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Comentario al Evangelio – 15 de marzo de 2017

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Lo condenarán a muerte

En aquel tiempo, cuando Jesús subía hacia Jerusalén, tomó aparte a los Doce [discípulos] y por el camino les dijo: 18Miren, subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los sumos sacerdotes y letrados que lo condenarán a muerte. 19Lo entregarán a los paganos para que lo maltraten, lo azoten y lo crucifiquen. Al tercer día resucitará. 20Entonces se le acercó la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacer una petición. 21Él le preguntó: ¿Qué deseas? Ella contestó: Manda que, cuando reines, estos dos hijos míos se sienten uno a tu derecha y otro a tu izquierda. 22Jesús le contestó: No saben lo que piden. ¿Son capaces de beber la copa que yo he de beber? Ellos contestan: Podemos. 23Jesús les dijo: Mi copa la beberán, pero sentarse a mi derecha e izquierda no me toca a mí concederlo; esos lugares son para quienes se los ha destinado mi Padre. 24Cuando los otros diez lo oyeron, se enojaron con los dos hermanos. 25Pero Jesús los llamó y les dijo: –Saben que entre los paganos los gobernantes tienen sometidos a sus súbditos y los poderosos imponen su autoridad. 26No será así entre ustedes; más bien, quien entre ustedes quiera llegar a ser grande que se haga servidor de los demás; 27y quien quiera ser el primero, que se haga sirviente de los demás. 28Lo mismo que el Hijo del Hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.

Servir, así, en voz activa, no parece tener cabida en nuestros medios sociales, ni en la jerarquía de valores personales. Paradójicamente, lo contrario resulta con el llamado “servicio público”. Porque servir resulta incómodo y oneroso, se entiende que los puestos de servicio público, por ejemplo, sean sometidos a elección y reciban una compensación acorde, “modesta y decorosa”. La realidad, sin embargo, nos indica que el servicio público resulta ser aduana para beneficio propio, para la familia y el grupo político. Lo cual nada tiene de cristiano, por más que se exhiban crucifijos en campañas y oficinas. El afán de poder queda disimulado frecuentemente con el servicio “abnegado”. Para evitar eso es que Mateo pone este episodio, con otro anuncio del destino que le aguarda a Jesús en Jerusalén. En su comunidad, Jesús prohíbe cuotas de poder, sometimientos e imposiciones, y exige hacerse esclavo y entregar la vida. Bajo tal condición, hagamos de la Iglesia lugar privilegiado del Reino.

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