se define por la irrupción de lo nuevo, lo “escandaloso” y lo oblativo. Ante la pregunta de los discípulos de Juan por el ayuno, Jesús responde con “tacto” para llegar al meollo de la cuestión: Él mismo pone como centro de gravitación su comportamiento «provocador” (sus discípulos no ayunan), de esta manera, descubre a sus interlocutores lo que realmente quieren preguntar: ¿Quién eres tú? Él responde utilizando la imagen de la celebración de bodas, que simboliza la “novedad” que trae consigo su persona: renovar el vínculo de Dios y el ser humano con su propia vida, como amor oblativo. Este amor de Jesús trasciende toda norma piadosa y orienta a la persona y a la comunidad al horizonte del Reino: transformar las relaciones personales, sociopolíticas, religiosas y ecológicas a la compasión. ¿Tu fe en Jesús de Nazaret trasmite aire de frescura, entrega incondicional y responsabilidad histórica?