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Comentario al Evangelio – 2 de julio 2018

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Mt 8,18-22: ¡Sígueme!

Proceso y Martiniano, mártires (s. I) Primera lectura: Am 2,6-10.13-16 Venden al inocente por dinero Salmo responsorial: Sal 49,16b-23

En aquel tiempo, al ver Jesús la multitud que lo rodeaba, dio orden de atravesar el lago. 19Entonces se acercó un letrado y le dijo: Maestro, te seguiré adonde vayas. 20Jesús le contestó: Las zorras tienen madrigueras, las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza. 21Otro discípulo le dijo: Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre. 22Jesús le contestó: Sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos.

Comentario

Seguir a Jesús, para los discípulos de ayer y de hoy, significa asumir la vida como aventura, apostar por la novedad y compartir su destino. Aventura, porque implica una “voluntad exploratoria, una constante búsqueda, una pericia vital y una acción transformadora” (Armando Rojas Guardia). De la mano de la aventura, va la novedad, porque trae consigo la exigencia de ver la vida en perspectiva, con capacidad de asombro e inspiración aún en las situaciones complejas y crueles que nos acontezcan. Ambas están unidas a la radicalidad de la cruz. La invitación de Jesús no es demagogia, ni una póliza de seguro. Jesús convoca a jugarnos la vida por un mundo más humano, por unas relaciones que encarnen esperanza y fraternidad global y garanticen condiciones no violentas y sostenibles. Optar por Jesús es un proyecto, no un comodín.