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Comentario al Evangelio – 18 de marzo de 2017

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Este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido

…Dijo Jesús: Un hombre tenía dos hijos. 12El menor dijo al padre: Padre, dame la parte de la fortuna que me corresponde. Él les repartió los bienes. 13A los pocos días el hijo menor reunió todo y emigró a un país lejano, donde derrochó su fortuna viviendo una vida desordenada. 14Cuando gastó todo, sobrevino una carestía grave en aquel país, y empezó a pasar necesidad… 20Y se puso en camino a casa de su padre. Estaba aún distante cuando su padre lo divisó y se enterneció. Corriendo, se le echó al cuello y le besó. 21El hijo le dijo: Padre, he pecado contra Dios y te he ofendido, ya no merezco llamarme hijo tuyo. 22Pero el padre dijo a sus sirvientes: Enseguida, traigan el mejor vestido y vístanlo; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. 23Traigan el ternero engordado y mátenlo. Celebremos un banquete. 24Porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido, se había perdido y ha sido encontrado. Y empezaron la fiesta. 25El hijo mayor estaba en el campo. Cuando se acercaba a casa, oyó música y danzas 26y llamó a uno de los sirvientes para informarse de lo que pasaba. 27Le contestó: Es que ha regresado tu hermano y tu padre ha matado el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo. 28Irritado, se negaba a entrar. Su padre salió a rogarle que entrara. 29Pero él le respondió: Mira, tantos años llevo sirviéndote, sin desobedecer una orden tuya, y nunca me has dado un cabrito para comérmelo con mis amigos. 30Pero, cuando ha llegado ese hijo tuyo, que ha gastado tu fortuna con prostitutas, has matado para él el ternero engordado. 31Le contestó: Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo. 32Había que hacer fiesta porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, se había perdido y ha sido encontrado.

Al reflexionar en esta parábola en un grupo, alguien preguntó porqué el hijo mayor no dejó la casa. Hubo variadas respuestas. Alguien consideró que el mayor se quedó por costumbre; o por miedo a lo desconocido; o porque no tenía necesidad, o que era adicto al trabajo, e incluso porque era su obligación cuidar del padre. El punto de la parábola, sin embargo, tiene que ver con “hacer fiesta” y celebrar. El hijo mayor resultó incapaz de festejar con su padre y con su hermano. Celebrar es ejercitar la dimensión lúdica de la vida; tiene que ver con hacer algo extraordinario. Celebrar es una necesidad. Cierto, hemos crecido con la idea de que la fe y la religión son asuntos demasiado serios, y los hemos vaciado de su alegría. Hoy Jesús nos invita a comer, beber y alegrarnos por la vida recuperada, pues esto nos ayuda a recuperar la vida.

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