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Comentario al Evangelio – 14 de marzo de 2017

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No hacen lo que dicen

En aquel tiempo, Jesús, dirigiéndose a la multitud y a sus discípulos, 2 dijo: En la cátedra de Moisés se han sentado los letrados y los fariseos. 3 Ustedes hagan y cumplan lo que ellos digan, pero no los imiten; porque dicen y no hacen. 4 Atan fardos pesados, difíciles de llevar, y se los cargan en la espalda a la gente, mientras ellos se niegan a moverlos con el dedo. 5 Todo lo hacen para exhibirse ante la gente: llevan cintas anchas y flecos llamativos en sus mantos. 6 Les gusta ocupar los primeros puestos en las comidas y los primeros asientos en las sinagogas; 7 que los salude la gente por la calle y los llamen maestros. 8 Ustedes no se hagan llamar maestros, porque uno solo es su maestro, mientras que todos ustedes son hermanos. 9 En la tierra a nadie llamen padre, pues uno solo es su Padre, el del cielo. 10Ni se llamen jefes, porque sólo tienen un jefe que es el Mesías. 11El mayor de ustedes que se haga servidor de los demás. 12Quien se alaba será humillado, quien se humilla será alabado.

Jesús no fustiga la validez de las ense- ñanzas sino la incoherencia de quienes las proponen. Letrados y fariseos las dictan pero no las ejecutan, carecen de la mínima solidaridad, son exhibicionistas y autocomplacientes. Jesús reclama para su comunidad de discípulos un liderazgo y pedagogía diferentes. En la comunidad de los discípulos, el dinamismo de enseñar y aprender compete a todos sus miembros. La Iglesia entera “camina hacia la verdad plena”, según enseñan los Padres Conciliares (ver Dei Verbum 8). Esto significa que más que un cuerpo de preceptos y doctrinas perfectamente delineados, lo que ha de distinguir al pueblo de Dios inmerso en las diversidades culturales de cada continente, es el dinamismo de su caminar bajo la guía del Espíritu de la verdad (Jn 16, 13). Ese dinamismo implica la recepción, experiencia y transmisión de la fe, con la relevancia de sus formas históricas y culturales específicas. En este servicio nadie sobra; toda experiencia es relevante. El reto para nuestra Iglesia es encontrar vías nuevas para que fluya la participación, para que sea más incluyente.

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