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Comentario al Evangelio – 16 de abril 2018

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Jn 6,22-29: Trabajen por el alimento que perdura

Benito José Labre (1783) Primera lectura: Hch 6,8-15 Esteban hablaba con sabiduría Salmo responsorial: Sal 118,23-24.26-27.29-30

Después que Jesús hubo alimentado a cinco mil personas, sus discípulos lo vieron caminar sobre el agua. A la mañana siguiente la gente que se había quedado en la otra orilla vio que allí no había más que un bote, siendo así que los discípulos se habían ido solos y Jesús no se había ido con ellos. 23Desde Tiberíades llegaron otras barcas y atracaron cerca del lugar donde el Señor dio gracias y ellos comieron el pan. 24Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron en los botes y se dirigieron a Cafarnaún en busca de Jesús. 25Lo encontraron a la otra orilla del lago y le preguntaron: Maestro, ¿cuándo llegaste aquí? 26Jesús les respondió: Les aseguro que no me buscan por las señales que han visto, sino porque se han hartado de pan. 27Trabajen no por un alimento que perece, sino por un alimento que dura y da vida eterna; el que les dará el Hijo del Hombre. En él Dios Padre ha puesto su sello. 28Le preguntaron: ¿Qué tenemos que hacer para trabajar en las obras de Dios? 29Jesús les contestó: La obra de Dios consiste en que ustedes crean en aquél que él envió.

Comentario

Los cristianos hemos caído permanentemente en la tentación de confundir la necesidad con la fe. Esto es una verdadera traición a la vida cristiana. La fe para un discípulo de Jesús es hacer la voluntad del Padre y de manera procesual hacer el itinerario discipular hasta llegar a tener los mismos sentimientos de Cristo. Muchas veces seguimos a Jesús buscando solucionar asuntos de índole personal, necesidades o problemas cotidianos. Jesús, en el relato evangélico, nos invita a trabajar por el alimento que perdura para la vida eterna, que es hacer la voluntad del Padre. Pero ¿qué significa hacer la voluntad del Padre? De manera contundente hemos de decirlo: hacer la voluntad del Padre es hacer el proceso de cristificación. Permitir que el Crucificado-Resucitado nazca, crezca, se desarrolle en mí y así poder parirlo y ofrecerlo al mundo desde y con mi propia vida. ¿Estamos dispuestos a hacer la voluntad del Padre en nuestra vida? ¿Somos conscientes de lo que significa vivir la hondura del bautismo en nuestra existencia?