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Comentario al Evangelio – 6 de junio 2018

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Mc 12,18-27: Es Dios de vivos

Marcelino Champagnat, fundador (1840) Primera lectura: 2Tim 1,1-3.6-12 Aviva el fuego de la gracia Salmo responsorial Sal 122,1-2

Se acercaron unos saduceos –que niegan la resurrección– y le dijeron a Jesús: 19Maestro, Moisés nos dejó escrito que cuando uno muera sin hijos, su hermano se case con la viuda para dar descendencia al hermano difunto. 20Eran siete hermanos: el primero se casó y murió sin descendencia; 21el segundo tomó a la viuda y murió sin descendencia; lo mismo el tercero. 22Ninguno de los siete dejó descendencia. Después de todos murió la mujer. 23En la resurrección, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete estuvieron casados con ella. 24Jesús les respondió: ¿No están equivocados por esto, por no conocer la Escritura ni el poder de Dios? 25Cuando resuciten de entre los muertos, los hombres y las mujeres no se casarán, sino que serán como ángeles en el cielo. 26Y a propósito de que los muertos resucitarán, ¿no han leído en el libro de Moisés el episodio de la zarza? Dios le dice: Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob. 27No es un Dios de muertos, sino de vivos. Ustedes están muy equivocados.

Comentario

Los saduceos eran un partido formado por las familias más ricas de las cuales salían el Sumo Sacerdote y los principales sacerdotes del Templo de Jerusalén. No creían en la resurrección de los muertos y quieren tender una trampa a Jesús, inventando una historia para burlarse de sus enseñanzas. La ley de Moisés había establecido la llamada ley del levirato o del cuñado, para darle descendencia a un hombre que había muerto sin tener hijos. Los fariseos creían que después de la muerte todo continuaría como en esta vida y que el matrimonio duraría eternamente. Jesús los desenmascara, dice que aunque citan las Escrituras no las conocen y declara una verdad que nos llena de alegría: Dios es Dios de vivos y no de muertos. Dios es Dios de vida. La resurrección a la que somos llamados es una vida junto a Dios, definitivamente buena y llena de felicidad. Cuántos de nosotros tenemos la Biblia y sin embargo la desconocemos. Cuántas veces sacamos conclusiones equivocadas por ignorancia. La Resurrección de Jesús es la garantía de nuestra propia resurrección.