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Comentario al Evangelio – 17 de abril 2018

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Jn 6,30-35: Mi Padre da el verdadero pan

María de la Encarnación (1618) Primera lectura: Hch 7,51-8,1 Señor, recibe mi espíritu Salmo responsorial: Sal 30,3c-4.6-8.17.21

En aquel tiempo la gente preguntó a Jesús: ¿Qué señal haces para que veamos y creamos? ¿En qué trabajas? 31Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo. 32Les respondió Jesús: Les aseguro, no fue Moisés quien les dio pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. 33El pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo. 34Le dijeron: Señor, danos siempre de ese pan. 35Jesús les contestó: Yo soy el pan de la vida: el que viene a mí no pasará hambre, el que cree en mí no pasará nunca sed.

Comentario

Jesús es el verdadero alimento, el verdadero pan. Quien lo coma no volverá a tener hambre. Estar unidos a Jesús es la garantía de la fidelidad a la causa del Padre. Esta fidelidad a Jesús necesita ser alimentada por la voluntad de Dios. Jesús es la expresión concreta de lo que Dios quiere de sus hijos. La experiencia de ser creyente es una realidad que se va formando en la persona de manera paulatina. El ser humano es el resultado de lo que come y de lo que bebe. Si comemos el cuerpo de Cristo y bebemos su sangre, no solamente como mero acto cultual o litúrgico, sino buscando vivir, actuar y hacer lo que Jesús hizo, entonces podremos decir que hemos comenzado un itinerario de adhesión a la voluntad del Padre celestial. Vivamos en nuestra vida de cristianos la experiencia de la cristificación. Abrámonos a la acción del Espíritu para ser saturados del Crucificado-Resucitado y manifestemos al mundo la acción de Dios en nuestras vidas. Este es nuestro compromiso pascual. Manos a la obra.