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Comentario al Evangelio – 17 de mayo 2018

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Jn 17,20-26: Que sean plenamente uno

Julia Salzano (1929) Pascual Bailón (1592) Primera lectura: Hch 22,30; 23,6-11 Tienes que testimoniar en Roma Salmo responsorial: Sal 15,1-2.5.7-11

En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, Jesús oró diciendo: Padre santo, no solo ruego por ellos, sino también por los que han de creer en mí por medio de sus palabras. 21Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti; que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. 22Yo les di la gloria que tú me diste para que sean uno como lo somos nosotros. 23Yo en ellos y tú en mí, para que sean plenamente uno; para que el mundo conozca que tú me enviaste y los amaste como me amaste a mí. 24Padre, quiero que los que me confiaste estén conmigo, donde yo estoy; para que contemplen mi gloria; la que me diste, porque me amaste antes de la creación del mundo. 25Padre justo, el mundo no te ha conocido; yo te he conocido y éstos han conocido que tú me enviaste. 26Les di a conocer tu nombre y se lo daré a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo en ellos.

Comentario

La vida de comunidad ha de ser vivida con profunda responsabilidad. Debemos recibirla como don porque es Dios quien la construye, la fundamenta y la sostiene. Tenemos que abrirnos al regalo de los hermanos. Esta apertura se da en la medida en que cada bautizado se sepa reconocer Hijo y al mismo tiempo hermano. Colocándose en relación con el Padre no queda otra lógica sino entrar en una relación íntima y sagrada con los hermanos. Esto es lo que Jesús pide, la unidad en plenitud, la misma que experimenta con su Padre. Durante estos días pidámosle al Padre de Jesús que nos regale el don del Espíritu para que podamos ser constructores de comunidad. En la medida que cada uno de nosotros nos abramos a la acción del Espíritu, la comunidad se robustecerá y llegará a ser testigo cualificado del Crucificado-Resucitado. El mundo, al ver a la comunidad convocada en el nombre del Señor, sabrá reconocer que es Dios mismo quien sostiene la causa de la Iglesia.