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Comentario al Evangelio – 16 de mayo 2018

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Jn 17,11b-19: Que sean uno, como nosotros

Juan Nepomuceno, mártir (1393) Primera lectura: Hch 20,28-38 Cuiden del rebaño Salmo responsorial: Sal 67, 29-30. 33-36c

En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, oró Jesús diciendo: Padre Santo, cuida en tu nombre, a los que me diste, para que sean uno como nosotros. 12Mientras estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste; los custodié, y no se perdió ninguno de ellos; excepto el destinado a la perdición, para cumplimiento de la Escritura. 13Ahora voy hacia ti; y les digo esto mientras estoy en el mundo para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto. 14Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió, porque no son del mundo, igual que yo no soy del mundo. 15No pido que los saques del mundo, sino que los libres del Maligno. 16No son del mundo, igual que yo no soy del mundo. 17Conságralos con la verdad: tu palabra es verdad. 18Como tú me enviaste al mundo, yo los envié al mundo. 19Por ellos me consagro, para que queden consagrados con la verdad.

Comentario

La Iglesia está llamada a continuar la misión de Jesús: revelar quién es Dios y quienes son el hombre y la mujer. El hombre y la mujer son las creaturas llamadas a vivir en toda la experiencia relacional que establezcan, ese mismo amor que viven las personas de la Trinidad. La vida de unidad y fraternidad que se vive en la experiencia comunitaria es la que manifiesta al mundo entero la gloria de la que el Hijo habla. La Iglesia está llamada a reflejar la vida del cielo en la tierra. No es tarea fácil, tampoco imposible. El milagro más grande es que Dios se revela a la creación, obra de sus manos, y la diviniza para alabanza Suya y para que llegue la salvación a la humanidad. La vida de comunidad es la única que hace creíble el misterio de la Resurrección. A Jesús Crucificado-Resucitado solo se lo descubre en comunidad.