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Comentario al Evangelio – 21 de marzo de 2017

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Si cada cual no perdona a su hermano, tampoco el Padre los perdonará

En aquel tiempo se acercó Pedro a Jesús y le preguntó: Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarle? ¿Hasta siete veces? 22Le contestó Jesús: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. 23Por eso, el Reino de los cielos se parece a un rey que decidió ajustar cuentas con sus sirvientes. 24Ni bien comenzó, le presentaron uno que le adeudaba diez mil monedas de oro. 25Como no tenía con qué pagar, mandó el rey que vendieran a su mujer, sus hijos y todas sus posesiones para pagar la deuda. 26El sirviente se arrodilló ante él suplicándole: ¡Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré! 27Compadecido de aquel sirviente, el rey lo dejó ir y le perdonó la deuda. 28Al salir, aquel sirviente tropezó con un compañero que le debía cien monedas. Lo agarró del cuello y mientras lo ahogaba le decía: ¡Págame lo que me debes! 29Cayendo a sus pies, el compañero le suplicaba: ¡Ten paciencia conmigo y te lo pagaré! 30Pero el otro se negó y lo hizo meter en la cárcel hasta que pagara la deuda. 32Entonces el rey lo llamó y le dijo: 33¿No tenías tú que tener compasión de tu compañero como yo la tuve de ti? 34E indignado, el rey lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. 35Así los tratará mi Padre del cielo si no perdonan de corazón a sus hermanos.

Un clamor urgente de nuestra humanidad, principalmente de la oprimida y subyugada en los subcontinentes, es por la justicia. El amor por la justicia obliga a reclamar el cumplimiento cabal de algún derecho conculcado, incluso a terceros, pues una injusticia nos ofende a todos. Ni la venganza ni cruzarnos de brazos son opciones. El derecho conculcado exige restablecer la equidad recurriendo a la justicia. En la comunidad fraternal del reino, Jesús solicita que la normativa para equilibrar la balanza de las deudas, sea la del perdón. Perdonar las deudas es lo que solicitamos cada día en el padrenuestro, bajo el compromiso de “perdonar a los que nos ofenden”. La actitud fundamental del creyente ante Dios no es la de la igualdad, ni la de la justicia equitativa, sino la del endeudado. Desde esa profunda conciencia podremos ser misericordiosos, de otra manera, perdemos el derecho a rezar la oración de los hijos de Dios.

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