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Comentario al Evangelio – 5 de julio 2018

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Mt 9,1-8: La multitud alababa a Dios

Antonio Ma. Zacarías, fundador (1539) Primera lectura: Am 7,10-17 Ve y profetiza Salmo responsorial: Sal 18,8-11

En aquel tiempo Jesús subió a una barca, cruzó a la otra orilla y llegó a su ciudad. 2 Le trajeron un paralítico tendido en una camilla. Al ver Jesús la fe que tenían, dijo al paralítico: ¡Ánimo, hijo! Tus pecados te son perdonados. 3 Entonces algunos letrados pensaron: Este blasfema. 4 Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: ¿Por qué piensan mal? 5 ¿Qué es más fácil, decir: se te perdonan tus pecados; o decir: levántate y camina? 6 Pues, para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados, dirigiéndose al paralítico, le dijo: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. 7 Él se levantó y se fue a su casa. 8 La multitud al verlo quedó atemorizada y daba gloria a Dios por haber dado tal autoridad a los hombres.

Comentario

Frente al evangelio de hoy podemos preguntarnos ¿qué quieren transmitir los evangelios con la acción sanadora de Jesús? Podemos encontrar tres sentidos en su accionar. El primero, mostrar el origen de su praxis sanadora. Esta proviene de Dios y de su preocupación por defender al débil, hacer justicia al pobre y liberar al indigente del mal (Sal 82,2-4). El segundo, mostrar que su praxis no es mágica sino misericordiosa. Él sana a la persona perdonándola, ofreciéndole reconciliación y la posibilidad de integrarse y realizarse socialmente. El tercero, mostrar la clave de las relaciones humanas auténticas: movernos a la “compasión” como esa actitud mental y vital que se da en toda persona, que dignifica a todo ser humano y humaniza las relaciones sociopolíticas y religiosas a escala personal, colectiva y global. La praxis de Jesús de Nazaret sigue siendo un desafío para los cristianos y para toda persona que descubre sentidos y horizontes en su mensaje.