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Comentario al Evangelio – 5 de marzo 2018

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Lc 4,24-30: Jesús, abriéndose paso, se alejó

José Oriol (1702) Primera lectura: 2Re 5,1-15a: Había muchos leprosos en Israel Salmo responsorial: 41,2-3.42.3-4

En aquel tiempo dijo Jesús a la gente en la sinagoga de Nazaret: Les aseguro que ningún profeta es aceptado en su patria. 25Ciertamente, les digo que había muchas viudas en Israel en tiempo de Elías, cuando el cielo estuvo cerrado tres años y medio y hubo una gran carestía en todo el país. 26A ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta en Sidonia. 27Muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; pero ninguno fue sanado, sino Naamán el sirio. 28Al oírlo, todos en la sinagoga se indignaron. 29Levantándose, lo sacaron fuera de la ciudad y lo llevaron a un barranco del monte sobre el que estaba edificada la ciudad, con intención de despeñarlo. 30Pero él, abriéndose paso entre ellos, se alejó.

Comentario

Si tuviéramos la formación religiosa de un judío en tiempos de Jesús, probablemente hubiéramos actuado como los vecinos de Nazaret. No era fácil aceptar, que alguien dijera que la salvación estaba más cerca para los extranjeros, porque mostraron más fe y aceptaron a los profetas, mientras los propios paisanos los rechazaban. El fanatismo, el dogmatismo y el exclusivismo religioso, ha sido un pecado grave a lo largo de la historia. Jesús habla a sus coterráneos de una realidad, con la esperanza de poder cambiarla. Sin embargo, la ceguera del fanatismo acude a la cobardía de intentar eliminar al que nos cuestiona y nos mueve el piso de la fe. La actitud de los nazarenos anticipa el rechazo del que será objeto Jesús en Jerusalén, por las autoridades y el mismo pueblo. Jesús se abrió paso y se alejó. Este gesto también es un anticipo, revela que el proyecto de Jesús se va abriendo camino en Israel y en todas las naciones.

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