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Comentario al Evangelio – 5 de enero 2018

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Jn 1,43-51: ¡Tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel!

Antes de Epifanía Carlos del Monte Argo (1893) Juan Newmann (1860)  Primera lectura: 1Jn 3,11-21 Hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos Salmo responsorial: Sal 99,2-5

En aquel tiempo, Jesús decidió partir para Galilea, encuentra a Felipe y le dice: Sígueme. 44Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y Pedro. 45Felipe encuentra a Natanael y le dice: Hemos encontrado al que describen Moisés en la ley y los profetas: Jesús, hijo de José, el de Nazaret. 46Responde Natanael: ¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret? Le dice Felipe: Ven y verás. 47Viendo Jesús acercarse a Natanael, le dice: Ahí tienen un israelita de verdad, sin falsedad. 48Le pregunta Natanael: ¿De qué me conoces? Jesús le contestó: Antes de que te llamara Felipe, te vi bajo la higuera. 49Respondió Natanael: Maestro, tú eres el Hijo de Dios, el rey de Israel. 50Jesús le contestó: ¿Crees porque te dije que te vi bajo la higuera? Cosas más grandes que éstas verás. 51Y añadió: Les aseguro que verán el cielo abierto y los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del Hombre.

Comentario

Gradualmente Jesús va armando el “grupito base” para realizar su proyecto. A su vez, cada uno es motivador de otros. Todo proyecto comienza siendo pequeño. Un grupo reducido que se va sintiendo seducido por la propuesta y por la persona que la enarbola. Poco a poco se va asimilando el sentido, significado y exigencias. También aparecen desánimos, cansancios y abandonos. Ahí es cuando la propuesta inicial se va consolidando y va madurando. Así comenzaron los primeros, así nació el movimiento del Reino, así fue naciendo la Iglesia. Pero, lo que se encuentra en la base de toda propuesta de vida, es el testimonio vivo de quienes la van comprendiendo y asumiendo. A veces se gastan muchos recursos en la animación vocacional para conseguir miembros útiles para la Iglesia y las diferentes formas de vida, pero vale la pena examinar la calidad del testimonio que se ofrece. Es momento oportuno para examinar los proyectos de vida y, sobre todo, su realización y los frutos que van produciendo al servicio de la humanidad. ¿Cómo animas e invitas a otros al seguimiento de Jesús?

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