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Comentario al Evangelio – 20 de marzo de 2017

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Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados

En aquel tiempo, los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de Pascua. 42Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según costumbre. 43Al terminar ésta, mientras ellos se volvían, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. 44Pensando que iba en la caravana, hicieron un día de camino y se pusieron a buscarlo entre los parientes y los conocidos. 45Al no encontrarlo, regresaron a buscarlo a Jerusalén. 46Luego de tres días lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. 47Y todos los que lo oían estaban maravillados ante su inteligencia y sus respuestas. 48Al verlo, se quedaron desconcertados, y su madre le dijo: Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados. 49Él replicó: ¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo estar en los asuntos de mi Padre? 50Ellos no entendieron lo que les dijo. 51Regresó con ellos, fue a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. 52Jesús crecía en el saber, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres.

Uno de los signos más relevantes de nuestro tiempo es la reivindicación de los derechos de la mujer. Las mujeres han sido y son determinantes en todos los sectores de la sociedad, aunque no siempre han sido reconocidas debidamente. El machismo y el patriarcalismo seculares, por ejemplo, son dos formas cuasi-culturales que han impedido el desarrollo pleno y armonioso de las mujeres. Pero, digámoslo, tales formas no son alentadas exclusivamente por varones, pues en nuestros medios culturales, no pocas féminas están mejor dispuestas a vivir bajo de un régimen patriarcalista que a emprender una ruta de visiones y decisiones propias. San José fue un varón capaz de hacer trizas los parámetros sociales de su entorno. Respetó a cabalidad la mayoría de edad de Jesús, su hijo, y lo fue educando en su hogar hasta que el muchacho alcanzó la madurez suficiente para hacer suyo un proyecto de vida que parecía rebasarlo, el del reino de Dios. José es un signo y un modelo para nosotros, miremos lo que le forjó a Jesús.

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