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Comentario al Evangelio – 19 de marzo de 2017

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Un surtidor de Agua que salta hasta la vida eterna

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del terreno que Jacob dio a su hijo José. 6 Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, se sentó tranquilamente junto al pozo. Era mediodía. 7 Una mujer de Samaría llegó a sacar agua. Jesús le dice: Dame de beber. 8 Los discípulos habían ido al pueblo a comprar comida. 9 Le responde la samaritana: ¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? Los judíos no se tratan con los samaritanos. 10Jesús le contestó: Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva. 11Le dice la mujer: Señor, no tienes con qué sacar el agua y el pozo es profundo, ¿dónde vas a conseguir agua viva? 12¿Eres, acaso, más poderoso que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebían él, sus hijos y sus rebaños? 13Le contestó Jesús: El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; 14quien beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, porque el agua que le daré se convertirá dentro de él en manantial que brota dando vida eterna. 15Le dice la mujer: Señor, dame de esa agua, para que no tenga sed y no tenga que venir acá a sacarla. 16Le dice: Ve, llama a tu marido y vuelve acá. 17Le contestó la mujer: No tengo marido. Le dice Jesús: Tienes razón al decir que no tienes marido; 18porque has tenido cinco hombres, y el que tienes ahora tampoco es tu marido. En eso has dicho la verdad. 19Le dice la mujer: Señor, veo que eres profeta… 28La mujer dejó el cántaro, se fue al pueblo y dijo a los vecinos: 29Vengan a ver un hombre que me ha contado todo lo que yo hice: ¿no será el Mesías? 30Ellos salieron del pueblo y acudieron a él. 31Entretanto los discípulos le rogaban: Come Maestro. 32Él les dijo: Yo tengo un alimento que ustedes no conocen. 33Los discípulos comentaban: ¿Le habrá traído alguien de comer? 34Jesús les dice: Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y concluir su obra…

El agua es el sustento de la vida y lo constatamos a diario. Al nacer, nuestro organismo se conforma de un 70% de agua y casi la misma proporción cubre la superficie del planeta; sin embargo, de esa agua más del 96% se encuentra en los océanos y apenas la mitad de un punto porcentual está disponible para el uso humano, en la agricultura (70%), la industria (20%) y el consumo humano (10%). Millones de personas no tienen acceso a una fuente de agua segura o no satisfacen su derecho al agua. El acceso al agua potable habla de la calidad de vida de una sociedad.

La Biblia también refleja el abrazo entre el agua y la vida. El día segundo del relato de la creación, Dios ordena las aguas inferiores, como antesala de la vida, y luego, del Edén mismo surge un manantial que se abre en cuatro ríos que derraman sus riquezas. El agua congrega a todas las persona. El agua significó la salvación a los hebreos que huían de la esclavitud egipcia, y la catástrofe para sus perseguidores. La necesidad de agua es tan imperiosa como la de conocer la ley, por eso se compara a ésta con un pozo y un manantial de aguas cristalinas, al que acuden los sabios. Dios mismo es esa fuente y los profetas y el Mesías invitan a deleitarse en su compañía. En fin, el mismo Apocalipsis corona con la descripción de un río que brota del trono mismo de Dios y que abreva en su margen al árbol de la vida, medicina para los paganos. A ese río invitan a todos, el Espíritu y la Iglesia, a acudir a beber gratis; es agua de vida.

El agua se convierte como en sacramento universal del mismo Dios. Ella canta la transpa – rencia de su Hacedor, cuando juguetea bajando la montaña; nos retrata su serenidad azul sobre el lago y su vértigo infinito en la cascada; nos regenera en la quietud de los cenotes; ella viaja en algodones y nos empapa entre sonrisas; como palabra de Dios en campo abierto; nos destila a Dios de a poco, entre la roca y nos lo da en torren – te. Él nos limpia, nos hermosea y nos abraza en la inmensidad del mar. Él es el único que sacia toda sed. El agua es figura del Dios de la vida. El papa Francisco ha hecho un fuerte llamado a respetar el derecho humano al agua, por ser sostén de la vida (Laudato si´, 27-31).

Trabajemos ya para cuidar el agua. Esta Cuaresma adoptemos formas razonables y sus – tentables que garanticen la calidad de vida de cada ser humano, principalmente de los menos favorecidos.

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