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Comentario al Evangelio – 3 de junio 2018

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Mc 14,12-16.22-26: Este es mi cuerpo. Esta es mi sangre

Cuerpo y Sangre de Cristo Primera lectura: Éx 24,3-8Esta es la alianza que hace el Señor Salmo responsorial: Sal 115 , 12-13. 15-18 Segunda lectura: Heb 9,11-15 La sangre de Cristo los purificará

El primer día de los Ázimos, cuando se inmolaba la víctima pascual, le dijeron los discípulos: ¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua? 13Él envió a dos discípulos encargándoles: Vayan a la ciudad y les saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua. Síganlo 14y donde entre, digan al dueño de casa: Dice el Maestro que dónde está la sala en la que va a comer la cena de Pascua con sus discípulos. 15Él les mostrará un salón en el piso superior, preparado con divanes. Preparen allí la cena. 16Salieron los discípulos, se dirigieron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua. 22Mientras cenaban, tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: Tomen, esto es mi cuerpo. 23Y tomando la copa, pronunció la acción de gracias, se la dio y bebieron todos de ella. 24Les dijo: Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, que se derrama por todos. 25Les aseguro que no volveré a beber el fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el reino de Dios. 26Después cantaron los salmos y salieron hacia el monte de los Olivos.

Comentario

Fiesta del cuerpo y sangre de Jesús y de todos los cuerpos, incluido el cuerpo de la Madre Tierra. Fiesta de comunión con Jesús de Nazaret y con todos los seres vivos. Fiesta de la vida. Quienes celebramos el Cuerpo de Cristo nos comprometemos a respetar como sagrado el cuerpo de los demás. A sentir como propios el hambre, las injusticias, los olvidos, los maltratos hechos a cualquier ser humano.

La Eucaristía no es algo que se adora, es Alguien a quien se ama y se sigue. Está ligada a la encarnación, al cuerpo de Jesús que se formó en el vientre de María. El que supo de sed y hambre, de abrazos y apretones fuertes de manos, el que se fatigó caminando por las aldeas de Galilea, el que sufrió la muerte en la cruz y la venció en su resurrección. Y la sangre de Jesús, la que engrosaba las venas de sus manos y de su cuello, cuando trabajaba duramente con troncos y piedras, la que le enrojecía el rostro cuando se indignaba ante las hipocresías, la que le hervía en las venas cuando se enfrentaba a la injusticia, la que le hacía palpitar el corazón cuando hablaba del Reino; esa es la sangre derramada en la Cruz y ofrecida en la Eucaristía. Por eso la Eucaristía está profundamente ligada a la vida de Jesús. No se la puede separar de todo lo que Jesús hizo y dijo para inaugurar una sociedad más justa y hermana, más igualitaria y verdadera.

En la celebración de la Eucaristía en las primitivas comunidades cristianas, se sentaron por primera vez el amo y el esclavo en la misma mesa y comieron el mismo pan. El cuerpo y la sangre de Cristo es también su comunidad, esa comunidad de hombres y mujeres que se aman como hermanos, hacen viva la memoria de Jesús de Nazaret y creen en la sociedad de igualdad y justicia que Jesús inauguró para ser sal y luz del mundo. Iglesia cuerpo, casa de puertas abiertas y mesa compartida. Humanidad Cuerpo de Jesús. Corpus Christi, fiesta de la vida y la memoria en la que no solo recordamos sino que nos comprometemos, con las acciones liberadoras de Jesús en favor de los más pobres y vulnerables, en favor de la igualdad de la mujer, en favor de los enfermos y desvalidos. Que cada celebración eucarística modele nuestras vidas al estilo de Jesús.